Mano a mano (Murcia)

El otro día estuvimos en un sitio que tenía muchas ganas de ir, de los que miras desde el coche y te dices “La próxima voy” y luego siempre se olvida, o no caes o lo que sea. Al principio cuando pasaba no tenía casi gente, pero el “boca a boca” hace mucho, y las redes sociales, y ahora siempre está de “bote en bote”, por lo que es mejor ir un día de semana y al mediodía.Es un lugar de comida rápida, pero todo lo hacen con amor y con ingredientes cuidados al máximo, porque el queso sabe a queso, y el tomate está bueno, la masa…Y si todavía no lo habéis adivinado tenéis una pista más: es pizzería y empanadillería a la vez. Si ya a estas alturas nada de nada, os digo el nombre y no sigo mareando la perdiz: “Mano a mano“, en Centrofama.

Como ellos mismos se describen, es un sitio de comida rápida, pero con ingredientes 100% naturales, hecho con mimo y alegría, y aunando lo mejor de dos países, el del lado de acá y el del lado de allá: Italia y Argentina. Tienen unas pizzas riquísimas, y a los que les guste la masa finita, esta es su pizzería, y a los que les guste que el queso de las pizzas sea buena, pues lo mismo.

También tienen unas empanadas criollas rebuenas, picantes para los más valientes o suaves, nuestra elección, y empanadas con rellenos varios, como la que nos pedimos, de roquefort y nueces.

La pizza era la pequeña (que de pequeña solo tiene el adjetivo, porque comimos perfectamente dos personas), porque también las hay familiares, con pimiento, sala mí y jamón york y una mozzarella buenísima, de las que al separar los trozos se crean puentes de queso. No recuerdo ahora mismo cómo se llamaba, pero estaba buenísima. Para completar nuestro menú, nos pedimos un pan de ajo con mozzarella, y olía (y sabía) para morirse de gusto. imagePara regar la pitanza, nos pedimos una Quilmes y un quintico de Estrella de Levante, que nos refrescaron el gaznate de buena manera.

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Salimos con muy buen sabor de boca, y exultantes, por lo rica que estaba la comida y el personal tan agradable que tienen. Volveremos, y sí, es una amenaza.

MANO A MANO: C/ Gutiérrez Mellado, 9 30008  Murcia   Precio: muy bueno, 10€ por persona

FOTOS: Negativo en Sepia

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Casa-taller Birdie en Villa Esperanza (Cartagena)

Villa-ESPERANZASi el señor Sandalio, antiguo dueño de la casa Villa Esperanza, viese cómo habían reconvertido la casa que fuera su hogar  en una cafetería encantadora, no podría menos que sentirse contento, aunque fuese desde el punto de vista de empresario.

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La que fue construida como sorpresa para su esposa Matilde, allá por el 1900, ahora alberga este curioso lugar, oasis  en mitad de la ciudad, con un jardín cuidado, y un interior fabuloso. VILLA-ESPERANZATiene una decoración variopinta donde las haya, en la que se utilizan los libros tanto como elemento decorativo como para su lectura, objetos y muebles antiguos, muestras de arte floral y frutal, que se va distribuyendo a lo largo de las cuatro estancias que tiene la planta baja. Y desde un lugar privilegiado observan el ir y venir de los camareros los retratos de don Sandalio y doña Matilde.

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A punto estuvo de ser demolida la casa debido al estado ruinoso en  que se encontraba, pero, por suerte, la compraron e iniciaron una larga restauración (e imagino que costosa) que dio sus frutos años más tarde. VILLA-ESPERANZAHoy día podemos acercarnos a tomar cócteles variados, sorbetes y batidos caseros con fruta de temporada, diferentes tipos de café acompañados de bizcocho, y disfrutar de su nata montada casera (¡tienen máquina montadora!).

Pues en esta magnífica casona transcurrió la cena de Casa-taller Birdie, a la luz de los quinqués y con la vajilla de motivos florales que bien acorde iba con la casa.

