Bar David (Castillo del Moral, Gran Canaria)

Hoy hemos estado en el Castillo del Moral, al sur de Gran Canaria, comiendo en un barecito muy pequeño y familiar, que tiene un pescado fresquísimo. No tiene carta y te ponen el menú sin preguntarte lo que quieres. Sólo te peguntan la bebida.

El menú constaba de unas papas con mojo, una ensalada gigantesca y una parrillada de pescados variados (vieja, gallito, cabritilla).
Regado con una cerveza Tropical (de la isla).
Todo 20€ por persona. Para mí ha sido un poco caro, aunque las cantidades eran inmensas.
BAR DAVID Calle Párroco Román Navarro, 7, 35107 Castillo del Romeral, Las Palmas

FOTOS: Negativo en Sepia

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Camino a Guadalajara

Los viajes siempre son un buen momento. Te pones nerviosa pensando cómo será el lugar donde vas, cómo será el camino, dónde pararemos y sobre todo, cómo será su gastronomía. El día de antes también es importante, porque consultas en Internet posibles lugares que visitar, tomas nota, haces la maleta… Y si además es improvisado, mejor que mejor.

Aunque en este blog suelo hablar de restaurantes y demás, en este caso he decidió hacer una expcepción y contar todo el viaje, en agradecimiento a la tierra que tan amablemente nos ha acogido estos días. El caso es que el viaje, aunque no ha sido muy largo, sí lo hemos estirado mucho y hemos conseguido ver un montón de cosas. A ver cómo lo organizo. Por lo pronto ahí va el primer tramo del viaje, aunque apenas hay comida en él.

1er bocado –> La Roda

La ruta empezó por una parada en La Roda, en La Moderna, la confitería donde hacen los mejores miguelitos para mi gusto. Este pastelillo tiene su origen en la receta del rodense Manuel, que tras darle a probar a su amigo Miguel, decidió ponerle su nombre. El caso es que la crema del miguelito me chifla, porque no llega a ser como la crema pastelera, que lleva más huevo, la del miguelito parece que lleva más leche y es más líquida. Con ese hojaldre suave y mantecoso, nada recio, es un dulce que siempre hay que catarlo de nuevo, y pasar por esa confitería se ha convertido en una tradición.(Buen precio para buen desayuno)

LA MODERNA : Calle Alfredo Atienda, 6, 02630 La Roda, Albacete

2º bocado–> Torija (La Alcarria)

Tras hacer una visita rápida a la capital de la provincia, nos fuimos sin rumbo fijo  por la A2. Torija es un pueblecito en dirección Zaragoza una vez pasas Guadalajara. En la web de la Diputación leí que era bonito y que tenía un castillo medieval del siglo XI, así que nos desviamos un momento de nuestra ruta y paramos un rato allí. Echamos unas fotillos al castillo, de piedra grisácea y blanquecina, en una plaza rodeada de moreras, y lo rodeamos. Por allí pasó Camilo José Cela y existen recordatorios por todos los lugares de la zona, en los que se citan algunos fragmentos de su obra “Viaje a la Alcarria”. Una vez hechas las fotos pertinentes, nos fuimos a nuestra siguiente parada.

3er bocado –> Brihuega (La Alcarria)

Lo bueno que tiene la provincia de Guadalajara es que no tiene ese turismo exagerado que tienen otras provincias y su ritmo lento se agradece. Esto hace que encuentres pequeñas joyas como este pueblo de la Alcarria, un diamante en bruto y encanto a raudales. Su principal atractivo, reza un cartel que nos encontramos, es el agua, porque por allí pasa el Tajuña, afluente del Tajo, y la abundancia de agua se traduce en numerosas fuentes que salpican el pueblo: doce en el lavadero, y otras tantas en la plaza del Coso. Tiene también un jardincillo precioso donde nos encontramos a un señor de lo más amable, que se brindó a darnos algunos consejos de lo que visitar por la zona. Resultó ser también un visitante, y que todo lo que sabía se lo había contado un tal Luis, vecino del pueblo y guía turístico en ciernes. El caso es que nos dijo varios sitios para ver y mientras, nos contó, que él, alicantino y turista solitario, había ido de visita a casa de su hijo (que debía vivir por allí) y que, cámara en mano, se había echado a la carretera para ver todo lo que le permitían las ruedas de su descapotable. Tras una charla de lo más amena, nos despedimos, sin antes desear un buen viaje y dado mi gusto por visitar enterramientos nos fuimos a ver un cementerio de lo más pintoresco en el mismo pueblo. Cementerio, tanatorio e iglesia iban unidos y formaban un conjunto muy particular. Al cementerio se accedía por un arco que había a la derecha del tanatorio, y después de un breve pasillo, se llegaba a una explanada donde estaba las tumbas y se veía un paisaje espectacular. Así cualquiera descansa toda la eternidad. Mientras nos echábamos unas fotos con el paisaje de fondo, el señor apareció de nuevo para decirnos que si subíamos nos íbamos a sorprender. Y vaya si nos sorprendimos: sobre el tejado de la iglesia había otro cementerio, cuyo suelo y paredes estaban cubiertos de tumbas, tumbas que llegaban al 1750. Muy curioso.
El pueblo tiene un montón de tiendas de comestibles, donde venden la miel tan famosa de la zona y carnicerías donde puedes comprar cordero de primera. Lástima que ya hubiésemos comido.

