Canana L.A. Brew Pub (La Aljorra, Cartagena)

FOTOS: @negativoensepia

Tenía muchas ganas de acercarme por allí, desde que leí en el periódico que había sido finalista de los Premios Best of Year 2015 de la revista ‘Interior Design’ de Nueva York gracias al arquitecto cartagenero Martín Lejarraga y su equipo de trabajo. El interior realizado en madera, con un gusto exquisito como hacía tiempo no veía, invita a sentarte tranquilamente y charlar acompañado de una buena cerveza. Se sitúa en la calle principal de la diputación cartagenera de La Aljorra y es, además de pub, una fábrica artesanal de cervezas. La persona que regenta el local te ofrece en orden creciente las cinco variedades de cerveza que tienen en el local, desde la más suavecita y refrescante hasta la negra, aromática y elegante, explicándote en todo momento las características de cada una de ellas.

No dispongo de muchas fotos del interior, pero sí de los brebajes maravillosos. Os animo a ir, porque próximamente ofrecen un maridaje (más info es Facebook). Aquí os dejo las pruebas del delito.

 

CANANA BREWPUB : C/ Antonio Pascual, 26 30190 La Aljorra (Cartagena)

 

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Gurugú de la Plazuela (Sigüenza)

FOTOGRAFÍA: Negativo en Sepia

Sigüenza era el siguiente alto en el camino de aquel viaje de Semana Santa. Una pequeña localidad a la que se llega desde Alcolea del Pinar por la CM-110, y ya sea por su situación en cuanto a carreteras se refiere o vaya usted a saber el porqué, la Ciudad del Doncel no es una ciudad “turistificada” y todavía tiene el encanto de los lugares que no han sido explotados.

Pensando que iba a estar ocupadísimo todo por ser fecha sacra, pudimos reservar en el mismo centro de la ciudad, a escasos metros del castillo y de la catedral, en una hospedería, Puerta Coeli se llama, muy recomendable por la amabilidad del personal y por los buenos precios.

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Vista desde la hospedería

La noche anterior habíamos cenado en un sitio de tapas que “ni fu ni fa” y la presente no queríamos que nos ocurriese lo mismo. Así pues, en nuestra búsqueda continua de locales diferentes y con productos finales que nos sorprendan, encontramos un sitio incomparable y creo que no existe sitio igual a lo largo de la geografía española y dudo que con mis palabras vaya hacerle justicia.

El Gurugú de la Plazuela es una taberna indefinible. Por lo pronto tiene mucha historia: situada en una casona típica del siglo XV, se decía que en ella vivía el verdugo de la ciudad, ya que estaba muy cerca de la cárcel. En 1649 se tiene constancia de la primera taberna, de Velasco, y desde entonces, hasta ahora, ha pasado por muchas manos, quedando finalmente bajo el mando de Alberto y de Belén, que sienten pasión por la cocina, la cultura, la historia y los perros a partes iguales. Y unas ganas enormes de hacer sentir feliz al personal que se deja caer por allí, como bien resume su lema: “calidad y calidez”. (Fuente: web)

Tiene una decoración muy particular, lleno de cosas que tienen su historia para dueños y gentes que lo frecuentan, y nada de lo que allí se encuentra está elegido al azar. Ciro es la mascota del Gurugú, y lo encontraréis en cualquier forma de expresión artística, un perrete muy bonico que se abrió un hueco en el corazón de los lugareños y representa los ideales de la taberna. Por eso tiene de particular que dejan entrar a perros buenos.

La noche que acabamos en esta taberna tan particular veníamos de pasar una jornada por la Castilla vecina y andábamos un poco cansadas, por lo que fuimos temprano a cenar. Quizá por esa razón pudimos coger un sitio en la barra. Las mesas estaban reservadas y los turnos de cenas ocupados (hay que reservar con antelación, ya que abre de jueves a domingo por la mañana). Pero como nos gusta estar en la barra más que a los periquitos, pues nos vino de mil amores, porque la interacción con los dueños fue más estrecha y pudimos preguntarle sin pudor todo lo que se nos pasaba por la cabeza. Y nos permitió participar en el fabuloso juego “Adivina qué ingredientes lleva”, en el que nos quedamos a uno de acertar, por cierto.

