Los cinco sentidos puestos en El Pollo Rockero (Murcia)

FOTOGRAFÍAS: Negativo En Sepia

El Pollo Rockero –>Ctra. Torres de Cotillas, 39, 30832 Javalí Nuevo, Murcia

Precio: en torno a los 25-30 euros por comensal.

Quizá la manera de definir El pollo rockero sea complicada. No es un restaurante al uso, ni un bar de tapas o un lugar donde te sirvan comida de cualquier manera. El Pollo rockero es un lugar de creación, donde la persona responsable del mismo convierte los frescos y humildes productos de la huerta murciana en platos que te rascan los nervios gustativos. El miércoles por la noche fuimos a este sitio, un garaje convertido en una sala de operaciones culinaria, que sorprende desde la misma llegada.

Salieron a recibirnos con un vasito bien fresco de sangría casera, que con el calor que hacía en Javalí Nuevo, bien se agradeció. Tras una pequeña espera en el porche, con el tiempo justo para inspeccionar el aseo, cosa que me encanta (este en concreto era espectacular: toallas de tocador dispuestas en una cajita, libros, para quien necesite inspiración, unos adornitos aquí y allá, maravilloso), y porque lavarse las manos antes de comer fue algo que me inculcaron, y oye, si no lo hago, como que me siento inquieta. Quizá sea un TOC.

Lo que se ve desde fuera
Lo que se ve desde fuera

Bueno, volviendo al lugar en sí, es muy curioso. Al empujar la puerta, cuyo tirador era un inmenso POLLO (palabra, no animal), descubrimos un amplio espacio con un techo altísimo, de donde colgaban lámparas de diversa procedencia. A la derecha había un colgador donde descansaban unos cuantos trajes de cocinero, muy extravagantes, y un sombrero de copa lleno de flores rojas. Al mirar al frente encontrabas un pequeño comedor con unas diez mesas, creo recordar, y al fondo la cocina, abierta, para poder observar el vaivén del autor de los platos a engullir. La música resonaba por todo el local, para inspirar y entretener al personal.

Fue el cocinero quien nos indicó la mesa en la que nos sentaríamos, quien nos puso una caja encima de la mesa y nos dijo que móviles y relojes descansarían allí durante toda la cena, para poder disfrutar del Menú “Cinco sentidos”. Por esta razón, no puedo poner imágenes de los platos, cosa que me fastidia mucho, porque una imagen…

El caso es que nos sirvieron las bebidas y enseguida empezó el desfile de platos,cada uno representaba un sentido, de ahí el nombre, que para una mejor lectura, pondré en forma de listado:

– Mero ahumado con ensalada de pimientos verde y amarillo, con una salsa de cilantro y citronela.

– OLFATO. Ensalada tibia de cebolla, boquerones en vinagre, con tomate (creo que iba asado al horno).

– VISTA. Zarangollo al estilo de El pollo rockero, con las verduras crujientes, con huevo que sabía a huevo, y con kikos, aventuro yo. También llevaba ñoras secas.

– OÍDO. Patatas asadas con aceite de romero y mayonesa de queso.

– GUSTO.Solomillo de chato murciano, con tacos de pera y chips de chirivía.

– TACTO. Costillas de cerdo ibérico adobadas (¡SEÑOR!).

Y después de estos manjares, que devoramos con mucha alegría, llegaron los postres:

– Crema de limón con sorpresa (la sorpresa era migas de bizcocho de chocolate negro).

– Una mousse de chocolate, pero creo que no era mousse, parecía más la trufa con la que se rellenan los pasteles, esa textura.

Para hacer una buena digestión, nos sirvieron un pequeño mojito, muy refrescante.

Yo, la verdad, soy muy sentida, y con estos platos, alguna lagrimilla se me saltó, porque estaban todos tan tan buenos, que no tengo palabras para describirlos.

Este menú no sé si estará para próximas veces, ya que el dueño cambia continuamente los platos, pero sea lo que sea, merecerá la pena. Siento no tener fotos, ya que la presentación estaba muy cuidada, pero eso ayudó a prestar más atención a la cena y a la comensal que tenía enfrente, con quien puedes tener una comunicación más fluida cuando una pantalla no está en medio. Eso sí, en cuanto salí del local, recordé y escribí todo lo que recordaba, como si de los apuntes para el examen de final de curso se tratase.

Sin duda volvería a este sitio con los ojos cerrados. No literalmente, claro.

