Kome (Murcia)

Fotografía de Negativo En Sepia

Improvisar. La improvisación nunca ha sido mi fuerte, pero cuando esa improvisación incluye un restaurante cuyo nombre tiene cuatro letras estupendas no me importa en absoluto.

Kome no es un restaurante al uso, como se estilan por la zona. Es un concepto diferente, expone las elaboraciones al cliente, cuando normalmente éstas se realizan en la intimidad de la cocina.

Es un local muy pequeño, con una barra en la que caben catorce personas, como mucho, por lo que es importante reservar con tiempo si queréis disfrutar de los platillos el día que tenéis previsto.

El cocinado, se debe realizar en dos partes: la primera en la que se realizan las preparaciones que requieren más tiempo, como macerados o cocciones complejas, y la segunda, que se realiza delante del comensal, y donde le ponen el punto final al cocinado. Esta concepción de restaurante me resulta muy atractiva, me gusta el ir y venir de los cocineros, poniendo un toque aquí, salpimentando allá, cortando, rallando, …Todo en perfecta armonía, como si fuera un baile previamente ensayado. Una performance perfectamente estudiada. Quizá el asunto de la barra y demás le hace a una pensar que es incómodo, pero tiene un almohadillado la pared de la barra que da gusto apoyar las rodillas ahí y  los movimientos lo compensan todo. En cuanto a los platos, no puedo decir más que maravillas. Sin duda merecedores de Estrella, cada uno de ellos, es para saborearlos en silencio, sin más distracción del ir y venir de los cocineros, y con un buen vino, que en este caso fue con D.O. Godello. He de decir que no soy muy amante del vino, pero bien es cierto que este que nos recomendaron le iba como anillo al dedo a las elaboraciones que llegaban hasta nuestra boca.

El secreto es dejarse llevar por las recomendaciones de los camareros, con la mente y la boca abiertas, y dejar sitio para el postre, porque también merece la pena.

¡Qué aproveche!   良い利益

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No se necesita más 🙂

Ostra.

Carpaccio de paladar de atún con helado de yuzu.

Tataki de atún con ensalada líquida.

Hígado de rape con golosina de seta.

Caldo-flan de pescado (pero no uno cualquiera)

Gamba roja sobre sorbete de agua de mar.

Galleta oreo con mousse de caza.Flan de mar (no recuerdo el nombre)

Boquerones tempurizados rellenos de ciruela japonesa.

Crujiente

Dumpling

Navaja con helado de pesto

Sopa de miso con tofu

Pescado adobado en tempura (no recuerdo el tipo de pescado).

Anguila sobre arroz.

Papada a la brasa

Trufa

Queso y panal de abejas autóctonas.

Dietas especiales: esta taberna se adapta fácilmente a la dieta gluten free.

Menú ” Déjate llevar por lo que te van poniendo” sale por unos 70 euros con maridaje.

KOME: Av. de la Libertad, 6, 30009 Murcia

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Taúlla (Murcia)

 

Comer verde está de moda. Eso está claro. Ser vegano, vegetariano, no como carne, solo como pescado, los huevos de gallinas felices, y todo eso está muy de foto de Instagram, y a mí me parece estupendo. Me parece estupendo porque hay cosas ricas más allá del filete, y estudios demuestran que abusar de carnes y embutidos no siempre nos lleva por el buen camino alimentario.

Con todo esto muchos chefs hacen ondear la bandera de lo saludable sin ninguna vergüenza, porque creo que los platos diarios de carnaza han acabado, dando paso a otras muestras de culinarias y sensitivas en las que verduras y legumbres son las protagonistas, abaratando costes y acercando cocina de autor a bolsillos más ajustados.

 

Entre ellos Julio Velandrino sabe aprovechar de la huerta de la Región de Murcia lo que en ella crece para darnos platos en su Taúlla, que por el precio que tiene el menú degustación, bien vale la pena.

Sales rodando de allí, sin duda. Y nada tiene que envidiar a Estrellas Michelin y otro restaurantes-laboratorio, que mucho tienen de puturrú de fuá y poco de sapoooor.

Por allí aterrizamos una tarde de septiembre para celebrar nuestro aniversario. Como lo que más nos gusta en el mundo es comer, pues nos echamos a la carretera en busca de un restaurante que tuviese una mesita sin reserva, porque así somos, nos gusta vivir al límite.  Llamamos a varios, y de repente nos acordamos que estaba este restaurante esperándonos en Espinardo. Probamos suerte, la tuvimos y allí aparecimos.

