País Vasco I: Murguía

¿Cómo puede cambiar tanto el paisaje con solo pasar un túnel?, me comentaba un amigo que pasó por el País Vasco unos días más tarde que nosotros. Los dos estuvimos hablando acerca de cómo era posible que, de repente, una vez pone “Ongi etorri”, el cielo se vuelve plomizo, la niebla acecha y la llovizna empieza a mojar el parabrisas. Y tal y como lo cuento, sucedió yendo por la autovía de Logroño a Vitoria. Fue salir del túnel y unos metros más allá un cartel nos daba la bienvenida al País Vasco y, de repente, las montañas crecieron a los lados, con la niebla coronando las cumbres como si fuese un peinado afro, y la llovizna repiqueteaba en el cristal.  Y mientras, al otro lado, el sol brillaba en la Rioja Alavesa.

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Mitología vasca sobre pared en casa de Murguía

Murguía es un pequeño pueblo de la provincia de Álava que forma parte del Valle de Zuia, del que es capital. Este pueblecito a pocos kilómetros de Vitoria se convierte en un destino perfecto para aquellos que buscan tranquilidad y fácil acceso a la ciudad. Merece la pena pasear por las calles paralelas a la principal, Domingo de Sautu Kalea, y ver lo cuidado que está, con sus parques verdes (a los del sur nos fascina) y sus casas centenarias de piedra. Y si una se siente aventurera, se puede perder por los senderos señalizados del Parque Natural del Gorbea, que brinda unas vistas de postal suiza, y pasar por alguno de sus innumerables pueblecitos, en busca de productos típicos como el queso Idiazábal o la miel (en Murguía hay un museo). Merece la pena llegar hasta Markina, pero antes nos detendremos en Sarría, en casa de un señor muy simpático, donde se puede comprar queso artesano.

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De camino a Markina

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Donde compramos el Idiazábal artesano. Sarría.

En Murguía nos hospedamos para visitar Vitoria, en el hotel Nagusi. Cuando en un hotel se cuidan tanto los detalles, te da la sensación de que les gusta trabajar para el cliente, para que se sienta bien. El Nagusi es un hotelito monísimo  cuyo desayuno me encantó. Como ya dije en el post sobre las tostadas, es la comida más importante del día, y allí ponen mucho interés en que así sea. Bajar después de haber dormido estupendamente y ser recibido por el olor mañanero del café y las tostadas, hace que te sientas realmente bien y te dan ganas de recorrerte el parque nacional corriendo. El desayuno de los campeones constaba de:

  • Un zumo de naranja natural (rarísimo en un desayuno de hotel). Nos ofrecieron repetir zumo en varias ocasiones.
  • Un café con leche muy bien hecho, de esos que dan ganas de tomárselo como el tazón de leche de Heidi.
  • Unas tostadas crujientes que podías acompañar de embutidos variados o untar con mantequilla de la buena.
  • Y unos cruasanes buenísimos, crujientes por fuera y esponjosos por dentro, con esa molla ondulada que se crea en el centro del cruasán y que hace las delicias de los golosos como yo.

¿Qué más se puede pedir? Repetir desayuno, pero esta vez en la terraza, dándote el sol y disfrutando de las vistas. La relación calidad precio es buena: cogimos habitación doble con el desayuno incluido.

Después de desayunar, le preguntamos a la persona que estaba en recepción si conocía algún recorrido rápido por el Gorbea, y  muy atento y agradable, nos indicó los lugares clave de este parque natural, tanto a nivel senderista como gastronómico. Merece la pena llegar hasta el inicio del parque, porque, aunque seas más urbanita que amante del trekking y los bichos te causen un terror infinito, los árboles que vas dejando a ambos lados de la carretera, la espesura del bosque vasco y la quietud, te cautivan.

Rulos del Gorbea

Rulos del Gorbea

Quietud en el bosque

Quietud en el bosque

Del desayuno no tengo fotos (dejo el enlace de las fotos de la web del hotel), ya que somnolienta, bajé a tomarme el café  y hasta que no me tomo el café, soy cuán sombra errante. Tengo algunas fotos de los alrededores, cortesía, como siempre, de Negativo En Sepia.

Me quedaron ganas de hacer una ruta por los doce pueblos que conforman el Valle, y disfrutar de su gente amable y de los productos de la tierra, así que me lo apunto para próximos viajes.

Nota: Disculpen alguna falta de ortografía al escribir los nombres en euskera.

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