Casa-taller Birdie en Villa Esperanza (Cartagena)

Villa-ESPERANZASi el señor Sandalio, antiguo dueño de la casa Villa Esperanza, viese cómo habían reconvertido la casa que fuera su hogar  en una cafetería encantadora, no podría menos que sentirse contento, aunque fuese desde el punto de vista de empresario.

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La que fue construida como sorpresa para su esposa Matilde, allá por el 1900, ahora alberga este curioso lugar, oasis  en mitad de la ciudad, con un jardín cuidado, y un interior fabuloso. VILLA-ESPERANZATiene una decoración variopinta donde las haya, en la que se utilizan los libros tanto como elemento decorativo como para su lectura, objetos y muebles antiguos, muestras de arte floral y frutal, que se va distribuyendo a lo largo de las cuatro estancias que tiene la planta baja. Y desde un lugar privilegiado observan el ir y venir de los camareros los retratos de don Sandalio y doña Matilde.

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A punto estuvo de ser demolida la casa debido al estado ruinoso en  que se encontraba, pero, por suerte, la compraron e iniciaron una larga restauración (e imagino que costosa) que dio sus frutos años más tarde. VILLA-ESPERANZAHoy día podemos acercarnos a tomar cócteles variados, sorbetes y batidos caseros con fruta de temporada, diferentes tipos de café acompañados de bizcocho, y disfrutar de su nata montada casera (¡tienen máquina montadora!).

Pues en esta magnífica casona transcurrió la cena de Casa-taller Birdie, a la luz de los quinqués y con la vajilla de motivos florales que bien acorde iba con la casa.

Como dije en un post anterior, el menú constaba de tres platos: entrante, principal y postre; y con una bebida, a elegir entre vino, tercio o refresco.

*El entrante a compartir, dos tipos de queso, uno al pimentón y otro al romero, acompañados de unas alcachofas en aceite, estaba dispuesto sobre un tronco de árbol.

QUESO ALCACHOFAimage

*De principal había un baggel relleno de níscalos, con cebolla caramelizada, rúcula y salsa de miel y mostaza, y para refrescar, una ensalada de naranja y granada.

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*De postre, una maravillosa tarta de queso con salsa de caramelo por encima, cuyo sabor a toffee parecía salido de la fábrica de Willy Wonka, y que nos encantó a más no poder, ya fuera por su textura, por ese saborcillo a queso o por la masa que hacía de base. Lo dicho, una maravilla.

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Y entre unas cosas y otras pasó la cena, entre suspiros de lo bueno que estaba todo y conversaciones sobre el gimnasio (algo que nunca se debería hacer mientras una se va a cenar por ahí), y como todo lo bueno se acaba, pues hasta la próxima. Es un placer acudir a la cenas que da Casa-taller Birdie, porque siempre sorprende con algo nuevo, y tiene unas manos que bien valen un potosí.

FOTOS: Negativo en Sepia

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