Kome (Murcia)

Fotografía de Negativo En Sepia

Improvisar. La improvisación nunca ha sido mi fuerte, pero cuando esa improvisación incluye un restaurante cuyo nombre tiene cuatro letras estupendas no me importa en absoluto.

Kome no es un restaurante al uso, como se estilan por la zona. Es un concepto diferente, expone las elaboraciones al cliente, cuando normalmente éstas se realizan en la intimidad de la cocina.

Es un local muy pequeño, con una barra en la que caben catorce personas, como mucho, por lo que es importante reservar con tiempo si queréis disfrutar de los platillos el día que tenéis previsto.

El cocinado, se debe realizar en dos partes: la primera en la que se realizan las preparaciones que requieren más tiempo, como macerados o cocciones complejas, y la segunda, que se realiza delante del comensal, y donde le ponen el punto final al cocinado. Esta concepción de restaurante me resulta muy atractiva, me gusta el ir y venir de los cocineros, poniendo un toque aquí, salpimentando allá, cortando, rallando, …Todo en perfecta armonía, como si fuera un baile previamente ensayado. Una performance perfectamente estudiada. Quizá el asunto de la barra y demás le hace a una pensar que es incómodo, pero tiene un almohadillado la pared de la barra que da gusto apoyar las rodillas ahí y  los movimientos lo compensan todo. En cuanto a los platos, no puedo decir más que maravillas. Sin duda merecedores de Estrella, cada uno de ellos, es para saborearlos en silencio, sin más distracción del ir y venir de los cocineros, y con un buen vino, que en este caso fue con D.O. Godello. He de decir que no soy muy amante del vino, pero bien es cierto que este que nos recomendaron le iba como anillo al dedo a las elaboraciones que llegaban hasta nuestra boca.

El secreto es dejarse llevar por las recomendaciones de los camareros, con la mente y la boca abiertas, y dejar sitio para el postre, porque también merece la pena.

¡Qué aproveche!   良い利益

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No se necesita más 🙂

Ostra.

Carpaccio de paladar de atún con helado de yuzu.

Tataki de atún con ensalada líquida.

Hígado de rape con golosina de seta.

Caldo-flan de pescado (pero no uno cualquiera)

Gamba roja sobre sorbete de agua de mar.

Galleta oreo con mousse de caza.Flan de mar (no recuerdo el nombre)

Boquerones tempurizados rellenos de ciruela japonesa.

Crujiente

Dumpling

Navaja con helado de pesto

Sopa de miso con tofu

Pescado adobado en tempura (no recuerdo el tipo de pescado).

Anguila sobre arroz.

Papada a la brasa

Trufa

Queso y panal de abejas autóctonas.

Dietas especiales: esta taberna se adapta fácilmente a la dieta gluten free.

Menú ” Déjate llevar por lo que te van poniendo” sale por unos 70 euros con maridaje.

KOME: Av. de la Libertad, 6, 30009 Murcia

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Puerta de Andalucía (La Puebla de Don Fadrique)

Restaurante Puerta de Andalucía (Puebla de Don Fadrique)Todos los años miramos atentamente la previsión del tiempo a lo largo del mes de enero, por si la nieve aparece por la Puebla de Don Fadrique, pero este año se ha hecho de rogar. Y hasta marzo nada de nada. Cuando vimos que el sábado pasado la nieve hacía acto de presencia en tan noble lugar, llenamos el depósito y rumbo a ver la nieve entre los almendros. Al llegar nos esperaba un bonito paisaje nevado a lo largo del camino hacia Santiago de la Espada y dio como resultado una buena cantidad de fotos en la nieve, poses varias, una nevada y una comida en el restaurante Puerta de Andalucía. Lo mejor que se puede hacer allí es hincarle el diente a los manjares que nos da el cerdo: blanco, butifarra, morcón, chorizo… Y eso fue lo que hicimos. Del cerdo, hasta los andares.

