La patisserie de Lucie (Altorreal, Murcia)

A veces una coge el coche, se va por ahí, y a tirar millas como Thelma y Louise. Como el final la peli no me convencía preferí construir mi propio desenlace en una pastelería de una urbanización estilo Agrestic (Weeds) que tanto se llevan en el sureste de la península. En Altorreal, a las muy afueras de Murcia, se encuentra una pastelería francesa que descubrí gracias al dueño (muy majo), de una cafetería donde le servían los cruasanes, que estaban para chuparse los dedos. Y como no podía dejar de pensar en ellos dos semanas después, me aventuré un viernes para merendar por todo lo alto y en soledad.

Al llegar a la patisserie me la había imaginado pequeña, con aires parisinos de finales del XIX, pero para mi sorpresa me encontré un local con decoración  tipo industrial, autoservicio y bastante más grande de lo imaginado. Claro, que si tienen obrador, es necesario espacio, y me imagino que clientela tendrán bastante, si tienen que surtir a la urbanización.

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Entré con decisión hacia los mostradores, mirando lo que me ofrecían: pasteles de frutas, de merengue, con nata, con chocolate, todos muy finos y muy elaborados, y también salados, en forma de quiche . Al otro lado del mostrador de los pasteles, tenían el de los cruasanes, muy grande, por lo que deduje que debían vender bastantes, y los había sencillos y con una barrita de chocolate dentro. El último mostrador contenía varios tipos de panes en hogaza: de cereales, masa madre, de olivas, integral,… Un vicio absoluto, sin duda. Los panes, por cierto, los venden al peso, y puedes elegir un trozo de uno y te lo rebanan si así quieres. Si te llevas cruasanes, recuerda meterlos en una bolsa si los vas a dejar en el asiento del coche para transportarlos, porque la mantequilla traspasa el papel…

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Fijaos en el cruasán, no en el café, que es del sitio del desayuno, que por cierto se llama Buen Café 😉

Después de mucho remirar, porque elegir a lo loco no es lo mío, mi tiré a por un clafoutis de ciruelas y un cortado, que por cierto, es Nespresso, y me fui a una mesa a disfrutar de la merienda como si fuese una colegiala que acaba de salir a las cinco. Me cogí una revistilla y el periódico, pero al final dediqué mi tiempo a divagar y a pensar qué les había llevado a poner una patisserie allí, cuál era su pasado, y si les iba bien, eso sí estaba claro. Y a echar fotos, claro, cosa que siempre me cuesta un montón, porque me pienso que estoy haciendo algo ilegal o yo qué sé y me pongo nerviosa y al final no me salen todo lo bien que quisiera.

El clafoutis es una tarta hecha con masa quebrada y un relleno de crema pastelera cuajada y con trozos de fruta navegando por ella. el sabor ácido de la ciruela y los frutos rojos que llevaba de decoración contrastaban con el dulzor de la crema y la masa, y hacía una mezcla riquísima en boca. El café estaba bien bueno, por lo que acabé muy satisfecha con el conjunto elegido y muy contenta con mi “descubrimiento”.

Os dejo las fotos por aquí, no son muchas, pero os podéis hacer una idea de mi felicidad.

La Patisserie de Lucie –> Avda. del Golf, 104 30506 Molina de Segura, Murcia.

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La Finca de Susi (Elche)

Cuando te dicen que hagas la lista de regalos para tu cumpleaños empiezas a pensar en un montón de cosas que vas dejando de comprar para pedirlas posteriormente en esa lista que a ti te hace un mundo y a los que te regalan, ni te digo. Pues el menú Tentaciones de La Finca (Elche) fue mi regalo de cumple, y si queréis que os diga la verdad, prefiero un recuerdo culinario, porque donde esté el atesorar recuerdos que se quiten los objetos.

Al apuntar esta fecha en el calendario (con algún cambio por una buena causa) ya iba pensándolo y disfrutándolo unos días antes, paladeando mentalmente la comida que servirán, y por supuesto, imaginarme la cocina, con su revuelo, su correr de un lado a otro, los humos, los vapores y las pincitas poniendo flores en los platos. Mi fórmula –> Eso + comida posterior = placer infinito.