Elegimos el menú degustación largo, porque si jugamos, jugamos bien. Mientras esperábamos nos fijamos en el local, un antiguo molino de pimentón, producto representativo de la Región, sin duda, y en la decoración con latas antiguas. Sencillo y sin grandes florituras, con una luz agradable y acogedora, en tonos anaranjados, rojizos, como el pimentón.

El camarero también nos atendió sin grandes aspavientos. Me gustan que me expliquen los platos, que me los desgranen y poder preguntar, pero sin que parezca que estoy en una tienda de Apple.

Para mí es uno de mis favoritos en mi humilde y pequeña andadura por el mundo de la buena mesa y sin duda repetiría todas las veces que hiciese falta.

Por aquí dejo una muestra de septiembre de 2017, con fotos de Negativo en Sepia.

 

Y por aquí la otra de abril, con fotografías de Chispa R.

 

Menú degustación: corto 35 euros + bebidas // largo 40 + bebidas.  Son dos platos de diferencia y con las bebidas, si no bebéis en cantidades industriales os puede encarecer en 5 euros el menú.

TAÚLLA: Calle Antonio Flores Guillamón, 2, 30100 Espinardo, Murcia

Teléfono: 868 07 99 80

 

La patisserie de Lucie (Altorreal, Murcia)

A veces una coge el coche, se va por ahí, y a tirar millas como Thelma y Louise. Como el final la peli no me convencía preferí construir mi propio desenlace en una pastelería de una urbanización estilo Agrestic (Weeds) que tanto se llevan en el sureste de la península. En Altorreal, a las muy afueras de Murcia, se encuentra una pastelería francesa que descubrí gracias al dueño (muy majo), de una cafetería donde le servían los cruasanes, que estaban para chuparse los dedos. Y como no podía dejar de pensar en ellos dos semanas después, me aventuré un viernes para merendar por todo lo alto y en soledad.

Al llegar a la patisserie me la había imaginado pequeña, con aires parisinos de finales del XIX, pero para mi sorpresa me encontré un local con decoración  tipo industrial, autoservicio y bastante más grande de lo imaginado. Claro, que si tienen obrador, es necesario espacio, y me imagino que clientela tendrán bastante, si tienen que surtir a la urbanización.

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Entré con decisión hacia los mostradores, mirando lo que me ofrecían: pasteles de frutas, de merengue, con nata, con chocolate, todos muy finos y muy elaborados, y también salados, en forma de quiche . Al otro lado del mostrador de los pasteles, tenían el de los cruasanes, muy grande, por lo que deduje que debían vender bastantes, y los había sencillos y con una barrita de chocolate dentro. El último mostrador contenía varios tipos de panes en hogaza: de cereales, masa madre, de olivas, integral,… Un vicio absoluto, sin duda. Los panes, por cierto, los venden al peso, y puedes elegir un trozo de uno y te lo rebanan si así quieres. Si te llevas cruasanes, recuerda meterlos en una bolsa si los vas a dejar en el asiento del coche para transportarlos, porque la mantequilla traspasa el papel…

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Fijaos en el cruasán, no en el café, que es del sitio del desayuno, que por cierto se llama Buen Café 😉

Después de mucho remirar, porque elegir a lo loco no es lo mío, mi tiré a por un clafoutis de ciruelas y un cortado, que por cierto, es Nespresso, y me fui a una mesa a disfrutar de la merienda como si fuese una colegiala que acaba de salir a las cinco. Me cogí una revistilla y el periódico, pero al final dediqué mi tiempo a divagar y a pensar qué les había llevado a poner una patisserie allí, cuál era su pasado, y si les iba bien, eso sí estaba claro. Y a echar fotos, claro, cosa que siempre me cuesta un montón, porque me pienso que estoy haciendo algo ilegal o yo qué sé y me pongo nerviosa y al final no me salen todo lo bien que quisiera.

El clafoutis es una tarta hecha con masa quebrada y un relleno de crema pastelera cuajada y con trozos de fruta navegando por ella. el sabor ácido de la ciruela y los frutos rojos que llevaba de decoración contrastaban con el dulzor de la crema y la masa, y hacía una mezcla riquísima en boca. El café estaba bien bueno, por lo que acabé muy satisfecha con el conjunto elegido y muy contenta con mi “descubrimiento”.

Os dejo las fotos por aquí, no son muchas, pero os podéis hacer una idea de mi felicidad.

