El Quitapenas (Mallorca)

Lo que más me sorprendió de la sinuosa carretera que nos llevaba a través de la sierra de Tramontana fue el número de ciclistas que subían animosamente la orografía mallorquina. A través de la ventanilla, de vez en cuando, el paisaje me provocaba un nudo en la garganta y algún que otro suspiro ansioso que ponía de los nervios a la conductora, y que me hacía reflexionar sobre la voluntad y resistencia necesarias para subir todo aquello.

Los paisajes se iban sucediendo, como los kilómetros en el coche de alquiler, y aparecía y desaparecía el mar entre los pinos, como si jugase con nosotros al te veo y no te veo.

Al final de la carretera aparece Sóller, un pueblo encantador, con cierto aire de antiguo esplendor, con construcciones cuidadas y un bonito tranvía antiguo que va desde el pueblo al puerto de Sóller.

El siguiente pueblo que visitamos fue Valldemossa, y la razón de la primera entrada del blog. Sus calles empinadas invitan a pasear por ellas antes de ir a comer, ya que pondrán a prueba tus gemelos y tu resistencia física. Este pequeño pueblo de la comarca de la Tramontana posee una belleza singular, y en él pasan y pasaron temporadas grandes figuras de la cultura y el arte.

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La sobrasada deseada y quesito del bueno

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El Quitapenas

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En el carreró de la Amargura, ahí me quito yo las penas

Después de buscar aparcamiento un buen rato, comenzamos nuestra búsqueda de un lugar donde poder comer, pero nuestro problema llegó cuando quisimos encontrar un sitio donde degustar una buena sobrasada o algún plato mallorquín, y eso en Mallorca es realmente difícil. En casi todos los restaurantes sirven platos combinados, y una infinidad de platos que poco tienen que ver con la cocina de la zona. La afluencia de turistas puede ser una bendición, pero puede llevar a acabar con los platos típicos, dando paso a una multitud de despropósitos culinarios que pasmarán a cualquier visitante con ganas de disfrutar de su comida.

Por suerte, el gran olfato culinario de mi pareja nos llevó a un rincón alejado del núcleo de restaurantes con aroma a steak house y a patatas congeladas, hasta una callecita llamada de la Amargura, con unos escalones que descienden hasta el local.
La calle está repleta de flores y plantas de multitud de colores que adornan profusamente las paredes de los edificios.
El sitio es encantador y pequeñito, El Quitapenas se llama, un nombre muy acorde con la calle en la que está, y con un dueño tan encantador como su local.
Le contamos lo difícil que era encontrar un sitio donde comer un buen embutido mallorquín y con mucho mimo nos preparó un plato donde degustamos la sobrasada, el butifarrón, un tipo de fuet muy sabroso y un queso casero estupendo.
Se nota cuando alguien hace lo que le gusta, y este era el caso.
Un sitio acogedor, con un dueño muy simpático y agradable, que te hace sentir como en casa, rodeado de embutidos que cuelgan, con un aroma que hace que la boca se haga agua, y una decoración sencilla y agradable. Con aire de DIY.
Si pasáis por allí, y sois del buen yantar, no os arrepentiréis.
I love sobrasada.

Precio medio:  Este quitapenas de abajo y dos cervezas, 25 €.

Este fue el plato que nos zampamos

FOTOS : Negativo en Sepia

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