Podría decir que hacía buen día, pero en realidad hacía un calor sofocante y eso que lo único que recorrí a pie fueron los 10 metros del coche a la puerta, pero ya con ese trocito tuve bastante. Yo solo rezaba intentando recordar si me había dicho terraza o no, y en caso de ser la primera opción, buscar las palabras adecuadas para que nos cambiasen bajo el chorro del aire acondicionado. Por suerte, la terraza solo abría en horario nocturno, así que deseché toda suerte de disculpas que rondaban por mi cabeza.

El edificio principal en el que estaba el restaurante estaba rodeado de un jardín muy bien cuidado, muy bonito y frondoso, lo que hacía que refrescase un poco el ambiente de alrededor. Una vez dentro, nos atendió el jefe de sala, quien amablemente nos condujo hasta nuestra mesa, mientras un ir y venir de camareros silenciosos nos hizo partícipes durante un momento de su baile . Sobre la mesa una pequeña escultura descansaba como único adorno.

La persona encargada de las bebidas nos preguntó y por supuesto cayeron sendas cervezas heladas, porque el calor, el vino y yo no somos buenos compañeros. Y la cerveza bien fría se desliza muy suavemente por el gaznate. Placer veraniego. Y si se acompañan con unos frutos secos, mejor.

Como aperitivo, una tortita crujiente de camarón y una quenelle sobre frutos secos caramelizados y espárragos verdes escaldados.

El menú Tentaciones lo había cambiado, ahora se llamaba Elementos y se componía de una serie de platos que se inspiraban en los cuatro elementos en los que se encuentra la materia: tierra, aire, agua y fuego. 

La primera parte constaba de un resumen de los cuatro presentados en unas cajas, siendo el orden, Tierra (falsa trufa*), Agua (margarita de pomelo), Aire (etéreo de queso*) y Fuego (berenjena carbonizada).

Después de la intro,  comenzó a desfilar el elemento Tierra:

1. Nuestro tomate*.


2. Parmentier de patata morada.


3. Crema de guisantes*.


El Agua estuvo representado por:

4. Cigalas al vapor de tosaka verde*.


5. Falsa espardeña con lechuga asada.


6. Merluza con pil pil de gambas.


El Aire llegó con:

7.  Nube de queso con trufa*.


8. Arroz con pichón*.


9. Magret de pato*.


Y el Fuego hizo arder a:

10. Leche frita*.


11. Macaron picante*.


12. Savarin*.

He indicado con una estrellita los platos que me sedujeron, si bien he de decir que todos estaban muy buenos, estos especialemente me enamoraron. Y los postres, los amé mucho.

Para poner punto y final a la comida nos pusieron unos chupitos de orujo. ¡Que no! ¿Cómo van a poner unos chupitos de orujo? Nos pusieron un servicio de café acompañado de diferentes gourmandises de chocolate o de mantequilla, para endulzar el último momento del ágape.

Después de charlar un rato sobre la comida y dar nuestra aprobación, recogimos nuestros bártulos, nos despedimos del jefe de sala y nos fuimos a pasear por el jardín bajo un sol de justicia. Un paseo rápido, solo para las fotos pertinentes, y corriendo hasta el coche a ponernos bajo el chorro de aire acondicionado.

Y para completar la tarde, un poco de outlet de calzado en Elche y un trozo de tarta de Monsieur Gómez (Murcia).

Disparos (con la cámara) : @negativoensepia

La Finca de Susi –> Camí de Perleta, 1-7, 03295 Elche, Alicante. Teléfono: 965 456007

In Memoriam  Kiki (2011-2017)

Mostacho café (Cartagena)

(Hace 8 meses escribía) Ayer aterricé en la nueva cafetería que han puesto en Cartagena, muy cerca de la Casa del Niño, en la calle Licenciado Cascales. Es un sitio muy bonico, con un horario muy amplio, lo que le permite tener desayunos y almuerzos con caña y tapa, comidas con platos sencillos, meriendas, cenas de bocata y calamares, e incluso copas. Los precios son populares y al alcance de todos los bolsillos. Y el asiático requetebueno.