Viagem (culinario) a Portugal

 

Este año decidimos pasar el fin de año en Portugal. Me sorprendió gratamente, tanto por su ritmo de vida, tranquilo y pausado, que casa perfectamente con mi forma de vida ideal, como por su gastronomía, tan rica como sorprendente, de mar y tierra.  Tuvimos la ocasión de probar tanto la comida autóctona como la de otros países que habían sido colonia portuguesa.

En Lisboa:

Terras Gerais –>Después de reciclar algunas entradas y estar sin actualizar por culpa de mi compañía telefónica, hago una pequeña reseña desde el corazón de la ciudad lusa. Buscando con prisas un lugar para comer, hemos encontrado este pequeño y acogedor restaurante de tradición brasileña mineira.Una sopa de mandioca, pan de queso y ajo, yuca con queso, feijoada y vaca atolada ha sido nuestro menú. Y no podía faltar un brigadeiro de postre. Nos ha salido por  14 euros por persona. El dueño,muy simpático,se ha despedido plantándonos un para de besos a cada uno. Muito obrigado!    Calçada Santana, 70. Lisboa

Manteigaira –> Unos pasteis de nata riquísimos, con un suave toque a canela y cremosos y tostaditos.  Rua do Loreto, 2. Lisboa.

Pasteis de nata

Restaurante Mili –> Unos pescados muy bien cocinados y un arroz al curry rico. Fusión comida india y portuguesa. Te dicen que comentes en TripAdvisor :).  Calçada de Santana, 41. Lisboa.



Roda viva. Restaurante moçambicano –> En Alfama está este restaurante coqueto regentado por un chico la mar de simpático y donde comimos platillos típicos mozambiqueños muy curiosos. Beco do Mexias, 11.

 





Time Out Market –> Este antiguo mercado ha sido reconvertido en gastromercado por Time Out. Un montón de puestos dulces, salados, veganos, sin gluten, carne, pescado, nuevas tendencias,… Para todos los gustos. Mercado da Ribeira. Avda. 24 de Julho.   


En Sintra:

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Casa Piriquita –> Unas queijadas que te mueres de buenas, hechas con mucho amor y saboooor. Contundentes y densas, recordad que no se parecen en nada a los pasteis de nata. También tienen otros dulces ricos.  Rua Padaria, 1. 

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Queijadas

En Coimbra:

A Cozinha da Maria –> Allí cenamos un guiso llamado chafana, hecho con carne de cabra y vino, que nos resucitó después del frío que pasamos paseando. Además cayó un naco de porco, carne de cerdo asada, acompañada de patatas. Para terminar, una tarta de almendras, la mejor que he probado jamás!. Rua das Azeiteiras, 5.

En Oporto:

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Casa portuguesa do pastel de bacalhau –> Hacen unos pasteles tipo croqueta, muy cremosos y muy buenos. Si te tomas un par de estos y una cerveza, has cenado. No tiene sitio para sentarse, hay que comérselo de pie.

Bar Primor–> No recuerdo su nombre, no sé si se llamaba Primor, pero hacían una francesinha que estaba riquísima y un bacalhau a bras buenísimo. Allí comimos el día de Nochevieja, y nos llenamos tanto que no pudimos cenar 🙂 . Rua San Ildefonso, 288.

 

 

Y brindando con un vaso de oporto acaba nuestro viaje por tierras portuguesas.

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Bom apetite !

Mano a mano (Murcia)

FOTOS: Negativo en Sepia

MANO A MANO: C/ Gutiérrez Mellado, 9 30008  Murcia

Teléfono: 644 72 29 11

Precio: muy bueno, 10€ por persona

El otro día estuvimos en un sitio que tenía muchas ganas de ir, de los que miras desde el coche y te dices “La próxima voy” y luego siempre se olvida, o no caes o lo que sea. Al principio cuando pasaba no tenía casi gente, pero el “boca a boca” hace mucho, y las redes sociales, y ahora siempre está de “bote en bote”, por lo que es mejor ir un día de semana y al mediodía.Es un lugar de comida rápida, pero todo lo hacen con amor y con ingredientes cuidados al máximo, porque el queso sabe a queso, y el tomate está bueno, la masa…Y si todavía no lo habéis adivinado tenéis una pista más: es pizzería y empanadillería a la vez. Si ya a estas alturas nada de nada, os digo el nombre y no sigo mareando la perdiz: “Mano a mano“, en Centrofama.