Como dije en un post anterior, el menú constaba de tres platos: entrante, principal y postre; y con una bebida, a elegir entre vino, tercio o refresco.

*El entrante a compartir, dos tipos de queso, uno al pimentón y otro al romero, acompañados de unas alcachofas en aceite, estaba dispuesto sobre un tronco de árbol.

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*De principal había un baggel relleno de níscalos, con cebolla caramelizada, rúcula y salsa de miel y mostaza, y para refrescar, una ensalada de naranja y granada.

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*De postre, una maravillosa tarta de queso con salsa de caramelo por encima, cuyo sabor a toffee parecía salido de la fábrica de Willy Wonka, y que nos encantó a más no poder, ya fuera por su textura, por ese saborcillo a queso o por la masa que hacía de base. Lo dicho, una maravilla.

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Y entre unas cosas y otras pasó la cena, entre suspiros de lo bueno que estaba todo y conversaciones sobre el gimnasio (algo que nunca se debería hacer mientras una se va a cenar por ahí), y como todo lo bueno se acaba, pues hasta la próxima. Es un placer acudir a la cenas que da Casa-taller Birdie, porque siempre sorprende con algo nuevo, y tiene unas manos que bien valen un potosí.

FOTOS: Negativo en Sepia

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BOCADO RÁPIDO: El Callejón (Cartagena)

El domingo tuvimos la suerte de celebrar nuestra tradicional comida navideña en un restaurante que hacía tiempo quería ir, El Callejón. Está en la calle de la Palma, calle en la que nació Carmen Conde, escritora prolífica y  donde está El Teatrico y sus amores a la luz de una farola. Se divide en dos partes, una que es el restaurante propiamente dicho y creando la calle han habilitado un antiguo solar, donde estaba la casa de Carmen Conde, y que ahora aumenta el tamaño del restaurante con la carpa anexa que han montado en él.

Teníamos reserva para las dos y media, y allí estábamos con nuestros estómagos y paladares preparados para una nueva incursión culinaria. Íbamos con la lección aprendida de los días anteriores, habíamos practicado toda la semana el levantamiento de tenedor, y estábamos expectantes con lo que nos esperaba en la próxima hora.

Pedimos vino, pedimos cerveza, y pedimos muchas cosas buenas, como queso Camembert con mermelada de pétalos de rosa, sardinas marinadas con cebolla caramelizada, ensalada con pasas, bacon y aguacate, de entrantes. De plato fuerte: tartar de atún, salmón con wasabi, pluma ibérica acompañado de patatas fritas, moussaka y solomillo de buey. Y para cerrar nuestra comida, de postre brownie, sorbete de mandarina y milhojas de crema, y unos cafés asiáticos, para terminar de asentar el festín.

Negativo en Sepia no hizo ninguna foto, no quiso restarle protagonismo al momento, pero como seguro que repetiremos en otro momento, iremos con la cámara preparada.

EL CALLEJÓN : C/ de la Palma, 3. 30201 Cartagena (Murcia)

Tarde de compras y Socolá (Murcia)

Esta tarde, después de dejarnos todos nuestros ahorros del mes en el Mercadito de cositas que han puesto en Ficciones, ha tocado ir de merendola y ni más ni menos que a un sitio que tenía muchas ganas: Socolá. Es una pastelería-cafetería donde antaño estuvo Pequeña Miss Cupcake (suspiro), y que cada vez que he pasado siempre me he quedado mirando a través del cristal y con ganas de entrar a tomarme unas de las tartas que tienen expuestas con tan buenísima pinta.

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El local se les ha quedado muy chulo, con las paredes pintadas por Casa Chiribiri, súper bonicas, y en tonos chocolate, le han cambiado el mobiliario y lo han puesto más rústico, que le da un aire confortable, como de estar en casa.

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Hoy, al comentar que estaba allí, me han recomendado probar la tarta Guiness, pero no tenían, así que nos hemos pedido el último trozo de Red Velvet y uno de tarta de zanahoria, y, para acompañar, un café latte de avellana, cortado y bombón.