Bar Pedrín (El Albujón, Cartagena)

En la antigua carretera que va a Murcia se encuentra El Albujón, un pueblecico acogedor donde hacía tiempo quería ir a probar los famosos “asiáticos” del bar Pedrín, bien batidos y mezclado el café con los licores y la canela, cuyo dueño es toda una autoridad en el tema. Cuentan que es allí donde se prepara el mejor asiático de Cartagena y comarca, (¡y más allá!) y que mejor que ir a comprobarlo in situ para poder hablar con propiedad. Y allá que nos fuimos una tarde de enero, en buena compañía, a degustar esta especialidad de café. Y muy buenos que están, oiga, con su punto de canela, preparados con mimo por Pedrín. El barecico merece la pena visitarlo, muy pintoresco y un dueño amabilísimo.

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Magoga (Cartagena)

FOTOS en colaboraciónicon @negativoensepia

A pesar de ser un restaurante relativamente joven, el Magoga ha sabido escalar puestos en la alta cocina de la Región. Restaurante cuyos precios se adaptan a cualquier paladar, ha sabido democratizar la cocina de vanguardia y hacerla asequible a todo tipo de bolsillos, utilizando el concepto de cocina de mercado para llevar a cabo sus platos y menús.

La primera vez que escuché hablar de él fue al poco de abrir, gracias a las investigaciones de dos gourmets. Con la recomendación en nuestra mente, nos acercamos ese mismo verano a vivir el buen hacer de su cocina, tomando por aquel entonces un tartar de atún rojo de almadraba que quedaría grabado en memoria gustativa a fuego, y con el que me serviría de comparativo para el resto que fuese probando posteriormente. Unos arroces negro y  meloso de carabinero completaban la mesa y unos postres que cerraron una comida perfecta. De aquel entonces no conservo fotos, ya que no existía este humilde blog para contar todas las peripecias culinarias que vivía.

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Hacía tiempo que quería hacer un post sobre este rincón, pero tras una ocasión fallida por fuerza mayor, llegó el día en que volvimos, esta vez pidiendo menú. El menú del Magoga no es un menú cualquiera. Perfectamente estudiado, cuidando todos los detalles, adapta cuidadosamente la buena cocina a esa opción que es es el menú diario, dejando de lado esa costumbre viejuna de utilizar el menú del día como excusa para servir comida de rancho. Eso sí, me imagino que se requiere de un ejercicio de imaginación, gusto por la cocina y visión de mercado, pero el resultado es espléndido. Además le damos un punto extra por cuidar de aquellos con intolerancias alimentarias con mimo. (¡Tienen pan gluten-free!).

El menú de aquel miércoles constaba de ensalada, primer plato, segundo plato, postre, pan, café y bebida (caña), todo con muy buena relación calidad-precio (16€).

– Aperitivo.

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– De entrante, una ensalada con vinagreta dulzona, manzana, semillas de amapola y nueces.

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Ensalada

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Ensalada

– De primer plato un gazpacho de rúcula y naranja, refrescante para unos, pastel de verdura para otros.

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Gazpacho de rúcula

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Pastel de verduras

– De segundo plato, salmón en salsa de piña y eneldo, sin una sola espina, sobre una base de patatas panadera para unos, pollo a la brasa con salsa de piña para otros.

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Pollo a la brasa

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Salmón sobre patatas panadera

– De postre, un yogur cremoso con salsa de frutos rojos, muy bueno y ligero para unos y pan de calatrava para otros.

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Pan de calatrava

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Yogur casero

– El café, de Bernal, un cortado con una espumilla de lo más sugerente.

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Este menú elegante y ligero se completaba con un servicio amable, discreto y atento. Para la próxima vez iremos con los estómagos preparados para la mesa de queso móvil que tienen, y para probar el menú ALMA, que se dividirá en quince actos. ¡Allá iremos!