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Después de sentarnos en la barra y que el propietario nos explicase todos los productos que aparecían en la carta con mucho detalle, podríamos decir que se divide en varias partes: tiene una parte dedicada a la cocina medieval, muy cuidadosamente documentada gracias a  los dueños y a personas que desinteresadamente colaboran, y que para mí, es lo mejor de este sitio. Otra parte está dedicada a las setas y hongos, de muchas variedades, preparadas en forma de revuelto o cata. Y una última parte en el que tiene cocina moderna y clásica, interpretada al estilo del Gurugú.

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Mira la presentación de los pinchos medievales “Las delicias del juglar”

Elegimos, siguiendo los consejos del maestro tabernero, tres tapas medievales, el rabo de toro y el postre del peregrino, acompañado de unas cañas y una copa de vino de la zona.

  • El maravedí del obispo Barroso. Esta es la primera tapa medieval que probamos. El conjunto de la tapa y la explicación del dueño fue sensacional. Es una galleta en forma de maravedí, como su nombre indica, acuñada, y rellena de una pasta de boletus.
  • La delicia del juglar II: el regreso del juglar. Todo ingredientes medievales y especiado (no contemos con aquellos que se introdujeron después de 1492).IMG-20160527-WA0005
  • El manjar del Mío Cid, con el que jugamos a adivinar cuáles eran los ingredientes que lo componían.IMG-20160527-WA0006
  • El rabo de toro al vino en salsa de verduras, acompañado de arroz al vapor.IMG-20160527-WA0007
  • El postre del peregrino, donde también jugamos a adivinar los ingredientes que se habían utilizado para su elaboración
  • Para cerrar la cena, unos vasitos de limonada, receta seguntina.IMG-20160527-WA0010

La cena fue inolvidable, ya sea por la atención que nos brindaron los dueños, por el local, mágico, y por la actuación del juglar. Si pasáis por Sigüenza, haced un alto en el camino y pasad por el sitio, porque no existe otro igual, en el que se aúne historia, cultura, buena comida y ganas de hacer las cosas muy bien. Un sitio para ir y volver, una y otra vez.

El Gurugú de la Plazuela: Travesaña alta, 17 (junto a Plazuela de la Cárcel). Sigüenza

La Tapeoteca (Murcia)

Mientras íbamos por la autovía camino de Murcia, Negativo en Sepia comentaba la foto que  había visto en Instagram, una imagen de una marinera negra, y como no hay mejor publicidad para un sitio que las redes sociales y el postureo, nos acercamos a investigar de qué iba la cosa. Nos encontramos con La Tapeoteca, un sitio de tapeo diferente, cosa que se agradece, porque al final, vayas donde vayas, te encuentras los mismos productos una y otra vez. Manuel Álvarez es el motor de este pequeño local situado en una zona privilegiada de Murcia, acogedor, con unas líneas sencillas y una carta muy resumida, que le permite tener producto de primera calidad.

Como nos gusta curiosear la barra es el mejor lugar para ver todo de primera mano, y si a esto le sumamos que la cocina está abierta y se puede ver cómo el chef y el jefe de cocina elaboran los platos, pues feliz como una perdiz. Me encanta ver el vaivén de los camareros, las prisas en la cocina, las tapas expuestas y las reacciones de los que creen que no están siendo espiados y el cruce de alguna mirada esporádica. Y la barra de La Tapeoteca es bastante cómoda, porque le han puesto sillas altas con respaldo, cosa que se agradece, y esos ganchitos que tanto echo de menos en otras, para poder colgar las miles de cosas que  llevamos encima.

