Kome (Murcia)

Fotografía de Negativo En Sepia

Improvisar. La improvisación nunca ha sido mi fuerte, pero cuando esa improvisación incluye un restaurante cuyo nombre tiene cuatro letras estupendas no me importa en absoluto.

Kome no es un restaurante al uso, como se estilan por la zona. Es un concepto diferente, expone las elaboraciones al cliente, cuando normalmente éstas se realizan en la intimidad de la cocina.

Es un local muy pequeño, con una barra en la que caben catorce personas, como mucho, por lo que es importante reservar con tiempo si queréis disfrutar de los platillos el día que tenéis previsto.

El cocinado, se debe realizar en dos partes: la primera en la que se realizan las preparaciones que requieren más tiempo, como macerados o cocciones complejas, y la segunda, que se realiza delante del comensal, y donde le ponen el punto final al cocinado. Esta concepción de restaurante me resulta muy atractiva, me gusta el ir y venir de los cocineros, poniendo un toque aquí, salpimentando allá, cortando, rallando, …Todo en perfecta armonía, como si fuera un baile previamente ensayado. Una performance perfectamente estudiada. Quizá el asunto de la barra y demás le hace a una pensar que es incómodo, pero tiene un almohadillado la pared de la barra que da gusto apoyar las rodillas ahí y  los movimientos lo compensan todo. En cuanto a los platos, no puedo decir más que maravillas. Sin duda merecedores de Estrella, cada uno de ellos, es para saborearlos en silencio, sin más distracción del ir y venir de los cocineros, y con un buen vino, que en este caso fue con D.O. Godello. He de decir que no soy muy amante del vino, pero bien es cierto que este que nos recomendaron le iba como anillo al dedo a las elaboraciones que llegaban hasta nuestra boca.

El secreto es dejarse llevar por las recomendaciones de los camareros, con la mente y la boca abiertas, y dejar sitio para el postre, porque también merece la pena.

¡Qué aproveche!   良い利益

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No se necesita más 🙂

Ostra.

Carpaccio de paladar de atún con helado de yuzu.

Tataki de atún con ensalada líquida.

Hígado de rape con golosina de seta.

Caldo-flan de pescado (pero no uno cualquiera)

Gamba roja sobre sorbete de agua de mar.

Galleta oreo con mousse de caza.Flan de mar (no recuerdo el nombre)

Boquerones tempurizados rellenos de ciruela japonesa.

Crujiente

Dumpling

Navaja con helado de pesto

Sopa de miso con tofu

Pescado adobado en tempura (no recuerdo el tipo de pescado).

Anguila sobre arroz.

Papada a la brasa

Trufa

Queso y panal de abejas autóctonas.

Dietas especiales: esta taberna se adapta fácilmente a la dieta gluten free.

Menú ” Déjate llevar por lo que te van poniendo” sale por unos 70 euros con maridaje.

KOME: Av. de la Libertad, 6, 30009 Murcia

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Taúlla (Murcia)

 

Comer verde está de moda. Eso está claro. Ser vegano, vegetariano, no como carne, solo como pescado, los huevos de gallinas felices, y todo eso está muy de foto de Instagram, y a mí me parece estupendo. Me parece estupendo porque hay cosas ricas más allá del filete, y estudios demuestran que abusar de carnes y embutidos no siempre nos lleva por el buen camino alimentario.

Con todo esto muchos chefs hacen ondear la bandera de lo saludable sin ninguna vergüenza, porque creo que los platos diarios de carnaza han acabado, dando paso a otras muestras de culinarias y sensitivas en las que verduras y legumbres son las protagonistas, abaratando costes y acercando cocina de autor a bolsillos más ajustados.

 

Entre ellos Julio Velandrino sabe aprovechar de la huerta de la Región de Murcia lo que en ella crece para darnos platos en su Taúlla, que por el precio que tiene el menú degustación, bien vale la pena.

Sales rodando de allí, sin duda. Y nada tiene que envidiar a Estrellas Michelin y otro restaurantes-laboratorio, que mucho tienen de puturrú de fuá y poco de sapoooor.