La Patisserie de Lucie –> Avda. del Golf, 104 30506 Molina de Segura, Murcia.

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Pecado Gastrobar (Murcia)

Fotografía : @negativoensepia

Se cumplen ya dos años desde la apertura del blog. Sinceramente, conociéndome, no pensaba que iba a durar más de seis meses actualizando. Y aunque a veces he tardado en crear nuevas entradas, finalmente he proseguido con la idea y he acabado renovando el blog de una manera u otra. Nunca pensé que unir comida y letras se convirtiese en mi hobby favorito y una manera de buscar los mejores platillos a precios razonables.

Y para celebrar este segundo aniversario hoy traigo una entrada de un restaurante en el que disfruté muchísimo, primero porque cuando no creas expectativas la sorpresa es mayor y segundo, porque comer con @negativoensepia siempre es un placer.

 El lugar del que hablo está en un lateral del  mercado de Verónicas. Es innovador, con una decoración original y con una carta que hace enloquecer a cualquier amante de la buena comida y además @negativoensepia tenía muchas ganas de comer allí porque se lo había recomendado una compañera del trabajo. Después de un intento fallido nos acercamos por allí un mediodía de mayo.

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Comensales
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Entrada al Edén
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Exterior
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Exterior

La carta no es extensa, cosa que siempre agradezco, porque lo bueno, si breve, dos veces bueno, y además es mucho más sencillo que el producto sea bueno. Tenemos la mala costumbre de no pedirle al camarero su opinión, o que nos ayude en la elección. Más bien nos basamos es nuestros humildes conocimientos sobre gastronomía y nuestra intuición,  acrecentada por nuestro estómago vacío de las dos y media de la tarde. A veces acertamos, a veces la fastidiamos, pero ahí está riesgo.

Al entrar me gusta que no haya mucho ruido ambiental, porque genera un gran estrés al comer, y en el caso de Pecado, no se oía ni la cocina. Al sentarnos nos trajeron aceite, pan y un surtido de aceitunas para ir abriendo boca mientras ojeábamos la carta de arriba a abajo. Nos decantamos por varios platos, variados, mar y tierra, y unas alcachofas. He de decir que la costumbre de pedir alcachofas en restaurantes es heredada de un buen amigo, Sergio, que nos enseñó que las alcachofas hay que pedirlas en sitios así, molones, porque las suelen cocinar muy bien.

Comenzamos con unas croquetas de boletus y marmitako de atún.

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Croquetas
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Boletus y marmitako

Seguimos por unas patatas bravas con chile habanero.

Un pulpo con salsa romescu trajo el mar

Las alcachofas con salsa de trufa y jamón ibérico.

Y para cerrar la ronda de salados, una carrillera con un brócoli súper crujiente.

Terminamos con una tarta de queso a la inversa.

Por cierto, de martes a jueves tienen menú del día, con platos muy buenos y precio popular, 12 euros. Con entrante, plato principal, postre o café y una bebida.

Pecado Gastro Bar –> Calle Verónicas, 8, 30004 Murcia.  Tlf 868 91 71 52

 

El café nos lo tomamos en Alegría Café, en el barrio del Carmen, al fresco, donde hacen unos frappés que te mueres de buenos, y es un sitio la mar de agradable.

 

Lima Limón (Murcia)

FOTOGRAFÍA: @negativoensepia (menos mal, porque tengo yo poca mano para las fotos)

Un día estuvimos hablando sobre los restaurantes que se podrían considerar “caros”. Para mí caro es el restaurante que te ofrece comida de poca calidad a precio normal, pagando por persona 15 euros y comiendo platos de los que te acuerdas dos horas después y no por lo buenos que estaban. “Caro” es cuando te cobran 16/17 euros por un caldero insípido, con unos calamares y chopitos que nadan en una balsa de aceite refrito. Por eso decidimos que a partir de entonces comeríamos una vez en un restaurante de precio medio en vez de dos en restaurantes “baratos”.

Y esta antigua conversación surgió mientras mirábamos la guía de restaurantes. No me gusta guiarme solo por la aplicación de TripAdvisor, pero he de decir que como listado de restaurantes me funciona muy bien. De esta manera puedo tener a mano todos los sitios de Murcia (o cualquier otro punto geográfico) y que no se me olvide ninguno y evitando repetir por no recordar otros. Lo que no me gusta de esta plataforma es la soltura con la que hablan ciertos usuarios aprovechando el anonimato de la red, pero está claro que todo tiene sus pros y sus contras, y hay que revisar siempre la proporción de malas críticas y además hacerles caso lo justo, porque algunas…

El caso es que después de mirar varios y de dejar otros es el tintero, llegamos hasta Lima Limón. Este juego de palabras muy bien traído le da nombre a un restaurante  de cocina peruana que abrió hace unos años en Murcia, pero que se mudó hace uno cerca de la catedral, en la calle Fuensanta.