La chica, que nos atendió súper bien, nos fue desgranando la carta para hacer una buena elección, y  tras enterarnos que los “sosers” habían acabado con todas las existencias de la ansiada ensaladilla negra, nos decidimos por:

  • Unas marineras, con una anchoa que estaba buenísima.
  • Unas croquetas melosas de jamón ibérico.

     

  • Un par de caballitos.
  • Una patita de pulpo a la parrilla, ¡cómo me gusta!
  • Una minihamburguesa de ternera y foie (las patatitas están hechas por ellos).
  • La marinera negra ( la cocina se apiadó y sacó una última tanda).
  • Una tarta de queso a la antigua, con helado de frambuesa casero y tierra de galletas y…(sorpresa).    IMG-20160507-WA0010
  • Para acompañar, unos buenos tercios bien frescos, de Mahou y Estrella.

Y con el estómago lleno y el espíritu jubiloso, parafraseando a un antiguo señor, tomamos rumbo a nuestra ciudad.

LA TAPEOTECA: Plaza San Pedro 3, 30004 Murcia (Tiene Twitter, Facebook e Instagram)

Precio medio: 20€ por persona, aproximadamente (según lo que pidas, claro).

Y las fotos, a cargo de NEGATIVO EN SEPIA

La Fragua (Casas-Ibáñez)

Fotos: Negativo en Sepia

Últimamente La Mancha acude a nuestros pensamientos cuando de un viaje se trata. Hasta hace unos meses era de paso, parabas para descansar de algún viaje que ibas o venías de Madrid, y con la excusa de parar veías alguna ciudad o pueblo. Pero después del viaje a Guadalajara le hemos tomado el gustillo a esta tierra de molinos y gigantes y allá que nos fuimos a pasar este fin de semana. El lugar elegido fue Alcalá del Júcar, aunque dormir, dormimos en Casas-Ibáñez, un pueblo al que se llega por la N-322 que pasa por Fuentealbilla en dirección a Requena, cuyos arcenes salpicados de amapolas alegran la vista mientras ves las líneas discontinuas correr.

La noche antes de salir nos informamos en alguna web de los restaurantes que había en Casas- Ibáñez, y encontramos La Fragua, una tienda-degustación, donde daban comidas y cenas y podías comprar aquello que comías. Lo buenos es que no tiene horario comercial, sino de hostelería.

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Allí cenamos de maravilla. Lo llevan unas chicas, la mar de simpáticas, que tienen un local decorado muy bonito, y han dejado a la vista las antiguas colañas que destacan sobre el techo blanco. Es muy amplio, con un salón,  una terraza en su interior en la que en verano se tiene que estar muy al fresco y unas mesitas en la calle.

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En la carta encontraremos productos autóctonos y foráneos. Podéis disfrutar del “latilleo”, como le llaman en la carta a picotear de latas de conserva, quesos, embutidos, montaditos (que son tipo tosta) y tomate partío con ventresca y demás salazones.

Después de echar un ojo a la carta y a la pizarra que tenían con cosillas extra, nos decidimos por:

– Una tabla de quesos de la tierra, con queso viejo, curado, al romero y en aceite, y como no, estaban rebuenos.

– Unas marineras también, con una ensaladilla muy rica, con el punto justo de variantes.

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– Le siguieron una tabla de embutidos ibéricos (muy recomendable) y unos montaditos, uno clásico de bacon y queso, y otro “a la carta”, con jamón ibérico y queso en aceite. Una delicatessen oiga.

Y todo este festín lo regamos con unos cuanto tercios bien fríos, que hace que la comida sepa mejor. Lo suyo hubiese sido pedir una copita de vino, pero no soy muy vinatera yo, prefiero el alpiste de malta o cebada. Y nos salió muy bien de precio.