Por allí aterrizamos una tarde de septiembre para celebrar nuestro aniversario. Como lo que más nos gusta en el mundo es comer, pues nos echamos a la carretera en busca de un restaurante que tuviese una mesita sin reserva, porque así somos, nos gusta vivir al límite.  Llamamos a varios, y de repente nos acordamos que estaba este restaurante esperándonos en Espinardo. Probamos suerte, la tuvimos y allí aparecimos.

Elegimos el menú degustación largo, porque si jugamos, jugamos bien. Mientras esperábamos nos fijamos en el local, un antiguo molino de pimentón, producto representativo de la Región, sin duda, y en la decoración con latas antiguas. Sencillo y sin grandes florituras, con una luz agradable y acogedora, en tonos anaranjados, rojizos, como el pimentón.

El camarero también nos atendió sin grandes aspavientos. Me gustan que me expliquen los platos, que me los desgranen y poder preguntar, pero sin que parezca que estoy en una tienda de Apple.

Para mí es uno de mis favoritos en mi humilde y pequeña andadura por el mundo de la buena mesa y sin duda repetiría todas las veces que hiciese falta.

Por aquí dejo una muestra de septiembre de 2017, con fotos de Negativo en Sepia.

 

Y por aquí la otra de abril, con fotografías de Chispa R.

 

Menú degustación: corto 35 euros + bebidas // largo 40 + bebidas.  Son dos platos de diferencia y con las bebidas, si no bebéis en cantidades industriales os puede encarecer en 5 euros el menú.

TAÚLLA: Calle Antonio Flores Guillamón, 2, 30100 Espinardo, Murcia

Teléfono: 868 07 99 80

 

La Finca de Susi (Elche)

Cuando te dicen que hagas la lista de regalos para tu cumpleaños empiezas a pensar en un montón de cosas que vas dejando de comprar para pedirlas posteriormente en esa lista que a ti te hace un mundo y a los que te regalan, ni te digo. Pues el menú Tentaciones de La Finca (Elche) fue mi regalo de cumple, y si queréis que os diga la verdad, prefiero un recuerdo culinario, porque donde esté el atesorar recuerdos que se quiten los objetos.

Al apuntar esta fecha en el calendario (con algún cambio por una buena causa) ya iba pensándolo y disfrutándolo unos días antes, paladeando mentalmente la comida que servirán, y por supuesto, imaginarme la cocina, con su revuelo, su correr de un lado a otro, los humos, los vapores y las pincitas poniendo flores en los platos. Mi fórmula –> Eso + comida posterior = placer infinito.

Podría decir que hacía buen día, pero en realidad hacía un calor sofocante y eso que lo único que recorrí a pie fueron los 10 metros del coche a la puerta, pero ya con ese trocito tuve bastante. Yo solo rezaba intentando recordar si me había dicho terraza o no, y en caso de ser la primera opción, buscar las palabras adecuadas para que nos cambiasen bajo el chorro del aire acondicionado. Por suerte, la terraza solo abría en horario nocturno, así que deseché toda suerte de disculpas que rondaban por mi cabeza.

El edificio principal en el que estaba el restaurante estaba rodeado de un jardín muy bien cuidado, muy bonito y frondoso, lo que hacía que refrescase un poco el ambiente de alrededor. Una vez dentro, nos atendió el jefe de sala, quien amablemente nos condujo hasta nuestra mesa, mientras un ir y venir de camareros silenciosos nos hizo partícipes durante un momento de su baile . Sobre la mesa una pequeña escultura descansaba como único adorno.

La persona encargada de las bebidas nos preguntó y por supuesto cayeron sendas cervezas heladas, porque el calor, el vino y yo no somos buenos compañeros. Y la cerveza bien fría se desliza muy suavemente por el gaznate. Placer veraniego. Y si se acompañan con unos frutos secos, mejor.

Como aperitivo, una tortita crujiente de camarón y una quenelle sobre frutos secos caramelizados y espárragos verdes escaldados.

El menú Tentaciones lo había cambiado, ahora se llamaba Elementos y se componía de una serie de platos que se inspiraban en los cuatro elementos en los que se encuentra la materia: tierra, aire, agua y fuego. 