MAGOGA: Pl. Dr. Vicente García Marcos , 5 30201 Cartagena – Murcia Tf:+34 968 509 678 // +34 629 980 257

Camino a Guadalajara

Los viajes siempre son un buen momento. Te pones nerviosa pensando cómo será el lugar donde vas, cómo será el camino, dónde pararemos y sobre todo, cómo será su gastronomía. El día de antes también es importante, porque consultas en Internet posibles lugares que visitar, tomas nota, haces la maleta… Y si además es improvisado, mejor que mejor.

Aunque en este blog suelo hablar de restaurantes y demás, en este caso he decidió hacer una expcepción y contar todo el viaje, en agradecimiento a la tierra que tan amablemente nos ha acogido estos días. El caso es que el viaje, aunque no ha sido muy largo, sí lo hemos estirado mucho y hemos conseguido ver un montón de cosas. A ver cómo lo organizo. Por lo pronto ahí va el primer tramo del viaje, aunque apenas hay comida en él.

1er bocado –> La Roda

La ruta empezó por una parada en La Roda, en La Moderna, la confitería donde hacen los mejores miguelitos para mi gusto. Este pastelillo tiene su origen en la receta del rodense Manuel, que tras darle a probar a su amigo Miguel, decidió ponerle su nombre. El caso es que la crema del miguelito me chifla, porque no llega a ser como la crema pastelera, que lleva más huevo, la del miguelito parece que lleva más leche y es más líquida. Con ese hojaldre suave y mantecoso, nada recio, es un dulce que siempre hay que catarlo de nuevo, y pasar por esa confitería se ha convertido en una tradición.(Buen precio para buen desayuno)

LA MODERNA : Calle Alfredo Atienda, 6, 02630 La Roda, Albacete

2º bocado–> Torija (La Alcarria)

Tras hacer una visita rápida a la capital de la provincia, nos fuimos sin rumbo fijo  por la A2. Torija es un pueblecito en dirección Zaragoza una vez pasas Guadalajara. En la web de la Diputación leí que era bonito y que tenía un castillo medieval del siglo XI, así que nos desviamos un momento de nuestra ruta y paramos un rato allí. Echamos unas fotillos al castillo, de piedra grisácea y blanquecina, en una plaza rodeada de moreras, y lo rodeamos. Por allí pasó Camilo José Cela y existen recordatorios por todos los lugares de la zona, en los que se citan algunos fragmentos de su obra “Viaje a la Alcarria”. Una vez hechas las fotos pertinentes, nos fuimos a nuestra siguiente parada.

3er bocado –> Brihuega (La Alcarria)

Lo bueno que tiene la provincia de Guadalajara es que no tiene ese turismo exagerado que tienen otras provincias y su ritmo lento se agradece. Esto hace que encuentres pequeñas joyas como este pueblo de la Alcarria, un diamante en bruto y encanto a raudales. Su principal atractivo, reza un cartel que nos encontramos, es el agua, porque por allí pasa el Tajuña, afluente del Tajo, y la abundancia de agua se traduce en numerosas fuentes que salpican el pueblo: doce en el lavadero, y otras tantas en la plaza del Coso. Tiene también un jardincillo precioso donde nos encontramos a un señor de lo más amable, que se brindó a darnos algunos consejos de lo que visitar por la zona. Resultó ser también un visitante, y que todo lo que sabía se lo había contado un tal Luis, vecino del pueblo y guía turístico en ciernes. El caso es que nos dijo varios sitios para ver y mientras, nos contó, que él, alicantino y turista solitario, había ido de visita a casa de su hijo (que debía vivir por allí) y que, cámara en mano, se había echado a la carretera para ver todo lo que le permitían las ruedas de su descapotable. Tras una charla de lo más amena, nos despedimos, sin antes desear un buen viaje y dado mi gusto por visitar enterramientos nos fuimos a ver un cementerio de lo más pintoresco en el mismo pueblo. Cementerio, tanatorio e iglesia iban unidos y formaban un conjunto muy particular. Al cementerio se accedía por un arco que había a la derecha del tanatorio, y después de un breve pasillo, se llegaba a una explanada donde estaba las tumbas y se veía un paisaje espectacular. Así cualquiera descansa toda la eternidad. Mientras nos echábamos unas fotos con el paisaje de fondo, el señor apareció de nuevo para decirnos que si subíamos nos íbamos a sorprender. Y vaya si nos sorprendimos: sobre el tejado de la iglesia había otro cementerio, cuyo suelo y paredes estaban cubiertos de tumbas, tumbas que llegaban al 1750. Muy curioso.
El pueblo tiene un montón de tiendas de comestibles, donde venden la miel tan famosa de la zona y carnicerías donde puedes comprar cordero de primera. Lástima que ya hubiésemos comido.