 

Nuestros estómagos quedaron muy satisfechos después de la pitanza de calidad y nos fuimos a dormir, que al día siguiente quedaba mucho por hacer.

LA FRAGUA  : C/Tercia, 63   Casas-Ibáñez

 

Pepita Pulgarcita (Murcia)

FOTOGRAFÍA: Negativo En Sepia

Pepita Pulgarcita : Plaza de las Balsas,3   30001 Murcia

Teléfono: 618 37 48 03

Precio medio: 15 ó 20 euros

imageMira que me intento imponer una disciplina de escritura, que empezó por ser diaria (muy optimista por mi parte), siguió por semanal, y finalmente casi la dejo en bimensual. El día es muy largo y me lo paso hablando, escribiendo y leyendo, y lo último que me apetece cuando llega la noche es escribir. Mi mente necesita desconectar y dejar de pensar con algún programa de los que te dejan el encefalograma plano.

imageHoy ya me he dicho que no tengo excusa para no escribir, ya que me han amenazado seriamente con el tema de las fotos. Después de revisar todo lo que había hecho, culinariamente hablando, este último mes, y de hacer Negativo en Sepia un repaso fotográfico, me he encontrado con una visita nada reciente, pero muy interesante a “Pepita Pulgarcita”.

Este sitio se inauguró hará unos cuantos años, cuando vivíamos todavía cerca de la Plaza de Toros, en la calle Joselito. Qué tiempos aquellos. Por entonces, con la novedad de nuestros nuevos trabajos, salíamos en busca de nuevas experiencias gustativas que antes nos habían sido vedadas por nuestra condición de estudiantes. Pero ya éramos “mayores” y podíamos salir a comer y a disfrutar de la vida y todas esas cosas que una espera hacer cuando le sale el primer trabajo serio. Pepita Pulgarcita abrió y como novedad tenían tapas más elaboradas que la mayoría de las tascas, además de tener una decoración muy moderna, con las lámparas de araña  y un concepto de mesa larga que en Murcia todavía no se conocía, donde uno se podía a sentar a comer con desconocidos.

Han pasado ocho años desde la última vez que habíamos ido, siempre hay sitios nuevos que probar y no habíamos vuelto, hasta aquel día.

Después de un vistazo “rápido” a la carta, nos decidimos por:

  • Una trilogía de croquetas.
  • Una torta de sardina ahumada con berenjena y foie acompañado de un germinado de rábano (los ahumados y marinados son mi debilidad).
  • Solomillo en aceite de miel y romero, acompañado con patatas panadera, muy aromático.
  • Hamburguesa gourmet “Pepita”, con  una salsa rica, rica.
  • Margen de pato con uvas y bous bous, muy bueno, pero hay que comérselo a contrarreloj, para que no se enfríe.
  • Y de postre, tarta de queso, muy cremosa y para chuparse los dedos.

Aquella visita me trajo muchos recuerdos, además de comprobar, que con el paso de los años habían mejorado, como los buenos vinos, y que aún estaba ahí la esencia de aquel “Pepita Pulgarcita” que abrió la veda de las visitas gastronómicas.

(Tiene muy buenas promociones a través de las redes sociales)

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Mano a mano (Murcia)

FOTOS: Negativo en Sepia

MANO A MANO: C/ Gutiérrez Mellado, 9 30008  Murcia

Teléfono: 644 72 29 11

Precio: muy bueno, 10€ por persona

El otro día estuvimos en un sitio que tenía muchas ganas de ir, de los que miras desde el coche y te dices “La próxima voy” y luego siempre se olvida, o no caes o lo que sea. Al principio cuando pasaba no tenía casi gente, pero el “boca a boca” hace mucho, y las redes sociales, y ahora siempre está de “bote en bote”, por lo que es mejor ir un día de semana y al mediodía.Es un lugar de comida rápida, pero todo lo hacen con amor y con ingredientes cuidados al máximo, porque el queso sabe a queso, y el tomate está bueno, la masa…Y si todavía no lo habéis adivinado tenéis una pista más: es pizzería y empanadillería a la vez. Si ya a estas alturas nada de nada, os digo el nombre y no sigo mareando la perdiz: “Mano a mano“, en Centrofama.