La primera parte constaba de un resumen de los cuatro presentados en unas cajas, siendo el orden, Tierra (falsa trufa*), Agua (margarita de pomelo), Aire (etéreo de queso*) y Fuego (berenjena carbonizada).

Después de la intro,  comenzó a desfilar el elemento Tierra:

1. Nuestro tomate*.


2. Parmentier de patata morada.


3. Crema de guisantes*.


El Agua estuvo representado por:

4. Cigalas al vapor de tosaka verde*.


5. Falsa espardeña con lechuga asada.


6. Merluza con pil pil de gambas.


El Aire llegó con:

7.  Nube de queso con trufa*.


8. Arroz con pichón*.


9. Magret de pato*.


Y el Fuego hizo arder a:

10. Leche frita*.


11. Macaron picante*.


12. Savarin*.

He indicado con una estrellita los platos que me sedujeron, si bien he de decir que todos estaban muy buenos, estos especialemente me enamoraron. Y los postres, los amé mucho.

Para poner punto y final a la comida nos pusieron unos chupitos de orujo. ¡Que no! ¿Cómo van a poner unos chupitos de orujo? Nos pusieron un servicio de café acompañado de diferentes gourmandises de chocolate o de mantequilla, para endulzar el último momento del ágape.

Después de charlar un rato sobre la comida y dar nuestra aprobación, recogimos nuestros bártulos, nos despedimos del jefe de sala y nos fuimos a pasear por el jardín bajo un sol de justicia. Un paseo rápido, solo para las fotos pertinentes, y corriendo hasta el coche a ponernos bajo el chorro de aire acondicionado.

Y para completar la tarde, un poco de outlet de calzado en Elche y un trozo de tarta de Monsieur Gómez (Murcia).

Disparos (con la cámara) : @negativoensepia

La Finca de Susi –> Camí de Perleta, 1-7, 03295 Elche, Alicante. Teléfono: 965 456007

In Memoriam  Kiki (2011-2017)

Pecado Gastrobar (Murcia)

Fotografía : @negativoensepia

Se cumplen ya dos años desde la apertura del blog. Sinceramente, conociéndome, no pensaba que iba a durar más de seis meses actualizando. Y aunque a veces he tardado en crear nuevas entradas, finalmente he proseguido con la idea y he acabado renovando el blog de una manera u otra. Nunca pensé que unir comida y letras se convirtiese en mi hobby favorito y una manera de buscar los mejores platillos a precios razonables.

Y para celebrar este segundo aniversario hoy traigo una entrada de un restaurante en el que disfruté muchísimo, primero porque cuando no creas expectativas la sorpresa es mayor y segundo, porque comer con @negativoensepia siempre es un placer.

 El lugar del que hablo está en un lateral del  mercado de Verónicas. Es innovador, con una decoración original y con una carta que hace enloquecer a cualquier amante de la buena comida y además @negativoensepia tenía muchas ganas de comer allí porque se lo había recomendado una compañera del trabajo. Después de un intento fallido nos acercamos por allí un mediodía de mayo.

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Comensales
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Entrada al Edén
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Exterior
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Exterior

La carta no es extensa, cosa que siempre agradezco, porque lo bueno, si breve, dos veces bueno, y además es mucho más sencillo que el producto sea bueno. Tenemos la mala costumbre de no pedirle al camarero su opinión, o que nos ayude en la elección. Más bien nos basamos es nuestros humildes conocimientos sobre gastronomía y nuestra intuición,  acrecentada por nuestro estómago vacío de las dos y media de la tarde. A veces acertamos, a veces la fastidiamos, pero ahí está riesgo.

Al entrar me gusta que no haya mucho ruido ambiental, porque genera un gran estrés al comer, y en el caso de Pecado, no se oía ni la cocina. Al sentarnos nos trajeron aceite, pan y un surtido de aceitunas para ir abriendo boca mientras ojeábamos la carta de arriba a abajo. Nos decantamos por varios platos, variados, mar y tierra, y unas alcachofas. He de decir que la costumbre de pedir alcachofas en restaurantes es heredada de un buen amigo, Sergio, que nos enseñó que las alcachofas hay que pedirlas en sitios así, molones, porque las suelen cocinar muy bien.