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Lo que se ve desde dentro
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Sangría bien fría

 

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Las tostadas del Milano (Murcia)

Fotografía: Negativo en Sepia

Café Milano –>Av. Abenarabi, 4, 30008 Murcia

Café con leche y media tostada de la casa: 2,50 €

Para mí el desayuno es la comida más importante del día. Da igual que luego coma cualquier cosa o cene poco, pero el desayuno es sagrado. Por eso me gusta elegir bien el sitio para desayunar, donde hagan las mejores tostadas, el café bueno y que tenga una terraza para tomar el solecito de invierno.

Para que un sitio de desayunos me conquiste debe tener una serie de ingredientes imprescindibles:

• El pan debe ser bueno, nada de panecillos pochos, congelados o del día anterior.

• El café, por descontado, no debe saber a maíz horneado, como saben algunos cafés que he tomado en los bufés de desayuno de ciertos hoteles.

• Lo que acompaña las tostadas, también tiene que tener una calidad mínima: la mantequilla, que sea mantequilla, no grasa vegetal como ponen en algunos sitios; y el tomate rallado, que esté rallado, y no triturado como te lo sirven algunas veces.

• Si se opta por bollería, debe ser casera y no industrial.

El Milano reúne sin problema todas estas condiciones. Es un pequeño café que abre unas cuantas horas al día, ya que se nutre de los desayunos y llega hasta el café de la tarde. Sus dueños, presumo, son italianos, al menos uno de ellos, lo que hace que tenga una carta especial de tostadas, muchas de ellas con embutido de la casa Ferrarini, para lo que prefieren desayuno salado. En la sección dulce de tostadas, las clásicas, y una de nutella, para los más golosos. Sin exagerar tendrán unas veinte clases de tostadas diferentes, y las hacen con un pan redondo, buenísimo.
Mi preferida es la tostada de la casa, con tomate rallado y parmesano por encima, a la que ponen también orégano.

En cuanto al café, increíble. Tiene uno de la marca Blackzi, que la conocí hace relativamente poco, una marca italiana con café está muy rico. La cafetería tiene una variedad inmensa, entre los que destacan cinco clases de capuchino diferentes, un paraíso para los amantes del café italiano. Yo suelo pedir el café con leche para desayunar, ya que lo hacen con espuma de leche y disfruto un montón mezclándola con el resto del café, lo que le da una buena textura a la bebida.

 

Tostada de la casa del Milano. Fotografía: Negativo en Sepia

 Los dueños son encantadores y ayer me sorprendieron al ver que tenían una botella de agua bien fría sobre la barra a disposición de los clientes, con los vasos preparados para echarte un buen vaso de agua, que apetece después de tomar el café, y más con el calor que hace últimamente por estos lares.

Sin duda, un lugar perfecto para desayunar.

Casa-taller Birdie

Foto: Negativo en Sepia

Casa Taller Birdie –> dirección: Cualquier Lugar Con Encanto (Región de Murcia) 

Menú hecho con mucha arte por la maga de Casa-Taller Birdie, más una bebida: 16€

Talleres de pan de masa madre, catering con encanto, cenas clandestinas…Casa-taller Birdie es una caja de sorpresas. Quien está detrás de todo este conjunto de actividades es una persona que hace magia con los productos de la mejor calidad: aceites de oliva con un sabor intenso a aceituna, verduras frescas, masas hechas con mucho amor, quesos caseros y un arte infinito.

Lo de cena clandestina es un concepto que me pareció muy curioso y original la primera vez que oí hablar de ello. La persona responsable de este proyecto suele buscar lugares con mucho encanto, que a veces poco tienen que ver con la hostelería, y traslada un trocito de su arte culinario al resto. Una asociación, un taller de costura, casas de huerta y alguna que otra cafetería suelen ser el escenario de sus meriendas o cenas clandestinas. Las cenas suelen constar siempre de un entrante, un principal y un postre, sumándole una bebida. Los menús son de inspiración vegetariana, aunque ningún carnívoro echará de menos la carne o el pescado, asegurado queda. El menú es cerrado y la creadora explica de qué platos constará en su blog y en su página de Facebook, por lo que de esta manera puedes saber si te gustarán o no, aunque yo confío plenamente en su criterio. La reserva y el pago se realiza con antelación, son cenas a las que asisten pocas personas, por lo que hay que darse prisa si uno quiere probar esos manjares.
El servicio se completa con una vajilla cuidadosamente elegida, antigua, que le confiere a la comida parte de su encanto.