Como ellos mismos se describen, es un sitio de comida rápida, pero con ingredientes 100% naturales, hecho con mimo y alegría, y aunando lo mejor de dos países, el del lado de acá y el del lado de allá: Italia y Argentina. Tienen unas pizzas riquísimas, y a los que les guste la masa finita, esta es su pizzería, y a los que les guste que el queso de las pizzas sea buena, pues lo mismo.

También tienen unas empanadas criollas rebuenas, picantes para los más valientes o suaves, nuestra elección, y empanadas con rellenos varios, como la que nos pedimos, de roquefort y nueces.

La pizza era la pequeña (que de pequeña solo tiene el adjetivo, porque comimos perfectamente dos personas), porque también las hay familiares, con pimiento, sala mí y jamón york y una mozzarella buenísima, de las que al separar los trozos se crean puentes de queso. No recuerdo ahora mismo cómo se llamaba, pero estaba buenísima. Para completar nuestro menú, nos pedimos un pan de ajo con mozzarella, y olía (y sabía) para morirse de gusto. imagePara regar la pitanza, nos pedimos una Quilmes y un quintico de Estrella de Levante, que nos refrescaron el gaznate de buena manera.

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Salimos con muy buen sabor de boca, y exultantes, por lo rica que estaba la comida y el personal tan agradable que tienen. Volveremos, y sí, es una amenaza.

 

Quesería Tope (Murcia)

FOTOS: Negativo en Sepia

QUESERÍA TOPE –> Avda. Infante Juan Manuel,  30011 Murcia

Precio: 15-20 euros

Algunas veces he pensado que en otra vida fui ratón, porque el queso me chifla. Me acuerdo cuando era pequeña que mis padres me llevaban a una quesería que había en el Cénit y comprábamos un montón de quesos. El que más me gustaba era uno ahumado, con trozos de jamón, que cada vez que lo cato, me lleva de un empujón a aquellos momentos.

Pero ya la cerraron, y a mí me dio mucha pena, porque me recordaba a aquellos sábados de compras, en los que luego iba al mercado de abastos a observar a todos los pescados con la boca abierta y los ojos vidriosos, los cangrejos que movían las tenazas, mezclados entre la morralla y las gambas relucientes.

Pero volviendo al tema de que yo era un ratón, efectivamente, adoro el queso en todas sus formas y texturas. Y eso ha hecho que me lance a una búsqueda incansable de queserías a lo largo y ancho de este mundo. Porque lo que es quesería, hay pocas. Hay charcuterías con más o menos quesos en su sección, pero una que afine tanto, solo recuerdo la del Cénit. Y en el mercado de Verónicas también hay puesto.

En esta indagación incansable de queserías, encontré, hace muchos años, paseando por la zona en la que vivía en mi época de estudiante, una, pero no de venta de quesos, sino restaurante. Recuerdo que por entonces tenía un toldo que me hacía mucha gracia. Fuimos a cenar y nos gustó bastante, pero por entonces no había proyecto de blog ni nada, así que me limité a degustar los quesos que me pusieron delante, y a comentar lo buenos que estaban, pero sin más historias.IMG-20151208-WA0005

Nueve años después volví, esta vez con cinco personas hambrientas y con el miedo de no caber. Pero no hubo problema, porque el caballero que nos atendió nos dispuso una mesa muy atentamente. Recordaba el sitio bonito, y no me defraudó. Seguía igual de acogedor y pequeñito, lleno de objetos, por doquier, con su propia historia cada uno: una rama de buganvilia frondosa, fotos del dueño (me imagino), recuerdos, espejos antiguos, un aparador precioso… y la decoración navideña, fenomenal. Adoro los locales con horror vacui y buen gusto, con cierto aire a cafetería parisina y una música agradable de fondo.