Comenzamos con unas croquetas de boletus y marmitako de atún.

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Croquetas
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Boletus y marmitako

Seguimos por unas patatas bravas con chile habanero.

Un pulpo con salsa romescu trajo el mar

Las alcachofas con salsa de trufa y jamón ibérico.

Y para cerrar la ronda de salados, una carrillera con un brócoli súper crujiente.

Terminamos con una tarta de queso a la inversa.

Por cierto, de martes a jueves tienen menú del día, con platos muy buenos y precio popular, 12 euros. Con entrante, plato principal, postre o café y una bebida.

Pecado Gastro Bar –> Calle Verónicas, 8, 30004 Murcia.  Tlf 868 91 71 52

 

El café nos lo tomamos en Alegría Café, en el barrio del Carmen, al fresco, donde hacen unos frappés que te mueres de buenos, y es un sitio la mar de agradable.

 

Mostacho (Cartagena)

Llevo tiempo queriendo escribir sobre esta brasserie cartagenera a la que casi vi nacer. Voy constantemente y siempre me repito que tengo que hacer una entrada ya, pero al final, entre unas cosas y otras se me pasa, porque sé que voy a volver siempre que pueda.¡ Pero hasta aquí hemos llegado!

Mi primer acercamiento fue gracias a las redes sociales, fuente inagotable de descubrimientos, y fue tomándome un asiático, y me sirvió para curiosear a ver de qué iba a ir este nuevo sitio que se abría paso alejado de la zona de moda, como podía ser la calle del Aire o Cuatro Santos.

Mi primer asiático en Mostacho

Su estética me gustó mucho, cierto aire rústico, con unas florecitas sobre la mesa, las paredes decoradas con fotografías de mostachos notables del mundo de la cultura y la política y las bobinas reconvertidas en mesas son muy guais.

Eso es branding-, me dijo Rigo.

También he visto su evolución, tanto a nivel funcional como de carta, adaptándose a las nuevas necesidades. La que tenían en un principio se parece a la actual, aunque han ido aumentando los platos y productos que ofrecen. Hoy día es uno de los locales más completos que conozco, ya que por su horario (abren desde las 8 hasta las 12 de la noche) da lugar a poder hacer todas las comidas del día en él y te da hasta para tomarte unas copas. ¡Y tienen hasta cerveza propia! ¿Qué más se puede pedir? Pues ahora veréis cuando os cuente.

De los desayunos he hablado ya en el blog anteriormente, que tienen un precio tan espléndido como sus tostadas. Y también tienen unas meriendas espectaculares, con batidos gigantes como para que se los beba Tarta de Fresa y tartas de estilo americano.

Su plato estrella, sin duda, las hamburguesas, caseras, y hechas con mucho mimo y cuidado, y para todos los gustos con un pan muy rico que lleva un sello con el dibujo que representa al local, el bigote. Con cebolla caramelizada, guacamole, bacon, y demás ingredientes nobles, las hamburguesas llenan un montón, vamos, que con una cerveza y una de estas ya tienes la cena, y yo muchas veces no me la puedo acabar. Y calidad-precio, inmejorable.

También tienen molletes, y son un poco más ligeros, por si no quieres comer mucho, y también están muy buenos. Los tienen de carne mechada, con pimientos fritos,… Una delicia.

La carta se completa con tapas rápidas tipo tortilla de patatas, marineras (normales o de guacamole), magra con tomate, lágrimas  de pollo con salsa miel y mostaza, calamares, fritura,…

Eso sí, si uno tiene la idea de ir, más vale ir temprano, porque por las noches se pone de bote en bote, siendo casi imposible colocarte en alguna mesa si llegas más tarde de las diez, porque este local, aparte de tener encanto, tiene mucho ojo para el negocio, porque ha sabido moverse sirviéndose de la herramienta más poderosa que  existe hoy día para publicitarte: las redes sociales.  Y muy buena mano para las fotografías, a las que podríamos colgarle siempre  un #foodporn . De hecho, mientras estoy haciendo este post y reviso la información del sitio en su Facebook se me está haciendo la boca agua con las fotos que tiene colgadas. O si no su Instagram.