4º bocado –> Cívica (La Alcarria)

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Este señor del que hablaba antes nos dijo que a unos diez minutos de Brihuega y en dirección a Masegoso de Tajuña había una aldea abandonada que un monje decidió excavar en la roca. Y como no llevábamos un rumbo fijo, pues allí nos fuimos. Un rato después llegamos a la aldea, que casi se pasa de largo y no te das cuenta. Está situada a la izquierda y hay que dejar el coche en la derecha, porque no hay más espacio. El entorno es muy bonito, el río pasa por abajo y el conjunto de roca esculpida sorprende, ya que está en ruinas y un cartel triste y solitario prohíbe el paso. Además, está en venta. A la izquierda de las ruinas hay una pequeña cascada, y tras la cascada, la cueva de la Mora, donde cuenta la leyenda que un padre encerró a su hija para que olvidase a su amado cristiano.

FOTOS: NEGATIVO EN SEPIA

Inglourious apfelstrudel

Tarantino se ha convertido en un director de culto gracias a transformar escenas de violencia políticamente incorrectas en imágenes llenas de belleza. Une diálogos inteligentes, personajes complejos, en su mayoría rozando la psicopatía, y cuerpos desmembrados en películas que hacen tilín en el hipotálamo. Y un vínculo especial con la comida. Desde Pulp Fiction hasta Kill Bill, en algún momento del metraje existe cierta alusión a ella: fast food, dulces austríacos, arroz envenenado o un sencillo vaso de leche. El hecho de introducir alimentos como telón de fondo convierte una escena con grandes dosis de violencia en algo más mundano, rozando lo esperpéntico.

Son innumerables los momentos en sus obras en los que se mezclan ágape y escenas sórdidas, pero hay una en concreto, que puedo ver hasta la saciedad. (Contiene spoilers) Culinariamente hablando, Malditos bastardos,  contiene un momento extraordinario, visual y auditivo. Es la secuencia del strudel de manzana.

El apfelstrudel es un pastel de manzana, cuyo origen, leo, se remonta a la cocina bizantina, armenia o turca, muy interesante, ya que la película me da a entender que el restaurante hace el postre como una manera de agasajar a los nazis durante la Francia de Vichy. Se debe tomar caliente y suele ir acompañado de helado de vainilla o crema inglesa, o como es el caso, de nata. La compañía del apfelstrudel debe ser fría, para crear contraste, como sucede con el coulin o el brownie.

Shosanna es “invitada” a un lujoso restaurante por el soldado-actor enamorado. Allí la esperan Goebbels, su secretaria  y el héroe, y, al acabar la escena, se les une Hans Landa, apodado “Cazador de judíos”, quien acabó con la familia de la joven. Le obliga a quedarse, ya que, como es normal, debe hacerle algunas preguntas por acoger la premiere y donde asistirán los altos mandos nacionalsocialistas.
Hans Landa comenta que el strudel que sirven no está mal y pide, para él y la señorita, sendos pasteles de manzana. Para acompañar, un espresso y un vaso de leche para ella, lo que recuerda a la escena inicial, en la casa de ganadero francés.
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El olvido de la nata por parte del personaje crea un momento de espera incómoda, mientras el ruido de la cucharilla sirviéndose el azúcar para el café es el único sonido que rompe el silencio. La nata, que no parece la que se podría servir en un lugar de categoría (de espray), es servida de cualquier manera, y parece que a Tarantino le gusta poner énfasis a esos momentos que carecen de importancia, focalizando la atención en el instante en el que el camarero la sirve. La nata que aparece sobre el strudel posteriormente no es la misma que está en el cuenco. Ésta última, parece montada de verdad.
El personaje que interpreta el actor Christoph Waltz come el strudel, hablando y masticando, dándole un tono de cotidianidad a lo que debería ser un interrogatorio en toda regla. El ruido de las cucharillas, del tenedor y el cuchillo mientras cortan el pastel, el entrechocar de los dientes, incluso los suspiros de la chica, crean una banda sonora única para el momento y son casi tan protagonistas como los actores.

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La escena acaba con un gesto que demuestra el desprecio del nazi hacia el pastel del restaurante y se traduce en un cigarro apagado sobre los restos que quedan en el plato. image

No recuerdo haber probado nunca el strudel de manzana. En ocasiones lo he visto en la sección de congelados de algún supermercado alemán, lo he mirado con curiosidad, pero nunca lo he comprado, porque me fío poco de su sabor. Y aunque nunca lo he probado, puedo imaginarlo en base al aspecto que tiene en la película. La pasta filo resquebrajándose, la compota de manzana caliente, aromatizada con canela, algunos frutos secos y la nata acuden a mi mente como si fuese real. Como lo consideraba raro, Internet, fuente inagotable de conocimientos que alimentan mi naturaleza hipocondríaca, me dio una pista sobre ello: el paladar mental.

Una de mis próximas metas invernales será hacer la receta del apfelstrudel que Sergi Arola propone en la presentación del DVD de Malditos bastardos. En un arrebato de locura me sentaré, me serviré nata y disfrazada de Hans Landa emularé ese maravilloso momento, y  una muñeca disfrazada de Shosanna mirará al vacío.