4º bocado –> Cívica (La Alcarria)

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Este señor del que hablaba antes nos dijo que a unos diez minutos de Brihuega y en dirección a Masegoso de Tajuña había una aldea abandonada que un monje decidió excavar en la roca. Y como no llevábamos un rumbo fijo, pues allí nos fuimos. Un rato después llegamos a la aldea, que casi se pasa de largo y no te das cuenta. Está situada a la izquierda y hay que dejar el coche en la derecha, porque no hay más espacio. El entorno es muy bonito, el río pasa por abajo y el conjunto de roca esculpida sorprende, ya que está en ruinas y un cartel triste y solitario prohíbe el paso. Además, está en venta. A la izquierda de las ruinas hay una pequeña cascada, y tras la cascada, la cueva de la Mora, donde cuenta la leyenda que un padre encerró a su hija para que olvidase a su amado cristiano.

FOTOS: NEGATIVO EN SEPIA

Tarde de compras y Socolá (Murcia)

Esta tarde, después de dejarnos todos nuestros ahorros del mes en el Mercadito de cositas que han puesto en Ficciones, ha tocado ir de merendola y ni más ni menos que a un sitio que tenía muchas ganas: Socolá. Es una pastelería-cafetería donde antaño estuvo Pequeña Miss Cupcake (suspiro), y que cada vez que he pasado siempre me he quedado mirando a través del cristal y con ganas de entrar a tomarme unas de las tartas que tienen expuestas con tan buenísima pinta.

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El local se les ha quedado muy chulo, con las paredes pintadas por Casa Chiribiri, súper bonicas, y en tonos chocolate, le han cambiado el mobiliario y lo han puesto más rústico, que le da un aire confortable, como de estar en casa.

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Hoy, al comentar que estaba allí, me han recomendado probar la tarta Guiness, pero no tenían, así que nos hemos pedido el último trozo de Red Velvet y uno de tarta de zanahoria, y, para acompañar, un café latte de avellana, cortado y bombón.

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Cuando yo ya estaba salivando pensando en la Red Velvet, a pesar de no ser para mí, ha llegado la chica a decirnos que el trozo le correspondía a una mesa que iba por delante de nosotras, así que hemos elegido tarta de queso al estilo neoyorquino. La verdad es que el cambio no ha estado nada mal, porque la tarta estaba de rechupete, con la mermelada bien batida, sin grumos, y la de zanahoria también, jugosa, con sus correspondientes canela y nueces, y con pasas.

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Los cafés estaban también ricos, sobre todo el de avellana, y además eran de Salzillo ecológico, así que el doble de buenos.


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Pues hemos merendado la mar de bien, en buena compañía, y después de arreglar el mundo un poco y dejarnos el resto de nuestros ahorros, hemos recogido los bártulos y nos hemos ido a seguir recorriendo las calles de Murcia, que por cierto, estaban a rebosar.

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Una vez catadas estas dos tartas,ya tengo la excusa perfecta para volver otro día a zamparme la Red o la Guiness y esta vez pedirme ese café con avellanas, uno de los que hay dentro de la inmensa carta de tés y cafés que tienen. Mientras tanto, contaré los días para mi vuelta.