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Cuando yo ya estaba salivando pensando en la Red Velvet, a pesar de no ser para mí, ha llegado la chica a decirnos que el trozo le correspondía a una mesa que iba por delante de nosotras, así que hemos elegido tarta de queso al estilo neoyorquino. La verdad es que el cambio no ha estado nada mal, porque la tarta estaba de rechupete, con la mermelada bien batida, sin grumos, y la de zanahoria también, jugosa, con sus correspondientes canela y nueces, y con pasas.

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Los cafés estaban también ricos, sobre todo el de avellana, y además eran de Salzillo ecológico, así que el doble de buenos.


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Pues hemos merendado la mar de bien, en buena compañía, y después de arreglar el mundo un poco y dejarnos el resto de nuestros ahorros, hemos recogido los bártulos y nos hemos ido a seguir recorriendo las calles de Murcia, que por cierto, estaban a rebosar.

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Una vez catadas estas dos tartas,ya tengo la excusa perfecta para volver otro día a zamparme la Red o la Guiness y esta vez pedirme ese café con avellanas, uno de los que hay dentro de la inmensa carta de tés y cafés que tienen. Mientras tanto, contaré los días para mi vuelta.

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SOCOLÁ:    C/ Mariano Vergara, 5    30003 Murcia

FOTOS: Negativo en Sepia

Bocado Rápido: Cena Birdie en VILLA ESPERANZA

Mañana será otra fecha que recordar. Toca cena clandestina de Birdie y las imágenes de los platillos que nos va a preparar empiezan a bailar en mi cabeza como una loca sinfonía de sabores y texturas. Todavía me acuerdo de aquella tarta tatin de mis amores, la de la cena del Ficciones, por la que aún suspiro.

Y nos trae Birdie un menú de escándalo: un entrante de queso de cabra curado al pimentón o al romero, acompañado de alcachofa en aceite y especias; baggels caseros rellenos de níscalos, salsa romesco, cebolla caramelizada y rúcula, acompañado de ensalada de naranja, menta y aliño de mostaza; y de postre, tarta de queso con salsa de caramelo.

Todo rodeado de un entorno preciosérrimo: la cafetería Villa Esperanza, la antigua casa restaurada de Sandalio Alcantud Oliver, empresario y benefactor de origen manchego. Situada en Barrio Peral, tiene un encanto infinito y unos jardines que merece la pena visitar. ¿Qué más puedo pedir? Ir en buena compañía.

Villa Esperanza   C/Floridablanca, 22    30300 Cartagena

FOTO: NEGATIVO EN SEPIA

Quesería Tope (Murcia)

Algunas veces he pensado que en otra vida fui ratón, porque el queso me chifla. Me acuerdo cuando era pequeña que mis padres me llevaban a una quesería que había en el Cénit y comprábamos un montón de quesos. El que más me gustaba era uno ahumado, con trozos de jamón, que cada vez que lo cato, me lleva de un empujón a aquellos momentos.

Pero ya la cerraron, y a mí me dio mucha pena, porque me recordaba a aquellos sábados de compras, en los que luego iba al mercado de abastos a observar a todos los pescados con la boca abierta y los ojos vidriosos, los cangrejos que movían las tenazas, mezclados entre la morralla y las gambas relucientes.

Pero volviendo al tema de que yo era un ratón, efectivamente, adoro el queso en todas sus formas y texturas. Y eso ha hecho que me lance a una búsqueda incansable de queserías a lo largo y ancho de este mundo. Porque lo que es quesería, hay pocas. Hay charcuterías con más o menos quesos en su sección, pero una que afine tanto, solo recuerdo la del Cénit. Y en el mercado de Verónicas también hay puesto.