Han sido varias cenas a las que he asistido y siempre estoy pendiente de nuevas fechas, porque los platillos que prepara bien lo merecen.
La última a la que fui se hizo en una cafetería con nombre de cuento, El Soldadito de Plomo, cuya dueña es encantadora y tienen una cuidada carta de cafés y tés, que se pueden acompañar de pasteles caseros.
El menú constaba de un entrante, paté de berenjenas con yogur griego y tahini. Después frittata de calabacín, tomate y queso de cabra acompañada de una ensalada de rabanitos, zanahoria, manzana con aliño de miso. Y por último, una tarta de miel con la que las lágrimas rodaban por mis mejillas de lo rica que estaba. La verdad es que siempre me suele ocurrir con las cenas de Birdie,disfruto como una enana, y, para recordarlas, me gusta mirar las fotos de su página web como si fuera una psicópata.
Las otras cenas a las que fui, recuerdo que me gustaron mucho los platos que nos presentó, pero no recuerdo los nombres de todos ellos. Algunos sí, como por ejemplo, la tarta tatin de queso de cabra y verduras varias, que sabía a gloria; la tarta de chocolate fundente, mmm; una sopa de calabaza, riquísima; entre otros.

Si tenéis alguna vez ocasión de poder asistir a alguna de sus cenas, no dudéis ni un instante y haced la reserva.

Ombú (Mallorca)

Fotos: Negativo en Sepia

Ombú –Passeig del Born, 5-7, 07012 Palma, Illes Balears

Teléfono: 971 21 43 87

Precio medio: 20 € /persona

Ombú es el nombre del sitio que elegimos para comer en Palma de Mallorca. Utilizamos un buscador conocido para ahorrarnos decepciones y algún que otro enfado. He de decir que este buscador, con sus opiniones, a veces acaloradas, puede reducir el abanico de posibilidades que se abre ante el viajero perdido en la inmensidad de nombres y menús que encuentra a su paso. También he de decir que quizá se pierde un poco el encanto, ya que la sorpresa o expectación que se puede generar se reduce a una serie de opiniones de viajeros que te guían a uno y otro lugar.

Y volviendo al lugar en cuestión, Ombú, fue una sorpresa generada a partir de la búsqueda infructuosa de lugares donde tomar comida autóctona. Hartas de tanta salchichen currywurst y plato combinado con patatas ultracongeladas, íbamos buscando por las calles de Palma cierto establecimiento donde daban tapas típicas mallorquinas, como el frit mallorquí o el pa amb olí, con tan mala suerte que al llegar comprobamos que ese día cerraba por descanso.

Nos quedamos paseando por la Plaza de la Reina, y reparamos, con interés, en un bar diferente a lo que había a su alrededor. Su carta, expuesta en la puerta, nos llamó la atención, porque, si en algo ha contribuido Masterchef es a conocer multitud de productos culinarios, antes extraños para mí. Además de nombres imposibles de platos.

El caso es que los camareros, muy simpáticos, nos invitaron a sentarnos en la terracica que tenía el local, muy mona. Y aquí he de remarcar la simpatía de las gentes de Mallorca invita a volver a la isla.

El Ombú toma el nombre de un árbol centenario que se sitúa en la misma plaza donde está el bar, aunque los mallorquines le llaman bellahombra, por la sombra que ofrece al caminante. La carta tenía un buen número de platos, todos con muy buena pinta, y optamos por unas patatas con espuma de sobrasada (no me iba a quedar yo sin comerla, aunque fuese de nouvelle cuisine), cuya salsa estaba estupenda; unas croquetas de pollo, en las que parecía que habían entremezclado la esencia misma de un cocido de nuestras madres; y un steak tartar que nunca me había atrevido a comer, por lo de la carne macerada, pero que mereció la pena, ya que el foie, la trufa y la mayonesa de jerez le daban un sabor muy rico. Para terminar, el postre. Este momento es un momento crítico, ya que los postres, en muchos bares, no suelen ser caseros, y si lo son, suelen ser de estos prefabricados, como los llamo yo, como las tartas de queso de polvos o el brownie que te lo intentan colar como casero. Pero estos postres, ciertamente, eran caseros y sabían a gloria divina. Pedimos un tiramisú, arriesgado en sí mismo, ya que en pocos sitios lo he probado bueno, y el huevo de chocolate, llamado huevo de oro, una suerte de huevo kinder casero, que se rompía con la cuchara, y en su interior contenía una mousse de chocolate riquísima.

La verdad es que si volviese a Palma, volvería a este resto-bar.
Al Ombú, para que me ofreciese sombra y unas tapas sorprendentes.

Cerveza y mapa

  

Steak tartar con foie, trufa y mayonesa de Jerez y patatas con espuma de sobrasada
Croqueta de pollo y pistacho

  

Huevo de oro
Tiramisú con chocolate blanco