P.D. Importante! Chicxs gluten-free, en Mostacho os van a cuidar genial, ya que disponen de pan sin gluten para hamburguesas y desayunos, y de sidra y cerve  para acompañarlas (las hamburguesas y los molletes, claro :)). Y cuidan mucho el tema de la contaminación cruzada.

Mostacho  Bar –> C/ Licenciado Cascales, 10. Cartagena.

Y Magoga vuelve a conquistar (Cartagena)

La verdad es que cada vez que apostamos por el menú diario de Magoga es un acierto total. Hoy hemos estado comiendo / disfrutando de dos horas de buen comer, buena compañía, trato exquisito y una piedra que da muy buenas vibras, y que, curiosamente, es la misma que me ha tocado en las otras dos ocasiones que he comido allí. Comer en Magoga es terapéutico, medicinal diría yo, porque te alimenta el alma y comes dejando de lado todas las tensiones y malos rollos que hayas tenido a lo largo de la mañana. La luz tenue, los camareros que hablan a susurros, la gente, que por imitación, habla bajito,…una maravilla en contraposición a los ruidosos restaurantes donde los camareros y la gente estresada solo quiere engullir para irse corriendo y continuar sus vidas de correntillas pa´yá y pa´cá. El estrés no sirve para nada, así que vamos a hacernos un favor y cuando vayamos a comer dejemos las prisas si no queremos tener una úlcera de estómago antes del los 30.

Volviendo a la comida rica rica que hemos tomado hoy tenemos:

De entrante…

Una ensalada de judías verdes al dente, aguacate y una vinagreta con semillas de amapola.

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De primero…

Una moussaka con soja texturizada o una sopa de calabaza con crujiente de calabaza.

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De segundo…

Albóndigas en salsa de curry rojo y coco.

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De postre…

Tarta de naranja y chocolate negro.

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El menú incluye café y bebida, y una gran variedad de panes caseros artesanales.

Realmente merece la pena ir a darse un caprichito por lo menos un día a la semana. ¡Y tienen muy en cuenta dietas especiales!

Alta cocina a precio de escándalo.

Petit Komité (Cartagena)

Mira que cuando vi el nombre del restaurante me acordé mucho de mi primer blog, en cuyo título se incluía esta expresión típica francesa. Cuánto tiempo hace de aquello… Bueno, el caso que este lugar prácticamente recién estrenado, está  en la calle Ramón y Cajal, Cartagena, y nos llena de esperanza en lo referente a la nouvelle cuisine cartagenera. Ocupa una de esas plantas bajas de Ciudad Jardín que todo cartagenero mira con deseo y sueña con vivir. Dispone de una terraza y de dos plantas, una para tapear y otra para ir a carta. En nuestro caso, fuimos a menú cerrado, de 20 euros, en el que incluían bebida, varias tapas y postre.
Tapa 1) Salmorejos variados: melón, manzana verde, tradicional, servidos en botellitas.

Tapa 2) Marinera en pasta filo. 


Tapa 3) Empanadillas de criollo con una salsa muy rica en la que mojarla aunque se me quedó corto el plato.


Tapa 4) Mini hamburguesas de ternera, con un pan de curry muy “molloso” y con una salsa dulzona. Muy buenas.


Tapa 5) Yakitori de secreto, embadurnado de salsa barbacoa. Sabroso.


Tapa 6) Croquetas de pato y remolacha. 


Tapa 7) Brownie de chocolate sobre coulis de jengibre y adornos florales. Muy rico, sobre todo al empaparse del coulis.


De beber unas cañitas y vino de la casa, de La Diligente, si no me equivoco.


A continuación os dejo dos de las versiones gluten-free de las tapas que adaptó el chef.

       

No tardaremos en ir, esta vez de carta, a ver cómo juegan sus cartas los del Petit Komité.

Mostacho café (Cartagena)

(Hace 8 meses escribía) Ayer aterricé en la nueva cafetería que han puesto en Cartagena, muy cerca de la Casa del Niño, en la calle Licenciado Cascales. Es un sitio muy bonico, con un horario muy amplio, lo que le permite tener desayunos y almuerzos con caña y tapa, comidas con platos sencillos, meriendas, cenas de bocata y calamares, e incluso copas. Los precios son populares y al alcance de todos los bolsillos. Y el asiático requetebueno.