Como ellos mismos se describen, es un sitio de comida rápida, pero con ingredientes 100% naturales, hecho con mimo y alegría, y aunando lo mejor de dos países, el del lado de acá y el del lado de allá: Italia y Argentina. Tienen unas pizzas riquísimas, y a los que les guste la masa finita, esta es su pizzería, y a los que les guste que el queso de las pizzas sea buena, pues lo mismo.

También tienen unas empanadas criollas rebuenas, picantes para los más valientes o suaves, nuestra elección, y empanadas con rellenos varios, como la que nos pedimos, de roquefort y nueces.

La pizza era la pequeña (que de pequeña solo tiene el adjetivo, porque comimos perfectamente dos personas), porque también las hay familiares, con pimiento, sala mí y jamón york y una mozzarella buenísima, de las que al separar los trozos se crean puentes de queso. No recuerdo ahora mismo cómo se llamaba, pero estaba buenísima. Para completar nuestro menú, nos pedimos un pan de ajo con mozzarella, y olía (y sabía) para morirse de gusto. imagePara regar la pitanza, nos pedimos una Quilmes y un quintico de Estrella de Levante, que nos refrescaron el gaznate de buena manera.

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Salimos con muy buen sabor de boca, y exultantes, por lo rica que estaba la comida y el personal tan agradable que tienen. Volveremos, y sí, es una amenaza.

 

La Tapadera (Murcia)

Fotografía: Negativo en Sepia

La Tapadera –>Calle Saavedra Fajardo, 2, 30001 Murcia

Precio: sobre los 15 – 20 euros

Si la tristeza asoma su hocico, ponerte a comer no es la mejor solución, porque siempre puedes caer en la ingestión compulsiva de alimentos. Si a la tristeza le sumas el haber dejado de fumar, la compulsión se multiplica por cien o mil, o qué sé yo, pero lo único en lo que piensas es en comer y fumar, no siempre en ese orden, como única manera de ahogar tu pena. Ahogarla literalmente, bien con humo o aplastada por kilos de comida. Pero eso no impide alguna que otra visita a los bares, para comprobar, más que nada, que cuando uno deja de fumar vuelve el sentido del gusto, y, sobre todo,  porque cuando una se pone con la rutina, deja a un lado aquello que le gusta hacer y lo cambia por las obligaciones, en mi caso correcciones, papeleos, exámenes, libretas, … Pero hoy he decidido volver a las andadas y hacer un poco de intrusismo, retomando mis historias de restaurantes. El máster en crítica culinaria, pues todo se andará.

Hay alimentos con los que podría alimentarme eternamente: los lomos de salmón ahumado del Mercadona, la costra de queso fundido que se forma en los macarrones gratinados, el chocolate al 70%, la morcilla asturiana, las naranjas de la huerta y otras tantas cosas más. Uno de esos alimentos que me dejo en el tintero es la coca de pimentón con sardina marinada y un picadillo de aceitunas, coronada con una espuma de Bloody Mary . Espléndido. El otro día me pedí dos, pero podía haber comido a base de sardinas marinadas si no fuese porque el resto de tapas de La Tapadera merecen tanto la pena que hice un esfuerzo y accedí a comer otra cosa que la coca. Por aquí os dejo un enlace que he encontrado esta tarde en El Comidista sobre sardinas marinadas.

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La bendita coca
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Plano detalle de la elegante sardina
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Lingote de pato empalomitado

¿Y qué pedimos? Pues de todo lo que nuestro estómago pudo albergar. En la carta que te dan puedes ver las tapas agrupadas por precios, todas ellas súper cuidadas, tanto en presentación como en sabor.  Para empezar, la coca al pimentón con sardina, que no voy a halagarla más, porque ha quedado bien claro que está buenísima. Después tomamos lingote de pato envuelto en palomitas (empalomitado podría decirse) con su carne estofada bien sabrosona. Ahora que pienso en él, se me hace la boca agua a pesar de haber cenado.