Está amueblado de forma sencilla y funcional, predominado el blanco y con un detalle floral sobre la mesa que le da un airecillo campestre muy bonico. Se come tranquilo, sin griterío y con una música agradable de fondo, sin molestar. Se agradece, ya que muchas veces el ruido atronador de la gente gritando hace que la comida te acabe sentando mal mientras piensas lo bien que hubieses estado comiendo en la cocina de tu casa sin ruido mientras echas una mirada asesina a las mesas de tu alrededor.

También cabe reseñar que el personal es súper atento y te preguntan varias veces a lo largo de la comida tu opinión sobre los platos, e incluso el dueño sale a interesarse sobre tu experiencia en el local. Las atenciones siempre se agradecen.

Pero vamos al condumio, que en el fondo es lo que importa.

La carta no es extensa, cosa que se agradece cuando eres una persona indecisa y estudiarla es una obligación antes de pedir el plato. No se puede fallar.  El caso es que nos dejamos aconsejar por la chica que nos atendió, y la verdad fue un acierto, porque íbamos un poco perdidas al principio. La decisión picante sí, picante no, determinó los platos que se eligieron, ya que depende de cómo tengas el umbral del picor así puede ser tu plato. Y dado que mi umbral del picor no es muy alto, los platos no fueron ardientes. Platos como…

 Causa limeña de quinoa y cangrejo con lima y ají panca. Plato muy curioso a base de un puré de quinoa con lima, con trozos de cangrejo y un poco picantito.

Gambones con leche de coco y soja. Para mí el mejor de todos los platos. Estaba tan bueno: el gambón muy bien cocinado y la salsa, riquísima. Fuera de carta.

Ají de gallina. Hay que comerse todo el conjunto a la vez, de un solo bocado, la patata confitada, el huevo y el guiso de gallina que va sobre la patata.

Wantan de rabo de toro. Un ravioli de rabo de toro bien cocinado, regado con una salsa de verduras  en el que estaba cocinado el rabo.

La digestión se hizo muy bien y esto significa que los productos utilizados son de buena calidad y no había trampa ni cartón. Es tan importante disfrutar durante la comida como no sufrir el después.

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Y sí, disfruté mucho de esta, por la buena compañía, por la comida y el lugar. Un trío de escándalo.

A la lima y al limón…como cantaba la Piquer.

Lima Limón –> C/ Fuensanta, 5 30001 Murcia  Telf: 968 967 306

Mano a mano (Murcia)

FOTOS: Negativo en Sepia

MANO A MANO: C/ Gutiérrez Mellado, 9 30008  Murcia

Teléfono: 644 72 29 11

Precio: muy bueno, 10€ por persona

El otro día estuvimos en un sitio que tenía muchas ganas de ir, de los que miras desde el coche y te dices “La próxima voy” y luego siempre se olvida, o no caes o lo que sea. Al principio cuando pasaba no tenía casi gente, pero el “boca a boca” hace mucho, y las redes sociales, y ahora siempre está de “bote en bote”, por lo que es mejor ir un día de semana y al mediodía.Es un lugar de comida rápida, pero todo lo hacen con amor y con ingredientes cuidados al máximo, porque el queso sabe a queso, y el tomate está bueno, la masa…Y si todavía no lo habéis adivinado tenéis una pista más: es pizzería y empanadillería a la vez. Si ya a estas alturas nada de nada, os digo el nombre y no sigo mareando la perdiz: “Mano a mano“, en Centrofama.

Como ellos mismos se describen, es un sitio de comida rápida, pero con ingredientes 100% naturales, hecho con mimo y alegría, y aunando lo mejor de dos países, el del lado de acá y el del lado de allá: Italia y Argentina. Tienen unas pizzas riquísimas, y a los que les guste la masa finita, esta es su pizzería, y a los que les guste que el queso de las pizzas sea buena, pues lo mismo.

También tienen unas empanadas criollas rebuenas, picantes para los más valientes o suaves, nuestra elección, y empanadas con rellenos varios, como la que nos pedimos, de roquefort y nueces.