Bar Pedrín (El Albujón, Cartagena)

En la antigua carretera que va a Murcia se encuentra El Albujón, un pueblecico acogedor donde hacía tiempo quería ir a probar los famosos “asiáticos” del bar Pedrín, bien batidos y mezclado el café con los licores y la canela, cuyo dueño es toda una autoridad en el tema. Cuentan que es allí donde se prepara el mejor asiático de Cartagena y comarca, (¡y más allá!) y que mejor que ir a comprobarlo in situ para poder hablar con propiedad. Y allá que nos fuimos una tarde de enero, en buena compañía, a degustar esta especialidad de café. Y muy buenos que están, oiga, con su punto de canela, preparados con mimo por Pedrín. El barecico merece la pena visitarlo, muy pintoresco y un dueño amabilísimo.

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Magoga (Cartagena)

FOTOS en colaboraciónicon @negativoensepia

A pesar de ser un restaurante relativamente joven, el Magoga ha sabido escalar puestos en la alta cocina de la Región. Restaurante cuyos precios se adaptan a cualquier paladar, ha sabido democratizar la cocina de vanguardia y hacerla asequible a todo tipo de bolsillos, utilizando el concepto de cocina de mercado para llevar a cabo sus platos y menús.

La primera vez que escuché hablar de él fue al poco de abrir, gracias a las investigaciones de dos gourmets. Con la recomendación en nuestra mente, nos acercamos ese mismo verano a vivir el buen hacer de su cocina, tomando por aquel entonces un tartar de atún rojo de almadraba que quedaría grabado en memoria gustativa a fuego, y con el que me serviría de comparativo para el resto que fuese probando posteriormente. Unos arroces negro y  meloso de carabinero completaban la mesa y unos postres que cerraron una comida perfecta. De aquel entonces no conservo fotos, ya que no existía este humilde blog para contar todas las peripecias culinarias que vivía.

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Hacía tiempo que quería hacer un post sobre este rincón, pero tras una ocasión fallida por fuerza mayor, llegó el día en que volvimos, esta vez pidiendo menú. El menú del Magoga no es un menú cualquiera. Perfectamente estudiado, cuidando todos los detalles, adapta cuidadosamente la buena cocina a esa opción que es es el menú diario, dejando de lado esa costumbre viejuna de utilizar el menú del día como excusa para servir comida de rancho. Eso sí, me imagino que se requiere de un ejercicio de imaginación, gusto por la cocina y visión de mercado, pero el resultado es espléndido. Además le damos un punto extra por cuidar de aquellos con intolerancias alimentarias con mimo. (¡Tienen pan gluten-free!).

El menú de aquel miércoles constaba de ensalada, primer plato, segundo plato, postre, pan, café y bebida (caña), todo con muy buena relación calidad-precio (16€).

– Aperitivo.

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– De entrante, una ensalada con vinagreta dulzona, manzana, semillas de amapola y nueces.

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Ensalada
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Ensalada

– De primer plato un gazpacho de rúcula y naranja, refrescante para unos, pastel de verdura para otros.

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Gazpacho de rúcula
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Pastel de verduras

– De segundo plato, salmón en salsa de piña y eneldo, sin una sola espina, sobre una base de patatas panadera para unos, pollo a la brasa con salsa de piña para otros.

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Pollo a la brasa
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Salmón sobre patatas panadera

– De postre, un yogur cremoso con salsa de frutos rojos, muy bueno y ligero para unos y pan de calatrava para otros.

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Pan de calatrava
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Yogur casero

– El café, de Bernal, un cortado con una espumilla de lo más sugerente.

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Este menú elegante y ligero se completaba con un servicio amable, discreto y atento. Para la próxima vez iremos con los estómagos preparados para la mesa de queso móvil que tienen, y para probar el menú ALMA, que se dividirá en quince actos. ¡Allá iremos!

MAGOGA: Pl. Dr. Vicente García Marcos , 5 30201 Cartagena – Murcia Tf:+34 968 509 678 // +34 629 980 257