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La tosta con bacon

Continuamos con una tosta de pan ecológico con bacon, cebolla caramelizada y queso de cabra, un clásico en mi estómago, porque esa combinación me chifla hasta morir. Aquí está buenísimo, porque el pan está bien torradico, la cebolla pochada y el bacon tostado. Mmm.

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IMG-20150930-WA0007Y también nos liamos la manta a la cabeza y pedimos una tabla de quesos de La lechera de Burdeos, de esos pestosos que huelen a coliflor hervida, que estaban ricos, uno francés, otro italiano y otro catalán, acompañados de una cestita monísima hecha de trapillo azul llena de pan tostado casero crujiente. Esto acompañado de una buena caña fresca. ¿Qué más se le puede pedir a la vida? Pues cerrar el círculo con otra coca y otro lingote.

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El clásico de las tapas: la croqueta

También cayó una croqueta.

El local es muy chulo, sencillo, todo en tonos crema y un azul o verde, dependiendo del ojo que lo mire, con mucho encanto. Está muy bien de precio, en cuanto a la relación con la calidad del producto que ofrece.Podríamos decir de precio medio, entre 15 ó 20 euros por persona.

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La verdad es que las penas, irse, no se fueron, pero el tiempo que duró la comida se quedaron, tapadas, como en segundo plano. Y eso de que tienes más sabor por dejar de fumar, leyendas urbanas, oiga.

Gracias, Negativo en Sepia, por tus fotos.

Los Pachequitos (Murcia)

Fotografía: Negativo en Sepia

Los Pachequitos –>Av. de Alicante, 9, 30110 Churra, Murcia

Precio: sobre unos 15 euros

Cuando la crisis llegó y los constructores dejaron de hacer avisperos, ahora vacíos, a lo largo de las avenidas, quedó en Murcia un paisaje singular, donde se entremezclan las casas de huerta, acequias, merenderos, moles gigantes a todo confort, con piscina, pistas de pádel y preinstalación de aire acondicionado. Dos consecuencias de la construcción salvaje es la unión de las pedanías con la ciudad, en una sucesión de bloques, casi todos vacíos, y la resistencia de ciertos bares o merenderos que acabaron anclados en medio de esta vorágine. El merendero que está en el carril de la Almazara, en Cabezo de Torres, La lechuza, casi enfrente de Juan de Borbón, son algunos de los lugares pintorescos que fueron atrapados por el hormigón.

Otro es el de Los Pachequitos,  un bar que se encuentra en la entrada de la pedanía murciana de Churra y rodeado de supermercados, concesionarios y rotondas. La carne a la brasa, pollo y cordero,  es su especialidad, acompañada de patatas asadas con un buen alioli para untar. Y los fritos típicos murcianos como caballitos, tigres, croquetas, y un largo etcétera de lo empanado.

Allí cenamos anoche, gracias a los camareros que nos montaron una mesa en un santiamén, para que no nos quedáramos sin cenar.

Nos pedimos para beber un par de litros de cerveza, Estrella de Levante, por supuesto, estamos en la zona. Me gustan los sitios que te ponen el litro de cerveza y se dejan el rollo de las jarras, que a mí me mosquean bastante, porque no sabes cuánto hay de espuma y cuánto de líquido.

Una vez el gaznate fresco y pedidos los platos, éstos llegaron con una rapidez pasmosa, uno detrás de otro y en un segundo teníamos la mesa llena de comida. Para comer algo de verde, pedimos un tomate partío con olivas (tomate que sabía a tomate), con un buen chorrico de aceite para mojetear después y  una pizca de sal. Buenísimo. Después llegaron los calamares a la romana, muy bien hechos y un platico de queso y jamón recién cortado de la pata. Esto fue el aperitivo.