La pizza era la pequeña (que de pequeña solo tiene el adjetivo, porque comimos perfectamente dos personas), porque también las hay familiares, con pimiento, sala mí y jamón york y una mozzarella buenísima, de las que al separar los trozos se crean puentes de queso. No recuerdo ahora mismo cómo se llamaba, pero estaba buenísima. Para completar nuestro menú, nos pedimos un pan de ajo con mozzarella, y olía (y sabía) para morirse de gusto. imagePara regar la pitanza, nos pedimos una Quilmes y un quintico de Estrella de Levante, que nos refrescaron el gaznate de buena manera.

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Salimos con muy buen sabor de boca, y exultantes, por lo rica que estaba la comida y el personal tan agradable que tienen. Volveremos, y sí, es una amenaza.

 

Quesería Tope (Murcia)

FOTOS: Negativo en Sepia

QUESERÍA TOPE –> Avda. Infante Juan Manuel,  30011 Murcia

Precio: 15-20 euros

Algunas veces he pensado que en otra vida fui ratón, porque el queso me chifla. Me acuerdo cuando era pequeña que mis padres me llevaban a una quesería que había en el Cénit y comprábamos un montón de quesos. El que más me gustaba era uno ahumado, con trozos de jamón, que cada vez que lo cato, me lleva de un empujón a aquellos momentos.

Pero ya la cerraron, y a mí me dio mucha pena, porque me recordaba a aquellos sábados de compras, en los que luego iba al mercado de abastos a observar a todos los pescados con la boca abierta y los ojos vidriosos, los cangrejos que movían las tenazas, mezclados entre la morralla y las gambas relucientes.

Pero volviendo al tema de que yo era un ratón, efectivamente, adoro el queso en todas sus formas y texturas. Y eso ha hecho que me lance a una búsqueda incansable de queserías a lo largo y ancho de este mundo. Porque lo que es quesería, hay pocas. Hay charcuterías con más o menos quesos en su sección, pero una que afine tanto, solo recuerdo la del Cénit. Y en el mercado de Verónicas también hay puesto.

En esta indagación incansable de queserías, encontré, hace muchos años, paseando por la zona en la que vivía en mi época de estudiante, una, pero no de venta de quesos, sino restaurante. Recuerdo que por entonces tenía un toldo que me hacía mucha gracia. Fuimos a cenar y nos gustó bastante, pero por entonces no había proyecto de blog ni nada, así que me limité a degustar los quesos que me pusieron delante, y a comentar lo buenos que estaban, pero sin más historias.IMG-20151208-WA0005

Nueve años después volví, esta vez con cinco personas hambrientas y con el miedo de no caber. Pero no hubo problema, porque el caballero que nos atendió nos dispuso una mesa muy atentamente. Recordaba el sitio bonito, y no me defraudó. Seguía igual de acogedor y pequeñito, lleno de objetos, por doquier, con su propia historia cada uno: una rama de buganvilia frondosa, fotos del dueño (me imagino), recuerdos, espejos antiguos, un aparador precioso… y la decoración navideña, fenomenal. Adoro los locales con horror vacui y buen gusto, con cierto aire a cafetería parisina y una música agradable de fondo.

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Para esperar nos pusieron unas olivas partidas y unas cañas refrescantes, y así poder elegir de la carta, que se divide en varias partes. Por una parte una gran variedad de productos que van entre “pan y pan”: perritos calientes de diferentes clases, bocadillos hechos de pan de perrito, cruasanes rellenos y emparedados hechos con mantequilla a la plancha; y por otra, las ensaladas y la tabla de patés y quesos.

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Pedimos una tabla de quesos para tres y cada uno un plato más: un cruasán Finas Hierbas, un emparedado Memé, dos Noruegos, uno mixto y un Croque Monsieur. Mientras preparaban la tabla de quesos, mirábamos la vitrina y veíamos un ir y venir de manos que cogían y dejaban quesos, y observábamos (admirábamos) el resto del local.

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La tabla he de decir que estaba dispuesta de una manera cuidada, con todos los quesos y patés amontonados esmeradamente, todo calculado al milímetro, y bajo esta capa de quesos, una loncha de jamón cocido para que no quede la tabla desnuda. IMG-20151208-WA0012

Los quesos estaban muy buenos, de diferentes variedades, desde los cremosos como el Brie hasta otros más curados o de los fuertes. La última vez que fuimos (hace nueve años) el surtido era diferente, con más quesos untables, del tipo a la pimienta o con pimentón. Personalmente esta vez me gustaron más, pero esto es muy subjetivo.