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SOCOLÁ:    C/ Mariano Vergara, 5    30003 Murcia

FOTOS: Negativo en Sepia

Café Lab ha llegado a la ciudad (de Cartagena)

El hecho de escribir dos post seguidos en cuestión de dos días es algo inusual en mí, sobre todo por el hecho de estar en otros menesteres. Pero a veces, dejar a un lado las obligaciones y darle tiempo a las devociones, hace que se te airee el cerebro y veas la vida de color de rosa. La premura tiene que ver un poco con la apertura de un local nuevo que merece la pena visitar lo antes posible.

  
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Ya conocía la tienda de cafés que hay justo al lado, y que, presumo, son de los mismos dueños. En Cafés Bernal he comprado en infinidad de ocasiones, porque me gusta mucho esta pequeña boutique del café, elegante, donde están todos guardados en cajitas y te lo sirven con los palitas doradas que tanto me gustan. Pues justo al lado, como decía antes, han abierto este local nuevo, con aire a cafetería chula de Barcelona, de esas que están en la zona de moda, en Sant Antoni, donde te sirven un brunch, como en el Federal.

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El Café Lab es un sitio de los que entras y ya notas el buen karma, de los que gustan para tomarte un café en soledad, mientras lees o echas un vistazo a lo más granado de twitter, como si estuvieras en el salón de tu casa. De eso se encarga “Flori“, que pone ramilletes con flores y plantas aquí y allá, y parece que acaban de recogerlos dando un paseo y le da ese aire a casa de campo. Sus dueños están concienciados con el reciclaje y eso se ve en la reutilización de elementos como la arpillera de los sacos del café como cojines de taburete, los cacillos  de las máquinas  de café como picaportes o tazas antiguas que hacen las veces de lámparas, y en el uso de servilletas de papel reciclado. La iluminación también ayuda a dar calidez al ambiente, así como la madera o los elementos de cobre a los que le han dado una segunda oportunidad en la vida. La “culpa” del ambiente confortable también la tienen los chicos y chicas que trabajan allí, que te brindan un trato agradable, interesándose en todo momento por cómo se encontraba el café o los pasteles que se habían servido, y esto se agradece, porque te sientes como una niña mimada. Es un sitio con un aire diferente y con la osadía de querer cambiar el concepto de cafetería que se puede conocer en una ciudad como esta, muy reacia a todo lo que huele a innovación.

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El local tiene cuatro zonas muy bien definidas: una “Genius zone”, donde harán cursos relacionados con el mundo del café, una terracota con muchas plantas que le dan alegría, la cafetería propiamente dicha, con unas mesas y una barra que invita a sentarse, y una parte iluminada por cafeteras que se precipitan del techo, a medio camino entre sala de exposición y tienda, donde puedes encontrar edulcorantes naturales, endulzantes, muchos tipos de té, speculoos (esas galletas doradas tan crujientes), tazas con pulpos que emergen, y un largo etcétera.

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Y llegamos al corazón del Café Lab: su carta. Tiene una carta estupenda, con una amplia variedad de cafés y de formas de prepararlo (tienen hasta cinco maneras distintas de hacerlo, entre la que se encuentra la prensa francesa o chemex). Además de los cafés también encontramos desayunos, con productos ecológicos y orgánicos, diversos tipos de pan para hacer tostadas (cosa que se agradece, yo ya le he echado el ojo a uno para alguna visita mañanera) y los licuados que harán las delicias de los veggies. Si eres golosón puedes acompañar el café con un dulce, tienen cookies gigantes, tarta y pasteles, cosa que echaba de menos en las cafeterías de Cartagena, como dije en el post anterior.

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En mi primera visita decidí tomarme un espresso, como me aconsejaron, para probar el café sin ningún tipo de distracciones. Me trajeron el café en una bandeja que me recordaba a las que se utilizan para el sushi o para la ceremonia del té, en un vaso que se asemejaba bastante a los de tequila, con doble cristal para evitar que se enfríe rápidamente y un chupito de agua, para tomarlo antes del café. Y lo del espresso surtió efecto, y tuve la posibilidad de notar cómo el aroma del café se alojaba en el sistema límbico para quedar impreso en mi memoria posteriormente. Era denso, pero no negro, de un bonito color chocolate, y casi se podía tomar con cuchara.