Y llegó el plato fuerte: dos platos de cordero y pollo a la brasa, churruscaitos, pero que no sabían a mechero, muy buenos, con el acompañamiento ya mencionado. El cordero estaba rico, con la grasa crujiente y el pollo me dijeron que también (no soy muy amante del pollo a la brasa).

Cuando dimos buena cuenta de la cena, intentamos pagar, pero parecía que nos querían invitar, porque no había manera de que nos trajeran la cuenta. Estuvimos esperando un buen rato hasta que llegó, y nos quedamos sorprendidos de lo barato que fue, ya que tocamos a 12 euros por cabeza, después de todo lo que habíamos comido. Lo único que no mola es que te digan la cuenta de viva voz, sin un ticket de por medio, pero ya que fue tan barato, decidimos no seguir indagando, por si acaso.

Como no pensaba escribir sobre la cena de anoche, solo tengo fotos de los platos vacíos, pero la vajilla era encantadora, de las de antes, y todo servido con un aire familiar y cotidiano, que parecía que mi abuela iba a salir  de la cocina de la casa de la huerta en cualquier momento. ¡Qué recuerdos!

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La ternasca (Zaragoza)

FOTOGRAFÍAS: Negativo En Sepia

La ternasca –>Calle Estébanes, 9, 50003 Zaragoza

Precio: sobre los 15-20 euros

 

El Tubo de Zaragoza es un viaje rápido por las tapas y raciones que puede ofrecer la gastronomía española en general y la aragonesa en particular. A ambos lados de las calles que conforman la zona se intercalan graffitis, terrazas, bares y hasta un cabaret ibérico. La cocina tradicional se mezcla con platos llegados de diferentes lugares del mundo. Por eso te puedes encontrar un tataki de atún, con una madeja de ternasco a la brasa o un cebiche (o un sushi de ternasco), todo en una misma carta. Eso lo puedes engullir en el sitio que cenamos la última noche de nuestro viaje: La ternasca. Con unas mesitas fuera forradas de césped artificial y decoradas con ovejas, la cena se antoja de maravilla.

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href=”https://losbocadosefimeros.files.wordpress.com/2015/08/image19.jpg”> Oveja, caña y césped[/c

En el interior, la gente se mueve de un lado a otro buscando las tapas expuestas como si de un museo se tratase, y un bullicio constante alegra el ambiente. Lo típico de allí, el ternasco de Aragón, con denominación de origen, que genera tantos platos como se pueda imaginar, típicos o de fusión, y si no échenle un vistazo a la carta, que se van a quedar ojipláticos y con la boca hecha agua.
A partir de aquí, absténganse vegetarianos y veganos. Comenzamos jugando con unos churrasquitos de ternasco, una croqueta de jamón gigantesca y unos chorizos sobre un pan tostado de esos que amenazan tormenta, pero que merecen la pena. La partida no se puede jugar sin unas cañas bien fresquitas, las que te recorren el gaznate y mientras le vas dando gracias al inventor del serpentín.

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https://losbocadosefimeros.files.wordpress.com/2015/08/image17.jpg”> Churrasquitos de ternasco[/captio
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ttps://losbocadosefimeros.files.wordpress.com/2015/08/image16.jpg”> Croquetón de jamón

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ps://losbocadosefimeros.files.wordpress.com/2015/08/image13.jpg”> Choricicos que barruntan tormenta

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Una vez damos cuenta de estos manjares, apostamos un poco más y nos decantamos por unos morros y una madeja de ternasco a la brasa. Esto último lo había visto muchas veces en el híper, pero, aunque soy una enamorada de las cosas rarunas, nunca me había atrevido a comprarlo. Los morros, están muy buenos, diferentes a los que había probado en la calle Laurel de Logroño y a los que probaría en Teruel. Y la madeja, está buena, pero quizá nuestra cota de grasa ese día ya está copada, y no lo disfrutamos igual que si lo hubiésemos comido al principio. No es nada caro, y relación calidad-precio, estupenda: cuatro bebidas, tres chorizos, un croquetón y los churrasquitos, 18 euros más o menos.