IMG-20151208-WA0008Los patés eran de campaña y foie, muy sabrosos. Todo muy bien acompañado de una cesta con diferentes tipos de pan: unas tostas con sésamo, bretzel, tostadas, galletitas saladas…Estas cosas me vuelven loca de contenta.IMG-20151208-WA0017 IMG-20151208-WA0010

Después de dar cuenta de todos los quesitos ricos, llegó el turno de los demás platillos. Sé de buena tinta que los demás estaban muy buenos, pero el mío, el mixto, hizo que mis ojos se llenasen de lágrimas y mirase a través de la ventana recordando los sándwiches que me comía en el Chamonix con una fanta de naranja cuando iba a visitar a mi madre. O los que me hacía mi padre, que sabían a mantequilla caliente, y el queso derretido se pegaba al pan, y se quedaban chafaditos de darle con la pala de la plancha. Eran esos o los de ventanita. La magdalena de Proust hecha emparedado. Mientras navegaba entre mis recuerdos gustativos me lo fui comiendo con mucha parsimonia, para que no se gastase, con miedo a no volver a recordar ese sabor a plancha y a mantequilla de cuando era una cría.

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Esta vez me prometo tardar menos en volver, porque el sitio merece realmente la pena, la persona que nos atendió fue increíblemente amable y, además, no está nada mal de precio, con todo lo que pedimos, salimos muy bien y bien llenos, en torno a los 15 euros por persona, repitiendo varias veces bebida.

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La Tapadera (Murcia)

Fotografía: Negativo en Sepia

La Tapadera –>Calle Saavedra Fajardo, 2, 30001 Murcia

Precio: sobre los 15 – 20 euros

Si la tristeza asoma su hocico, ponerte a comer no es la mejor solución, porque siempre puedes caer en la ingestión compulsiva de alimentos. Si a la tristeza le sumas el haber dejado de fumar, la compulsión se multiplica por cien o mil, o qué sé yo, pero lo único en lo que piensas es en comer y fumar, no siempre en ese orden, como única manera de ahogar tu pena. Ahogarla literalmente, bien con humo o aplastada por kilos de comida. Pero eso no impide alguna que otra visita a los bares, para comprobar, más que nada, que cuando uno deja de fumar vuelve el sentido del gusto, y, sobre todo,  porque cuando una se pone con la rutina, deja a un lado aquello que le gusta hacer y lo cambia por las obligaciones, en mi caso correcciones, papeleos, exámenes, libretas, … Pero hoy he decidido volver a las andadas y hacer un poco de intrusismo, retomando mis historias de restaurantes. El máster en crítica culinaria, pues todo se andará.

Hay alimentos con los que podría alimentarme eternamente: los lomos de salmón ahumado del Mercadona, la costra de queso fundido que se forma en los macarrones gratinados, el chocolate al 70%, la morcilla asturiana, las naranjas de la huerta y otras tantas cosas más. Uno de esos alimentos que me dejo en el tintero es la coca de pimentón con sardina marinada y un picadillo de aceitunas, coronada con una espuma de Bloody Mary . Espléndido. El otro día me pedí dos, pero podía haber comido a base de sardinas marinadas si no fuese porque el resto de tapas de La Tapadera merecen tanto la pena que hice un esfuerzo y accedí a comer otra cosa que la coca. Por aquí os dejo un enlace que he encontrado esta tarde en El Comidista sobre sardinas marinadas.

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La bendita coca
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Plano detalle de la elegante sardina
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Lingote de pato empalomitado

¿Y qué pedimos? Pues de todo lo que nuestro estómago pudo albergar. En la carta que te dan puedes ver las tapas agrupadas por precios, todas ellas súper cuidadas, tanto en presentación como en sabor.  Para empezar, la coca al pimentón con sardina, que no voy a halagarla más, porque ha quedado bien claro que está buenísima. Después tomamos lingote de pato envuelto en palomitas (empalomitado podría decirse) con su carne estofada bien sabrosona. Ahora que pienso en él, se me hace la boca agua a pesar de haber cenado.

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La tosta con bacon

Continuamos con una tosta de pan ecológico con bacon, cebolla caramelizada y queso de cabra, un clásico en mi estómago, porque esa combinación me chifla hasta morir. Aquí está buenísimo, porque el pan está bien torradico, la cebolla pochada y el bacon tostado. Mmm.