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En mi segunda visita (decidí ir una segunda vez para poder hablar con conocimiento de causa) me aventuré a probar un capuchino seco, que se diferencia del normal en que la crema es mucho más densa en el primero. Y , en efecto, la crema de leche era más “natosa” que la espuma de leche a la que estamos acostumbrados. El capuchino llevaba una galleta (estas cosas me encantan) hojaldrada con canela y granos de azúcar, detalles.  Acompañé mi café con una tarta de zanahoria, muy sabrosa, con su saborcillo a canela y sus nueces, aunque para mi gusto, le faltaba el frosting de queso que suelen llevar arriba, pero esto es una opinión personal. Otra tarta que probamos fue la de jengibre y chocolate, que también estaba rebuena.
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La verdad es que cuento los segundos para volver y ya me veo en la terraza, una mañana de invierno al solecito, disfrutando de una buena compañía y tomando un café con tostadas.

P.D. Si vuestros móviles mueren por una carga, sentaos en la barra y podréis cargarlos mientras vosotros os recargáis  con una buena taza de café.

Larga vida al café.

CAFÉ LAB: C/ Carmen Conde, 23  (Cartagena)

FOTOGRAFÍAS: Negativo En Sepia

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Las tostadas del Milano (Murcia)

Para mí el desayuno es la comida más importante del día. Da igual que luego coma cualquier cosa o cene poco, pero el desayuno es sagrado. Por eso me gusta elegir bien el sitio para desayunar, donde hagan las mejores tostadas, el café bueno y que tenga una terraza para tomar el solecito de invierno.

Para que un sitio de desayunos me conquiste debe tener una serie de ingredientes imprescindibles:

• El pan debe ser bueno, nada de panecillos pochos, congelados o del día anterior.

• El café, por descontado, no debe saber a maíz horneado, como saben algunos cafés que he tomado en los bufés de desayuno de ciertos hoteles.

• Lo que acompaña las tostadas, también tiene que tener una calidad mínima: la mantequilla, que sea mantequilla, no grasa vegetal como ponen en algunos sitios; y el tomate rallado, que esté rallado, y no triturado como te lo sirven algunas veces.

• Si se opta por bollería, debe ser casera y no industrial.

El Milano reúne sin problema todas estas condiciones. Es un pequeño café que abre unas cuantas horas al día, ya que se nutre de los desayunos y llega hasta el café de la tarde. Sus dueños, presumo, son italianos, al menos uno de ellos, lo que hace que tenga una carta especial de tostadas, muchas de ellas con embutido de la casa Ferrarini, para lo que prefieren desayuno salado. En la sección dulce de tostadas, las clásicas, y una de nutella, para los más golosos. Sin exagerar tendrán unas veinte clases de tostadas diferentes, y las hacen con un pan redondo, buenísimo.
Mi preferida es la tostada de la casa, con tomate rallado y parmesano por encima, a la que ponen también orégano.

En cuanto al café, increíble. Tiene uno de la marca Blackzi, que la conocí hace relativamente poco, una marca italiana con café está muy rico. La cafetería tiene una variedad inmensa, entre los que destacan cinco clases de capuchino diferentes, un paraíso para los amantes del café italiano. Yo suelo pedir el café con leche para desayunar, ya que lo hacen con espuma de leche y disfruto un montón mezclándola con el resto del café, lo que le da una buena textura a la bebida.

 

Tostada de la casa del Milano. Fotografía: Negativo en Sepia

 Los dueños son encantadores y ayer me sorprendieron al ver que tenían una botella de agua bien fría sobre la barra a disposición de los clientes, con los vasos preparados para echarte un buen vaso de agua, que apetece después de tomar el café, y más con el calor que hace últimamente por estos lares.

Sin duda, un lugar perfecto para desayunar.

Café con leche y media tostada de la casa: 2,50 €