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Morricos

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osbocadosefimeros.files.wordpress.com/2015/08/image21.jpg”> Madeja con pan-tomate[/caption]

También quiero hacer una mención especial a los champiñones que comemos en El champi, un bar archiconocido en Zaragoza, donde sirven únicamente champiñones al ajillo con una gambita en la cúspide de esa montaña de hongos. La cerveza, artesanal, y muy fría, la sirven en unos botes de diferente procedencia, que junto a la tapa, ponen el toque original al sitio. El sitio no es caro, ya que tapa y cerveza no debe llegar a los 5 euros, pero no lo recuerdo muy bien.

cadosefimeros.files.wordpress.com/2015/08/img_0125.jpg”> Champis

 La cerveza en su tarrito y servilletero en El Champi

 

El viaje culinario por estas calles se completa con un viaje artístico a través de los graffitis que puedes encontrar a lo largo del Tubo, testigos mudos del ir y venir incesante de gente que se arremolina en las puertas y terrazas de los bares “tuberos”.

 

Galette, je t’aime! (Au pe’tit dolmen, Biarritz)

imageFOTOGRAFÍA: Negativo En Sepia

Au p’tit dolmen –>3 Avenue du Maréchal Foch, 64200 Biarritz, Francia

Formule menu midi –> 9,90 €

 

Biarritz se pavonea a lo lejos bañada en un mar de sol que le da a todo un color blanquecino. Esta ciudad que fue  antaño pueblo de pescadores balleneros, más tarde se convirtió lugar trendy entre la burguesía francesa y española, con sus balnearios y playas. Impresiona su arquitectura blanca mirando al mar y su costa rocosa salpicada de verde.
Hace calor, y la gente se agolpa en la playa, llena, para poder disfrutar de un trocito de arena donde poner el pareo y dorarse vuelta y vuelta.

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Nosotros paseamos buscando un restaurante para comer, angustiados porque se acerca la una y media, y en Francia ya se sabe el problema que tenemos los españoles y la hora, que no casamos. Pero una crepería bretona nos salva de tener que comprar unos sandwiches prefabricados, que saben a bocadillo de plástico de los que tenías de pequeña en el supermercado de juguete.

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La crepería Au p’tit dolmen es un establecimiento funcional y bonito, que tiene comida para llevar o un rinconcito muy mono para tomar allí. Prepara unos estuches muy cucos , unas cajas “formule plage” creo que se llamaban, en las que te pone todo lo necesario para un picnic en la playa, que está a diez minutos escasos. Para tomar allí tiene unas mesas puestas al estilo francés (muy juntas, muy juntas) y ofrecen un menú que incluye bebida, cidre bretonne (sidra bretona); una galette (cuya diferencia con el crepe que conocemos radica en el tipo de harina utilizada para hacerla, harina de trigo sarraceno); y un crepe dulce. Además de crepes y galettes, tiene helados caseros muy ricos.image
Para beber pedimos, junto con la jarrita de agua que ponen siempre, la sidra bretona, que se diferencia de la vasca que habíamos probado en que su sabor es más frutal, sabe más a manzana y tiene más burbujas.
imageLa galette que pedí tenía lo mejor de la Bretaña y la región de Saboya: una galette tartiflette. La tartiflette es una receta que apareció en los 80 como forma de promocionar el queso reblochon, y que se hace con patata cocida, lardons (trozos de panceta), cebolla frita, y todo en una bandeja de horno y sobre ella el reblochon cubriéndolo todo. Es una preparación que me trae muchos recuerdos y ligera como una pluma. La galette iba acompañada de unas hojas de lechuga hoja de roble, que en Francia suelen poner en casi todos los acompañamientos, con la vinagreta de mostaza de Dijon. Estaba realmente rico y me recordó, como la magdalena de Proust, a aquellos días en Grenoble, hace muchos, muchos años.