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Para esperar nos pusieron unas olivas partidas y unas cañas refrescantes, y así poder elegir de la carta, que se divide en varias partes. Por una parte una gran variedad de productos que van entre “pan y pan”: perritos calientes de diferentes clases, bocadillos hechos de pan de perrito, cruasanes rellenos y emparedados hechos con mantequilla a la plancha; y por otra, las ensaladas y la tabla de patés y quesos.

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Pedimos una tabla de quesos para tres y cada uno un plato más: un cruasán Finas Hierbas, un emparedado Memé, dos Noruegos, uno mixto y un Croque Monsieur. Mientras preparaban la tabla de quesos, mirábamos la vitrina y veíamos un ir y venir de manos que cogían y dejaban quesos, y observábamos (admirábamos) el resto del local.

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La tabla he de decir que estaba dispuesta de una manera cuidada, con todos los quesos y patés amontonados esmeradamente, todo calculado al milímetro, y bajo esta capa de quesos, una loncha de jamón cocido para que no quede la tabla desnuda. IMG-20151208-WA0012

Los quesos estaban muy buenos, de diferentes variedades, desde los cremosos como el Brie hasta otros más curados o de los fuertes. La última vez que fuimos (hace nueve años) el surtido era diferente, con más quesos untables, del tipo a la pimienta o con pimentón. Personalmente esta vez me gustaron más, pero esto es muy subjetivo.

IMG-20151208-WA0008Los patés eran de campaña y foie, muy sabrosos. Todo muy bien acompañado de una cesta con diferentes tipos de pan: unas tostas con sésamo, bretzel, tostadas, galletitas saladas…Estas cosas me vuelven loca de contenta.IMG-20151208-WA0017 IMG-20151208-WA0010

Después de dar cuenta de todos los quesitos ricos, llegó el turno de los demás platillos. Sé de buena tinta que los demás estaban muy buenos, pero el mío, el mixto, hizo que mis ojos se llenasen de lágrimas y mirase a través de la ventana recordando los sándwiches que me comía en el Chamonix con una fanta de naranja cuando iba a visitar a mi madre. O los que me hacía mi padre, que sabían a mantequilla caliente, y el queso derretido se pegaba al pan, y se quedaban chafaditos de darle con la pala de la plancha. Eran esos o los de ventanita. La magdalena de Proust hecha emparedado. Mientras navegaba entre mis recuerdos gustativos me lo fui comiendo con mucha parsimonia, para que no se gastase, con miedo a no volver a recordar ese sabor a plancha y a mantequilla de cuando era una cría.

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Esta vez me prometo tardar menos en volver, porque el sitio merece realmente la pena, la persona que nos atendió fue increíblemente amable y, además, no está nada mal de precio, con todo lo que pedimos, salimos muy bien y bien llenos, en torno a los 15 euros por persona, repitiendo varias veces bebida.

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Y de nuevo llegó Amor (Cartagena)

FOTOS: NEGATIVO EN SEPIA

Casa Taller Birdie –> dirección : Cualquier Lugar Con Encanto (Región de Murcia)

Precio: sobre los 20 euros.

Ayer llegaron de nuevo las cenas clandestinas de Birdie, y allí estábamos las tres con el paladar preparado y el cuchillo y el tenedor acechando en la sombra. Muchos meses de espera, mirando Facebook una y otra vez, actualizaciones, noticias, pero nada de las cenas. Hasta que llegó el día en el que el ojo avispado de Rigoberta vio el mensaje mesiánico en la red: “Comenzamos temporada de cenas Birdie el próximo viernes 23/10.[…]” . No había anunciado el menú y allí estaba la Rigo haciendo la transferencia pertinente que nos aseguraba el puesto en la apertura de temporada. Y así volvemos al principio de la historia, o del cuento, porque la cena fue en un lugar que me da mucha ternura, por la ilusión y el arte que le han puesto sus dueños para que se les quede un local digno de acoger a un soldadito o a una bailarina.

