Ternasco de mis amores (Zaragoza)

El Tubo de Zaragoza es un viaje rápido por las tapas y raciones que puede ofrecer la gastronomía española en general y la aragonesa en particular. A ambos lados de las calles que conforman la zona se intercalan graffitis, terrazas, bares y hasta un cabaret ibérico. La cocina tradicional se mezcla con platos llegados de diferentes lugares del mundo. Por eso te puedes encontrar un tataki de atún, con una madeja de ternasco a la brasa o un cebiche (o un sushi de ternasco), todo en una misma carta. Eso lo puedes engullir en el sitio que cenamos la última noche de nuestro viaje: La ternasca. Con unas mesitas fuera forradas de césped artificial y decoradas con ovejas, la cena se antoja de maravilla.

image

Oveja, caña y césped

En el interior, la gente se mueve de un lado a otro buscando las tapas expuestas como si de un museo se tratase, y un bullicio constante alegra el ambiente. Lo típico de allí, el ternasco de Aragón, con denominación de origen, que genera tantos platos como se pueda imaginar, típicos o de fusión, y si no échenle un vistazo a la carta, que se van a quedar ojipláticos y con la boca hecha agua.
A partir de aquí, absténganse vegetarianos y veganos. Comenzamos jugando con unos churrasquitos de ternasco, una croqueta de jamón gigantesca y unos chorizos sobre un pan tostado de esos que amenazan tormenta, pero que merecen la pena. La partida no se puede jugar sin unas cañas bien fresquitas, las que te recorren el gaznate y mientras le vas dando gracias al inventor del serpentín.

image

Churrasquitos de ternasco

image

Croquetón de jamón

image

Choricicos que barruntan tormenta

Una vez damos cuenta de estos manjares, apostamos un poco más y nos decantamos por unos morros y una madeja de ternasco a la brasa. Esto último lo había visto muchas veces en el híper, pero, aunque soy una enamorada de las cosas rarunas, nunca me había atrevido a comprarlo. Los morros, están muy buenos, diferentes a los que había probado en la calle Laurel de Logroño y a los que probaría en Teruel. Y la madeja, está buena, pero quizá nuestra cota de grasa ese día ya está copada, y no lo disfrutamos igual que si lo hubiésemos comido al principio. No es nada caro, y relación calidad-precio, estupenda: cuatro bebidas, tres chorizos, un croquetón y los churrasquitos, 18 euros más o menos.

image

Morricos

image

Madeja con pan-tomate

También quiero hacer una mención especial a los champiñones que comemos en El champi, un bar archiconocido en Zaragoza, donde sirven únicamente champiñones al ajillo con una gambita en la cúspide de esa montaña de hongos. La cerveza, artesanal, y muy fría, la sirven en unos botes de diferente procedencia, que junto a la tapa, ponen el toque original al sitio. El sitio no es caro, ya que tapa y cerveza no debe llegar a los 5 euros, pero no lo recuerdo muy bien.

Champis

La cerveza en su tarrito y servilletero en El Champi

El viaje culinario por estas calles se completa con un viaje artístico a través de los graffitis que puedes encontrar a lo largo del Tubo, testigos mudos del ir y venir incesante de gente que se arremolina en las puertas y terrazas de los bares “tuberos”.

Graffiti en El Tubo

Graffiti en El Tubo

FOTOGRAFÍAS: Negativo En Sepia

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s