Quesería Tope (Murcia)

Algunas veces he pensado que en otra vida fui ratón, porque el queso me chifla. Me acuerdo cuando era pequeña que mis padres me llevaban a una quesería que había en el Cénit y comprábamos un montón de quesos. El que más me gustaba era uno ahumado, con trozos de jamón, que cada vez que lo cato, me lleva de un empujón a aquellos momentos.

Pero ya la cerraron, y a mí me dio mucha pena, porque me recordaba a aquellos sábados de compras, en los que luego iba al mercado de abastos a observar a todos los pescados con la boca abierta y los ojos vidriosos, los cangrejos que movían las tenazas, mezclados entre la morralla y las gambas relucientes.

Pero volviendo al tema de que yo era un ratón, efectivamente, adoro el queso en todas sus formas y texturas. Y eso ha hecho que me lance a una búsqueda incansable de queserías a lo largo y ancho de este mundo. Porque lo que es quesería, hay pocas. Hay charcuterías con más o menos quesos en su sección, pero una que afine tanto, solo recuerdo la del Cénit. Y en el mercado de Verónicas también hay puesto.

En esta indagación incansable de queserías, encontré, hace muchos años, paseando por la zona en la que vivía en mi época de estudiante, una, pero no de venta de quesos, sino restaurante. Recuerdo que por entonces tenía un toldo que me hacía mucha gracia. Fuimos a cenar y nos gustó bastante, pero por entonces no había proyecto de blog ni nada, así que me limité a degustar los quesos que me pusieron delante, y a comentar lo buenos que estaban, pero sin más historias.IMG-20151208-WA0005

Nueve años después volví, esta vez con cinco personas hambrientas y con el miedo de no caber. Pero no hubo problema, porque el caballero que nos atendió nos dispuso una mesa muy atentamente. Recordaba el sitio bonito, y no me defraudó. Seguía igual de acogedor y pequeñito, lleno de objetos, por doquier, con su propia historia cada uno: una rama de buganvilia frondosa, fotos del dueño (me imagino), recuerdos, espejos antiguos, un aparador precioso… y la decoración navideña, fenomenal. Adoro los locales con horror vacui y buen gusto, con cierto aire a cafetería parisina y una música agradable de fondo.

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Para esperar nos pusieron unas olivas partidas y unas cañas refrescantes, y así poder elegir de la carta, que se divide en varias partes. Por una parte una gran variedad de productos que van entre “pan y pan”: perritos calientes de diferentes clases, bocadillos hechos de pan de perrito, cruasanes rellenos y emparedados hechos con mantequilla a la plancha; y por otra, las ensaladas y la tabla de patés y quesos.

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Pedimos una tabla de quesos para tres y cada uno un plato más: un cruasán Finas Hierbas, un emparedado Memé, dos Noruegos, uno mixto y un Croque Monsieur. Mientras preparaban la tabla de quesos, mirábamos la vitrina y veíamos un ir y venir de manos que cogían y dejaban quesos, y observábamos (admirábamos) el resto del local.

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La tabla he de decir que estaba dispuesta de una manera cuidada, con todos los quesos y patés amontonados esmeradamente, todo calculado al milímetro, y bajo esta capa de quesos, una loncha de jamón cocido para que no quede la tabla desnuda. IMG-20151208-WA0012

Los quesos estaban muy buenos, de diferentes variedades, desde los cremosos como el Brie hasta otros más curados o de los fuertes. La última vez que fuimos (hace nueve años) el surtido era diferente, con más quesos untables, del tipo a la pimienta o con pimentón. Personalmente esta vez me gustaron más, pero esto es muy subjetivo.

IMG-20151208-WA0008Los patés eran de campaña y foie, muy sabrosos. Todo muy bien acompañado de una cesta con diferentes tipos de pan: unas tostas con sésamo, bretzel, tostadas, galletitas saladas…Estas cosas me vuelven loca de contenta.IMG-20151208-WA0017 IMG-20151208-WA0010

Después de dar cuenta de todos los quesitos ricos, llegó el turno de los demás platillos. Sé de buena tinta que los demás estaban muy buenos, pero el mío, el mixto, hizo que mis ojos se llenasen de lágrimas y mirase a través de la ventana recordando los sándwiches que me comía en el Chamonix con una fanta de naranja cuando iba a visitar a mi madre. O los que me hacía mi padre, que sabían a mantequilla caliente, y el queso derretido se pegaba al pan, y se quedaban chafaditos de darle con la pala de la plancha. Eran esos o los de ventanita. La magdalena de Proust hecha emparedado. Mientras navegaba entre mis recuerdos gustativos me lo fui comiendo con mucha parsimonia, para que no se gastase, con miedo a no volver a recordar ese sabor a plancha y a mantequilla de cuando era una cría.

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Esta vez me prometo tardar menos en volver, porque el sitio merece realmente la pena, la persona que nos atendió fue increíblemente amable y, además, no está nada mal de precio, con todo lo que pedimos, salimos muy bien y bien llenos, en torno a los 15 euros por persona, repitiendo varias veces bebida.

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QUESERÍA TOPE

Avda. Infante Juan Manuel, Residencial 5 Estrellas

30011 Murcia

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FOTOS: Negativo en Sepia

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