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¿Soldadita o bailarín?
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Ya queda menos…

El Soldadito de Plomo es estupendo para un café, una merienda o un suspiro, y puedes pedirte algún pastel de los que hay preparados en la vitrina, caseros, cosa que yo echaba de menos en muchas cafeterías, porque no es lo mismo ir a tomarte un café solitario que ir a merendar. Si alguna vez tenéis ocasión, probad el pastel de pasta choux relleno de nata. No comments, como rezaba aquel cartel que ponían antiguamente en una sección de noticias de la 2.

Y volviendo a la Birdiedinner, pues estábamos las tres en la mesita que nos tenían preparada, con su tapete de ganchillo, y un conejo de peluche que no paraba de observar  con interés a Negativo en Sepia desde el rincón. Enseguida llegaron unas patatas chips, cortesía de la casa, con especias y metidas en un cucurucho de los de antes, y que estaban buenísimas, con una Estrella de Galicia bien fresca,  que elegimos entre muchas opciones, como la sidra de barril o un vinico. Como buenas foodies intentamos adivinar, con nuestro entrenado paladar gracias a muchas cenas anteriores, las especias que llevaban las pataticas.

Cartucho de patatas rebuenas
Cartucho de patatas rebuenas

Después de este abreboca llegaron los siguientes pasos de baile, acompañados de una cuidada vajilla, marca de la casa: troncos de árbol, platos de nuestras bisabuelas con bonitos motivos florales, tenedores y cuchillos antiguos…IMG-20151024-WA0001

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PLIÉ. Como ha llegado la temporada de la calabaza que mejor que dar el siguiente paso del baile con una tostada con este fruto naranja (creo que asado), queso feta, rúcula y piñones. Estaba muy buena, porque la calabaza hacía las veces de crema untuosa y el pan de semillas le daba un toque rico, porque le daba más cuerpo a la tostada.

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Las tostadas de calabaza
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Detalle de las tostadas de calabaza

DEMI-PLIÉ. Llegó el pastel de patata, calabaza y mostaza con nueces y parmesano, todo muy bien acompañado de una ensalada de manzana, zanahoria y rabanitos con aliño de miso. Este título tan largo dio paso un plato redondo, con una base de patata riquísima, en la que se entremezclaban los granitos de mostaza y el dulzor de la calabaza. La ensalada con rabanitos le daba un toque fresco, que se oponía al del pastel, y combinaban armónicamente junto con el miso. A mí, que me gusta hacer combinaciones, mezclé el aliño de miso con el pastel, y quedó muy bueno, y eso me ayudó a que no quedase ni pizca de salsa en el plato.

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Detalle de la ensalada de rabanitos, zanahoria y manzana con aliño de miso
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Pastel de patata y la ensalada
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El pastel visto desde arriba

GRAND-PLIÉ. Y terminó la función con el postre, una tarta rústica con chocolate y canela. A mí me gusta todos los platos de Birdie, pero el postre es mi debilidad, porque soy muy golosa. Ella suele hacer postres que tienen como protagonista el chocolate, y lo suele acompañar o no con frutas. La verdad es que no había probado nunca un pastel con peras, porque no soy muy amante de esta fruta en los postres, pero he de decir que estaba divina en esta tarta, cuyo hojaldre se deshacía en la boca en miles de hojas suaves. El chocolate me recordaba al chocolate a la taza que hacía mi padre cuando era pequeña. ¡Qué buena!

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Tarta rústica de pera y chocolate

Y ahora a esperar con impaciencia la próxima cita clandestina.

Casa-Taller Birdie en Vogue y Plateselector.