De postre, un crepe de nutella, para mí un clásico, que me hizo disfrutar un montón, ya que se diferenciaba perfectamente de la masa de la galette, siendo dulce y con un cierto toque de licor. Y la nutella, mítica e incomparable. Buenísimo.imageLos crepes y galettes, al igual que los cruasanes, no saben igual fuera del país galo. Los cruasanes con sabor a mantequilla son incomparables e inimitables, y no suelen utilizar aceites vegetales como utilizan aquí, que son veneno puro. La mantequilla, aunque sea muy calórica, le da ese sabor que no se puede encontrar en España. En cuanto a las galettes y crepes, ocurre lo mismo.

El café estaba bueno, aunque no nos acordamos que “un noissette” suele ser más fuerte que el cortado. Iba acompañado de una galleta bretona de mantequilla, y estos pequeños detalles siempre me hacen ilusión porque parece que complementa el café.image

Esta fue nuestra primera incursión culinaria en Francia. Aunque intentamos comer a la hora francesa, cada vez más, sobre todo en lugares turísticos, y para adaptarse a la demanda, sueles encontrar comida a cualquier hora.

Los cinco sentidos puestos en El Pollo Rockero (Murcia)

FOTOGRAFÍAS: Negativo En Sepia

El Pollo Rockero –>Ctra. Torres de Cotillas, 39, 30832 Javalí Nuevo, Murcia

Precio: en torno a los 25-30 euros por comensal.

Quizá la manera de definir El pollo rockero sea complicada. No es un restaurante al uso, ni un bar de tapas o un lugar donde te sirvan comida de cualquier manera. El Pollo rockero es un lugar de creación, donde la persona responsable del mismo convierte los frescos y humildes productos de la huerta murciana en platos que te rascan los nervios gustativos. El miércoles por la noche fuimos a este sitio, un garaje convertido en una sala de operaciones culinaria, que sorprende desde la misma llegada.

Salieron a recibirnos con un vasito bien fresco de sangría casera, que con el calor que hacía en Javalí Nuevo, bien se agradeció. Tras una pequeña espera en el porche, con el tiempo justo para inspeccionar el aseo, cosa que me encanta (este en concreto era espectacular: toallas de tocador dispuestas en una cajita, libros, para quien necesite inspiración, unos adornitos aquí y allá, maravilloso), y porque lavarse las manos antes de comer fue algo que me inculcaron, y oye, si no lo hago, como que me siento inquieta. Quizá sea un TOC.

Lo que se ve desde fuera
Lo que se ve desde fuera

Bueno, volviendo al lugar en sí, es muy curioso. Al empujar la puerta, cuyo tirador era un inmenso POLLO (palabra, no animal), descubrimos un amplio espacio con un techo altísimo, de donde colgaban lámparas de diversa procedencia. A la derecha había un colgador donde descansaban unos cuantos trajes de cocinero, muy extravagantes, y un sombrero de copa lleno de flores rojas. Al mirar al frente encontrabas un pequeño comedor con unas diez mesas, creo recordar, y al fondo la cocina, abierta, para poder observar el vaivén del autor de los platos a engullir. La música resonaba por todo el local, para inspirar y entretener al personal.

Fue el cocinero quien nos indicó la mesa en la que nos sentaríamos, quien nos puso una caja encima de la mesa y nos dijo que móviles y relojes descansarían allí durante toda la cena, para poder disfrutar del Menú “Cinco sentidos”. Por esta razón, no puedo poner imágenes de los platos, cosa que me fastidia mucho, porque una imagen…

El caso es que nos sirvieron las bebidas y enseguida empezó el desfile de platos,cada uno representaba un sentido, de ahí el nombre, que para una mejor lectura, pondré en forma de listado:

– Mero ahumado con ensalada de pimientos verde y amarillo, con una salsa de cilantro y citronela.

– OLFATO. Ensalada tibia de cebolla, boquerones en vinagre, con tomate (creo que iba asado al horno).

– VISTA. Zarangollo al estilo de El pollo rockero, con las verduras crujientes, con huevo que sabía a huevo, y con kikos, aventuro yo. También llevaba ñoras secas.

– OÍDO. Patatas asadas con aceite de romero y mayonesa de queso.

– GUSTO.Solomillo de chato murciano, con tacos de pera y chips de chirivía.