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IMG-20150930-WA0007Y también nos liamos la manta a la cabeza y pedimos una tabla de quesos de La lechera de Burdeos, de esos pestosos que huelen a coliflor hervida, que estaban ricos, uno francés, otro italiano y otro catalán, acompañados de una cestita monísima hecha de trapillo azul llena de pan tostado casero crujiente. Esto acompañado de una buena caña fresca. ¿Qué más se le puede pedir a la vida? Pues cerrar el círculo con otra coca y otro lingote.

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El clásico de las tapas: la croqueta

También cayó una croqueta.

El local es muy chulo, sencillo, todo en tonos crema y un azul o verde, dependiendo del ojo que lo mire, con mucho encanto. Está muy bien de precio, en cuanto a la relación con la calidad del producto que ofrece.Podríamos decir de precio medio, entre 15 ó 20 euros por persona.

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La verdad es que las penas, irse, no se fueron, pero el tiempo que duró la comida se quedaron, tapadas, como en segundo plano. Y eso de que tienes más sabor por dejar de fumar, leyendas urbanas, oiga.

Gracias, Negativo en Sepia, por tus fotos.

Los Pachequitos (Murcia)

Fotografía: Negativo en Sepia

Los Pachequitos –>Av. de Alicante, 9, 30110 Churra, Murcia

Precio: sobre unos 15 euros

Cuando la crisis llegó y los constructores dejaron de hacer avisperos, ahora vacíos, a lo largo de las avenidas, quedó en Murcia un paisaje singular, donde se entremezclan las casas de huerta, acequias, merenderos, moles gigantes a todo confort, con piscina, pistas de pádel y preinstalación de aire acondicionado. Dos consecuencias de la construcción salvaje es la unión de las pedanías con la ciudad, en una sucesión de bloques, casi todos vacíos, y la resistencia de ciertos bares o merenderos que acabaron anclados en medio de esta vorágine. El merendero que está en el carril de la Almazara, en Cabezo de Torres, La lechuza, casi enfrente de Juan de Borbón, son algunos de los lugares pintorescos que fueron atrapados por el hormigón.

Otro es el de Los Pachequitos,  un bar que se encuentra en la entrada de la pedanía murciana de Churra y rodeado de supermercados, concesionarios y rotondas. La carne a la brasa, pollo y cordero,  es su especialidad, acompañada de patatas asadas con un buen alioli para untar. Y los fritos típicos murcianos como caballitos, tigres, croquetas, y un largo etcétera de lo empanado.

Allí cenamos anoche, gracias a los camareros que nos montaron una mesa en un santiamén, para que no nos quedáramos sin cenar.

Nos pedimos para beber un par de litros de cerveza, Estrella de Levante, por supuesto, estamos en la zona. Me gustan los sitios que te ponen el litro de cerveza y se dejan el rollo de las jarras, que a mí me mosquean bastante, porque no sabes cuánto hay de espuma y cuánto de líquido.

Una vez el gaznate fresco y pedidos los platos, éstos llegaron con una rapidez pasmosa, uno detrás de otro y en un segundo teníamos la mesa llena de comida. Para comer algo de verde, pedimos un tomate partío con olivas (tomate que sabía a tomate), con un buen chorrico de aceite para mojetear después y  una pizca de sal. Buenísimo. Después llegaron los calamares a la romana, muy bien hechos y un platico de queso y jamón recién cortado de la pata. Esto fue el aperitivo.

Y llegó el plato fuerte: dos platos de cordero y pollo a la brasa, churruscaitos, pero que no sabían a mechero, muy buenos, con el acompañamiento ya mencionado. El cordero estaba rico, con la grasa crujiente y el pollo me dijeron que también (no soy muy amante del pollo a la brasa).

Cuando dimos buena cuenta de la cena, intentamos pagar, pero parecía que nos querían invitar, porque no había manera de que nos trajeran la cuenta. Estuvimos esperando un buen rato hasta que llegó, y nos quedamos sorprendidos de lo barato que fue, ya que tocamos a 12 euros por cabeza, después de todo lo que habíamos comido. Lo único que no mola es que te digan la cuenta de viva voz, sin un ticket de por medio, pero ya que fue tan barato, decidimos no seguir indagando, por si acaso.

Como no pensaba escribir sobre la cena de anoche, solo tengo fotos de los platos vacíos, pero la vajilla era encantadora, de las de antes, y todo servido con un aire familiar y cotidiano, que parecía que mi abuela iba a salir  de la cocina de la casa de la huerta en cualquier momento. ¡Qué recuerdos!

