Ombú o el árbol de la bella sombra (Mallorca)

Ombú es el nombre del sitio que elegimos para comer en Palma de Mallorca. Utilizamos un buscador conocido para ahorrarnos decepciones y algún que otro enfado. He de decir que este buscador, con sus opiniones, a veces acaloradas, puede reducir el abanico de posibilidades que se abre ante el viajero perdido en la inmensidad de nombres y menús que encuentra a su paso. También he de decir que quizá se pierde un poco el encanto, ya que la sorpresa o expectación que se puede generar se reduce a una serie de opiniones de viajeros que te guían a uno y otro lugar.

Y volviendo al lugar en cuestión, Ombú, fue una sorpresa generada a partir de la búsqueda infructuosa de lugares donde tomar comida autóctona. Hartas de tanta salchichen currywurst y plato combinado con patatas ultracongeladas, íbamos buscando por las calles de Palma cierto establecimiento donde daban tapas típicas mallorquinas, como el frit mallorquí o el pa amb olí, con tan mala suerte que al llegar comprobamos que ese día cerraba por descanso.

Nos quedamos paseando por la Plaza de la Reina, y reparamos, con interés, en un bar diferente a lo que había a su alrededor. Su carta, expuesta en la puerta, nos llamó la atención, porque, si en algo ha contribuido Masterchef es a conocer multitud de productos culinarios, antes extraños para mí. Además de nombres imposibles de platos.

El caso es que los camareros, muy simpáticos, nos invitaron a sentarnos en la terracica que tenía el local, muy mona. Y aquí he de remarcar la simpatía de las gentes de Mallorca invita a volver a la isla.

El Ombú toma el nombre de un árbol centenario que se sitúa en la misma plaza donde está el bar, aunque los mallorquines le llaman bellahombra, por la sombra que ofrece al caminante. La carta tenía un buen número de platos, todos con muy buena pinta, y optamos por unas patatas con espuma de sobrasada (no me iba a quedar yo sin comerla, aunque fuese de nouvelle cuisine), cuya salsa estaba estupenda; unas croquetas de pollo, en las que parecía que habían entremezclado la esencia misma de un cocido de nuestras madres; y un steak tartar que nunca me había atrevido a comer, por lo de la carne macerada, pero que mereció la pena, ya que el foie, la trufa y la mayonesa de jerez le daban un sabor muy rico. Para terminar, el postre. Este momento es un momento crítico, ya que los postres, en muchos bares, no suelen ser caseros, y si lo son, suelen ser de estos prefabricados, como los llamo yo, como las tartas de queso de polvos o el brownie que te lo intentan colar como casero. Pero estos postres, ciertamente, eran caseros y sabían a gloria divina. Pedimos un tiramisú, arriesgado en sí mismo, ya que en pocos sitios lo he probado bueno, y el huevo de chocolate, llamado huevo de oro, una suerte de huevo kinder casero, que se rompía con la cuchara, y en su interior contenía una mousse de chocolate riquísima.

La verdad es que si volviese a Palma, volvería a este resto-bar.
Al Ombú, para que me ofreciese sombra y unas tapas sorprendentes.

Precio medio: 20 € /persona

Fotos: Negativo en Sepia

Cerveza y mapa

  

Steak tartar con foie, trufa y mayonesa de Jerez y patatas con espuma de sobrasada

Croqueta de pollo y pistacho

  

Huevo de oro

Tiramisú con chocolate blanco

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El Quitapenas (Mallorca)

Lo que más me sorprendió de la sinuosa carretera que nos llevaba a través de la sierra de Tramontana fue el número de ciclistas que subían animosamente la orografía mallorquina. A través de la ventanilla, de vez en cuando, el paisaje me provocaba un nudo en la garganta y algún que otro suspiro ansioso que ponía de los nervios a la conductora, y que me hacía reflexionar sobre la voluntad y resistencia necesarias para subir todo aquello.

Los paisajes se iban sucediendo, como los kilómetros en el coche de alquiler, y aparecía y desaparecía el mar entre los pinos, como si jugase con nosotros al te veo y no te veo.

Al final de la carretera aparece Sóller, un pueblo encantador, con cierto aire de antiguo esplendor, con construcciones cuidadas y un bonito tranvía antiguo que va desde el pueblo al puerto de Sóller.

El siguiente pueblo que visitamos fue Valldemossa, y la razón de la primera entrada del blog. Sus calles empinadas invitan a pasear por ellas antes de ir a comer, ya que pondrán a prueba tus gemelos y tu resistencia física. Este pequeño pueblo de la comarca de la Tramontana posee una belleza singular, y en él pasan y pasaron temporadas grandes figuras de la cultura y el arte.

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La sobrasada deseada y quesito del bueno

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El Quitapenas

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En el carreró de la Amargura, ahí me quito yo las penas

Después de buscar aparcamiento un buen rato, comenzamos nuestra búsqueda de un lugar donde poder comer, pero nuestro problema llegó cuando quisimos encontrar un sitio donde degustar una buena sobrasada o algún plato mallorquín, y eso en Mallorca es realmente difícil. En casi todos los restaurantes sirven platos combinados, y una infinidad de platos que poco tienen que ver con la cocina de la zona. La afluencia de turistas puede ser una bendición, pero puede llevar a acabar con los platos típicos, dando paso a una multitud de despropósitos culinarios que pasmarán a cualquier visitante con ganas de disfrutar de su comida.

Por suerte, el gran olfato culinario de mi pareja nos llevó a un rincón alejado del núcleo de restaurantes con aroma a steak house y a patatas congeladas, hasta una callecita llamada de la Amargura, con unos escalones que descienden hasta el local.
La calle está repleta de flores y plantas de multitud de colores que adornan profusamente las paredes de los edificios.
El sitio es encantador y pequeñito, El Quitapenas se llama, un nombre muy acorde con la calle en la que está, y con un dueño tan encantador como su local.
Le contamos lo difícil que era encontrar un sitio donde comer un buen embutido mallorquín y con mucho mimo nos preparó un plato donde degustamos la sobrasada, el butifarrón, un tipo de fuet muy sabroso y un queso casero estupendo.
Se nota cuando alguien hace lo que le gusta, y este era el caso.
Un sitio acogedor, con un dueño muy simpático y agradable, que te hace sentir como en casa, rodeado de embutidos que cuelgan, con un aroma que hace que la boca se haga agua, y una decoración sencilla y agradable. Con aire de DIY.
Si pasáis por allí, y sois del buen yantar, no os arrepentiréis.
I love sobrasada.

Precio medio:  Este quitapenas de abajo y dos cervezas, 25 €.

Este fue el plato que nos zampamos

FOTOS : Negativo en Sepia