En esta indagación incansable de queserías, encontré, hace muchos años, paseando por la zona en la que vivía en mi época de estudiante, una, pero no de venta de quesos, sino restaurante. Recuerdo que por entonces tenía un toldo que me hacía mucha gracia. Fuimos a cenar y nos gustó bastante, pero por entonces no había proyecto de blog ni nada, así que me limité a degustar los quesos que me pusieron delante, y a comentar lo buenos que estaban, pero sin más historias.IMG-20151208-WA0005

Nueve años después volví, esta vez con cinco personas hambrientas y con el miedo de no caber. Pero no hubo problema, porque el caballero que nos atendió nos dispuso una mesa muy atentamente. Recordaba el sitio bonito, y no me defraudó. Seguía igual de acogedor y pequeñito, lleno de objetos, por doquier, con su propia historia cada uno: una rama de buganvilia frondosa, fotos del dueño (me imagino), recuerdos, espejos antiguos, un aparador precioso… y la decoración navideña, fenomenal. Adoro los locales con horror vacui y buen gusto, con cierto aire a cafetería parisina y una música agradable de fondo.

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Para esperar nos pusieron unas olivas partidas y unas cañas refrescantes, y así poder elegir de la carta, que se divide en varias partes. Por una parte una gran variedad de productos que van entre “pan y pan”: perritos calientes de diferentes clases, bocadillos hechos de pan de perrito, cruasanes rellenos y emparedados hechos con mantequilla a la plancha; y por otra, las ensaladas y la tabla de patés y quesos.

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Pedimos una tabla de quesos para tres y cada uno un plato más: un cruasán Finas Hierbas, un emparedado Memé, dos Noruegos, uno mixto y un Croque Monsieur. Mientras preparaban la tabla de quesos, mirábamos la vitrina y veíamos un ir y venir de manos que cogían y dejaban quesos, y observábamos (admirábamos) el resto del local.

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La tabla he de decir que estaba dispuesta de una manera cuidada, con todos los quesos y patés amontonados esmeradamente, todo calculado al milímetro, y bajo esta capa de quesos, una loncha de jamón cocido para que no quede la tabla desnuda. IMG-20151208-WA0012

Los quesos estaban muy buenos, de diferentes variedades, desde los cremosos como el Brie hasta otros más curados o de los fuertes. La última vez que fuimos (hace nueve años) el surtido era diferente, con más quesos untables, del tipo a la pimienta o con pimentón. Personalmente esta vez me gustaron más, pero esto es muy subjetivo.

IMG-20151208-WA0008Los patés eran de campaña y foie, muy sabrosos. Todo muy bien acompañado de una cesta con diferentes tipos de pan: unas tostas con sésamo, bretzel, tostadas, galletitas saladas…Estas cosas me vuelven loca de contenta.IMG-20151208-WA0017 IMG-20151208-WA0010

Después de dar cuenta de todos los quesitos ricos, llegó el turno de los demás platillos. Sé de buena tinta que los demás estaban muy buenos, pero el mío, el mixto, hizo que mis ojos se llenasen de lágrimas y mirase a través de la ventana recordando los sándwiches que me comía en el Chamonix con una fanta de naranja cuando iba a visitar a mi madre. O los que me hacía mi padre, que sabían a mantequilla caliente, y el queso derretido se pegaba al pan, y se quedaban chafaditos de darle con la pala de la plancha. Eran esos o los de ventanita. La magdalena de Proust hecha emparedado. Mientras navegaba entre mis recuerdos gustativos me lo fui comiendo con mucha parsimonia, para que no se gastase, con miedo a no volver a recordar ese sabor a plancha y a mantequilla de cuando era una cría.

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Esta vez me prometo tardar menos en volver, porque el sitio merece realmente la pena, la persona que nos atendió fue increíblemente amable y, además, no está nada mal de precio, con todo lo que pedimos, salimos muy bien y bien llenos, en torno a los 15 euros por persona, repitiendo varias veces bebida.

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QUESERÍA TOPE

Avda. Infante Juan Manuel, Residencial 5 Estrellas

30011 Murcia

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FOTOS: Negativo en Sepia