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Los cinco sentidos puestos en El Pollo Rockero (Murcia)

FOTOGRAFÍAS: Negativo En Sepia

El Pollo Rockero –>Ctra. Torres de Cotillas, 39, 30832 Javalí Nuevo, Murcia

Precio: en torno a los 25-30 euros por comensal.

Quizá la manera de definir El pollo rockero sea complicada. No es un restaurante al uso, ni un bar de tapas o un lugar donde te sirvan comida de cualquier manera. El Pollo rockero es un lugar de creación, donde la persona responsable del mismo convierte los frescos y humildes productos de la huerta murciana en platos que te rascan los nervios gustativos. El miércoles por la noche fuimos a este sitio, un garaje convertido en una sala de operaciones culinaria, que sorprende desde la misma llegada.

Salieron a recibirnos con un vasito bien fresco de sangría casera, que con el calor que hacía en Javalí Nuevo, bien se agradeció. Tras una pequeña espera en el porche, con el tiempo justo para inspeccionar el aseo, cosa que me encanta (este en concreto era espectacular: toallas de tocador dispuestas en una cajita, libros, para quien necesite inspiración, unos adornitos aquí y allá, maravilloso), y porque lavarse las manos antes de comer fue algo que me inculcaron, y oye, si no lo hago, como que me siento inquieta. Quizá sea un TOC.

Lo que se ve desde fuera
Lo que se ve desde fuera

Bueno, volviendo al lugar en sí, es muy curioso. Al empujar la puerta, cuyo tirador era un inmenso POLLO (palabra, no animal), descubrimos un amplio espacio con un techo altísimo, de donde colgaban lámparas de diversa procedencia. A la derecha había un colgador donde descansaban unos cuantos trajes de cocinero, muy extravagantes, y un sombrero de copa lleno de flores rojas. Al mirar al frente encontrabas un pequeño comedor con unas diez mesas, creo recordar, y al fondo la cocina, abierta, para poder observar el vaivén del autor de los platos a engullir. La música resonaba por todo el local, para inspirar y entretener al personal.

Fue el cocinero quien nos indicó la mesa en la que nos sentaríamos, quien nos puso una caja encima de la mesa y nos dijo que móviles y relojes descansarían allí durante toda la cena, para poder disfrutar del Menú “Cinco sentidos”. Por esta razón, no puedo poner imágenes de los platos, cosa que me fastidia mucho, porque una imagen…

El caso es que nos sirvieron las bebidas y enseguida empezó el desfile de platos,cada uno representaba un sentido, de ahí el nombre, que para una mejor lectura, pondré en forma de listado:

– Mero ahumado con ensalada de pimientos verde y amarillo, con una salsa de cilantro y citronela.

– OLFATO. Ensalada tibia de cebolla, boquerones en vinagre, con tomate (creo que iba asado al horno).

– VISTA. Zarangollo al estilo de El pollo rockero, con las verduras crujientes, con huevo que sabía a huevo, y con kikos, aventuro yo. También llevaba ñoras secas.

– OÍDO. Patatas asadas con aceite de romero y mayonesa de queso.

– GUSTO.Solomillo de chato murciano, con tacos de pera y chips de chirivía.

– TACTO. Costillas de cerdo ibérico adobadas (¡SEÑOR!).

Y después de estos manjares, que devoramos con mucha alegría, llegaron los postres:

– Crema de limón con sorpresa (la sorpresa era migas de bizcocho de chocolate negro).

– Una mousse de chocolate, pero creo que no era mousse, parecía más la trufa con la que se rellenan los pasteles, esa textura.

Para hacer una buena digestión, nos sirvieron un pequeño mojito, muy refrescante.

Yo, la verdad, soy muy sentida, y con estos platos, alguna lagrimilla se me saltó, porque estaban todos tan tan buenos, que no tengo palabras para describirlos.

Este menú no sé si estará para próximas veces, ya que el dueño cambia continuamente los platos, pero sea lo que sea, merecerá la pena. Siento no tener fotos, ya que la presentación estaba muy cuidada, pero eso ayudó a prestar más atención a la cena y a la comensal que tenía enfrente, con quien puedes tener una comunicación más fluida cuando una pantalla no está en medio. Eso sí, en cuanto salí del local, recordé y escribí todo lo que recordaba, como si de los apuntes para el examen de final de curso se tratase.

Sin duda volvería a este sitio con los ojos cerrados. No literalmente, claro.

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Lo que se ve desde dentro
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Sangría bien fría