La ternasca (Zaragoza)

FOTOGRAFÍAS: Negativo En Sepia

La ternasca –>Calle Estébanes, 9, 50003 Zaragoza

Precio: sobre los 15-20 euros

 

El Tubo de Zaragoza es un viaje rápido por las tapas y raciones que puede ofrecer la gastronomía española en general y la aragonesa en particular. A ambos lados de las calles que conforman la zona se intercalan graffitis, terrazas, bares y hasta un cabaret ibérico. La cocina tradicional se mezcla con platos llegados de diferentes lugares del mundo. Por eso te puedes encontrar un tataki de atún, con una madeja de ternasco a la brasa o un cebiche (o un sushi de ternasco), todo en una misma carta. Eso lo puedes engullir en el sitio que cenamos la última noche de nuestro viaje: La ternasca. Con unas mesitas fuera forradas de césped artificial y decoradas con ovejas, la cena se antoja de maravilla.

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href=”https://losbocadosefimeros.files.wordpress.com/2015/08/image19.jpg”> Oveja, caña y césped[/c

En el interior, la gente se mueve de un lado a otro buscando las tapas expuestas como si de un museo se tratase, y un bullicio constante alegra el ambiente. Lo típico de allí, el ternasco de Aragón, con denominación de origen, que genera tantos platos como se pueda imaginar, típicos o de fusión, y si no échenle un vistazo a la carta, que se van a quedar ojipláticos y con la boca hecha agua.
A partir de aquí, absténganse vegetarianos y veganos. Comenzamos jugando con unos churrasquitos de ternasco, una croqueta de jamón gigantesca y unos chorizos sobre un pan tostado de esos que amenazan tormenta, pero que merecen la pena. La partida no se puede jugar sin unas cañas bien fresquitas, las que te recorren el gaznate y mientras le vas dando gracias al inventor del serpentín.

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https://losbocadosefimeros.files.wordpress.com/2015/08/image17.jpg”> Churrasquitos de ternasco[/captio
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ttps://losbocadosefimeros.files.wordpress.com/2015/08/image16.jpg”> Croquetón de jamón

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ps://losbocadosefimeros.files.wordpress.com/2015/08/image13.jpg”> Choricicos que barruntan tormenta

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Una vez damos cuenta de estos manjares, apostamos un poco más y nos decantamos por unos morros y una madeja de ternasco a la brasa. Esto último lo había visto muchas veces en el híper, pero, aunque soy una enamorada de las cosas rarunas, nunca me había atrevido a comprarlo. Los morros, están muy buenos, diferentes a los que había probado en la calle Laurel de Logroño y a los que probaría en Teruel. Y la madeja, está buena, pero quizá nuestra cota de grasa ese día ya está copada, y no lo disfrutamos igual que si lo hubiésemos comido al principio. No es nada caro, y relación calidad-precio, estupenda: cuatro bebidas, tres chorizos, un croquetón y los churrasquitos, 18 euros más o menos.

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Morricos

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osbocadosefimeros.files.wordpress.com/2015/08/image21.jpg”> Madeja con pan-tomate[/caption]

También quiero hacer una mención especial a los champiñones que comemos en El champi, un bar archiconocido en Zaragoza, donde sirven únicamente champiñones al ajillo con una gambita en la cúspide de esa montaña de hongos. La cerveza, artesanal, y muy fría, la sirven en unos botes de diferente procedencia, que junto a la tapa, ponen el toque original al sitio. El sitio no es caro, ya que tapa y cerveza no debe llegar a los 5 euros, pero no lo recuerdo muy bien.

cadosefimeros.files.wordpress.com/2015/08/img_0125.jpg”> Champis

 La cerveza en su tarrito y servilletero en El Champi

 

El viaje culinario por estas calles se completa con un viaje artístico a través de los graffitis que puedes encontrar a lo largo del Tubo, testigos mudos del ir y venir incesante de gente que se arremolina en las puertas y terrazas de los bares “tuberos”.