– TACTO. Costillas de cerdo ibérico adobadas (¡SEÑOR!).

Y después de estos manjares, que devoramos con mucha alegría, llegaron los postres:

– Crema de limón con sorpresa (la sorpresa era migas de bizcocho de chocolate negro).

– Una mousse de chocolate, pero creo que no era mousse, parecía más la trufa con la que se rellenan los pasteles, esa textura.

Para hacer una buena digestión, nos sirvieron un pequeño mojito, muy refrescante.

Yo, la verdad, soy muy sentida, y con estos platos, alguna lagrimilla se me saltó, porque estaban todos tan tan buenos, que no tengo palabras para describirlos.

Este menú no sé si estará para próximas veces, ya que el dueño cambia continuamente los platos, pero sea lo que sea, merecerá la pena. Siento no tener fotos, ya que la presentación estaba muy cuidada, pero eso ayudó a prestar más atención a la cena y a la comensal que tenía enfrente, con quien puedes tener una comunicación más fluida cuando una pantalla no está en medio. Eso sí, en cuanto salí del local, recordé y escribí todo lo que recordaba, como si de los apuntes para el examen de final de curso se tratase.

Sin duda volvería a este sitio con los ojos cerrados. No literalmente, claro.

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Lo que se ve desde dentro
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Sangría bien fría

 

Las tostadas del Milano (Murcia)

Fotografía: Negativo en Sepia

Café Milano –>Av. Abenarabi, 4, 30008 Murcia

Café con leche y media tostada de la casa: 2,50 €

Para mí el desayuno es la comida más importante del día. Da igual que luego coma cualquier cosa o cene poco, pero el desayuno es sagrado. Por eso me gusta elegir bien el sitio para desayunar, donde hagan las mejores tostadas, el café bueno y que tenga una terraza para tomar el solecito de invierno.

Para que un sitio de desayunos me conquiste debe tener una serie de ingredientes imprescindibles:

• El pan debe ser bueno, nada de panecillos pochos, congelados o del día anterior.

• El café, por descontado, no debe saber a maíz horneado, como saben algunos cafés que he tomado en los bufés de desayuno de ciertos hoteles.

• Lo que acompaña las tostadas, también tiene que tener una calidad mínima: la mantequilla, que sea mantequilla, no grasa vegetal como ponen en algunos sitios; y el tomate rallado, que esté rallado, y no triturado como te lo sirven algunas veces.

• Si se opta por bollería, debe ser casera y no industrial.

El Milano reúne sin problema todas estas condiciones. Es un pequeño café que abre unas cuantas horas al día, ya que se nutre de los desayunos y llega hasta el café de la tarde. Sus dueños, presumo, son italianos, al menos uno de ellos, lo que hace que tenga una carta especial de tostadas, muchas de ellas con embutido de la casa Ferrarini, para lo que prefieren desayuno salado. En la sección dulce de tostadas, las clásicas, y una de nutella, para los más golosos. Sin exagerar tendrán unas veinte clases de tostadas diferentes, y las hacen con un pan redondo, buenísimo.
Mi preferida es la tostada de la casa, con tomate rallado y parmesano por encima, a la que ponen también orégano.

En cuanto al café, increíble. Tiene uno de la marca Blackzi, que la conocí hace relativamente poco, una marca italiana con café está muy rico. La cafetería tiene una variedad inmensa, entre los que destacan cinco clases de capuchino diferentes, un paraíso para los amantes del café italiano. Yo suelo pedir el café con leche para desayunar, ya que lo hacen con espuma de leche y disfruto un montón mezclándola con el resto del café, lo que le da una buena textura a la bebida.

 

Tostada de la casa del Milano. Fotografía: Negativo en Sepia

 Los dueños son encantadores y ayer me sorprendieron al ver que tenían una botella de agua bien fría sobre la barra a disposición de los clientes, con los vasos preparados para echarte un buen vaso de agua, que apetece después de tomar el café, y más con el calor que hace últimamente por estos lares.

Sin duda, un lugar perfecto para desayunar.