La Finca de Susi (Elche)

Cuando te dicen que hagas la lista de regalos para tu cumpleaños empiezas a pensar en un montón de cosas que vas dejando de comprar para pedirlas posteriormente en esa lista que a ti te hace un mundo y a los que te regalan, ni te digo. Pues el menú Tentaciones de La Finca (Elche) fue mi regalo de cumple, y si queréis que os diga la verdad, prefiero un recuerdo culinario, porque donde esté el atesorar recuerdos que se quiten los objetos.

Al apuntar esta fecha en el calendario (con algún cambio por una buena causa) ya iba pensándolo y disfrutándolo unos días antes, paladeando mentalmente la comida que servirán, y por supuesto, imaginarme la cocina, con su revuelo, su correr de un lado a otro, los humos, los vapores y las pincitas poniendo flores en los platos. Mi fórmula –> Eso + comida posterior = placer infinito.

Podría decir que hacía buen día, pero en realidad hacía un calor sofocante y eso que lo único que recorrí a pie fueron los 10 metros del coche a la puerta, pero ya con ese trocito tuve bastante. Yo solo rezaba intentando recordar si me había dicho terraza o no, y en caso de ser la primera opción, buscar las palabras adecuadas para que nos cambiasen bajo el chorro del aire acondicionado. Por suerte, la terraza solo abría en horario nocturno, así que deseché toda suerte de disculpas que rondaban por mi cabeza.

El edificio principal en el que estaba el restaurante estaba rodeado de un jardín muy bien cuidado, muy bonito y frondoso, lo que hacía que refrescase un poco el ambiente de alrededor. Una vez dentro, nos atendió el jefe de sala, quien amablemente nos condujo hasta nuestra mesa, mientras un ir y venir de camareros silenciosos nos hizo partícipes durante un momento de su baile . Sobre la mesa una pequeña escultura descansaba como único adorno.

La persona encargada de las bebidas nos preguntó y por supuesto cayeron sendas cervezas heladas, porque el calor, el vino y yo no somos buenos compañeros. Y la cerveza bien fría se desliza muy suavemente por el gaznate. Placer veraniego. Y si se acompañan con unos frutos secos, mejor.

Como aperitivo, una tortita crujiente de camarón y una quenelle sobre frutos secos caramelizados y espárragos verdes escaldados.

El menú Tentaciones lo había cambiado, ahora se llamaba Elementos y se componía de una serie de platos que se inspiraban en los cuatro elementos en los que se encuentra la materia: tierra, aire, agua y fuego. 

La primera parte constaba de un resumen de los cuatro presentados en unas cajas, siendo el orden, Tierra (falsa trufa*), Agua (margarita de pomelo), Aire (etéreo de queso*) y Fuego (berenjena carbonizada).

Después de la intro,  comenzó a desfilar el elemento Tierra:

1. Nuestro tomate*.


2. Parmentier de patata morada.


3. Crema de guisantes*.


El Agua estuvo representado por:

4. Cigalas al vapor de tosaka verde*.


5. Falsa espardeña con lechuga asada.


6. Merluza con pil pil de gambas.


El Aire llegó con:

7.  Nube de queso con trufa*.


8. Arroz con pichón*.


9. Magret de pato*.


Y el Fuego hizo arder a:

10. Leche frita*.


11. Macaron picante*.


12. Savarin*.

He indicado con una estrellita los platos que me sedujeron, si bien he de decir que todos estaban muy buenos, estos especialemente me enamoraron. Y los postres, los amé mucho.

Para poner punto y final a la comida nos pusieron unos chupitos de orujo. ¡Que no! ¿Cómo van a poner unos chupitos de orujo? Nos pusieron un servicio de café acompañado de diferentes gourmandises de chocolate o de mantequilla, para endulzar el último momento del ágape.

Después de charlar un rato sobre la comida y dar nuestra aprobación, recogimos nuestros bártulos, nos despedimos del jefe de sala y nos fuimos a pasear por el jardín bajo un sol de justicia. Un paseo rápido, solo para las fotos pertinentes, y corriendo hasta el coche a ponernos bajo el chorro de aire acondicionado.

Y para completar la tarde, un poco de outlet de calzado en Elche y un trozo de tarta de Monsieur Gómez (Murcia).

Disparos (con la cámara) : @negativoensepia

La Finca de Susi –> Camí de Perleta, 1-7, 03295 Elche, Alicante. Teléfono: 965 456007

In Memoriam  Kiki (2011-2017)

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Y Magoga vuelve a conquistar (Cartagena)

La verdad es que cada vez que apostamos por el menú diario de Magoga es un acierto total. Hoy hemos estado comiendo / disfrutando de dos horas de buen comer, buena compañía, trato exquisito y una piedra que da muy buenas vibras, y que, curiosamente, es la misma que me ha tocado en las otras dos ocasiones que he comido allí. Comer en Magoga es terapéutico, medicinal diría yo, porque te alimenta el alma y comes dejando de lado todas las tensiones y malos rollos que hayas tenido a lo largo de la mañana. La luz tenue, los camareros que hablan a susurros, la gente, que por imitación, habla bajito,…una maravilla en contraposición a los ruidosos restaurantes donde los camareros y la gente estresada solo quiere engullir para irse corriendo y continuar sus vidas de correntillas pa´yá y pa´cá. El estrés no sirve para nada, así que vamos a hacernos un favor y cuando vayamos a comer dejemos las prisas si no queremos tener una úlcera de estómago antes del los 30.

Volviendo a la comida rica rica que hemos tomado hoy tenemos:

De entrante…

Una ensalada de judías verdes al dente, aguacate y una vinagreta con semillas de amapola.

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De primero…

Una moussaka con soja texturizada o una sopa de calabaza con crujiente de calabaza.

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De segundo…

Albóndigas en salsa de curry rojo y coco.

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De postre…

Tarta de naranja y chocolate negro.

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El menú incluye café y bebida, y una gran variedad de panes caseros artesanales.

Realmente merece la pena ir a darse un caprichito por lo menos un día a la semana. ¡Y tienen muy en cuenta dietas especiales!

Alta cocina a precio de escándalo.

Tarde de compras y Socolá (Murcia)

Esta tarde, después de dejarnos todos nuestros ahorros del mes en el Mercadito de cositas que han puesto en Ficciones, ha tocado ir de merendola y ni más ni menos que a un sitio que tenía muchas ganas: Socolá. Es una pastelería-cafetería donde antaño estuvo Pequeña Miss Cupcake (suspiro), y que cada vez que he pasado siempre me he quedado mirando a través del cristal y con ganas de entrar a tomarme unas de las tartas que tienen expuestas con tan buenísima pinta.

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El local se les ha quedado muy chulo, con las paredes pintadas por Casa Chiribiri, súper bonicas, y en tonos chocolate, le han cambiado el mobiliario y lo han puesto más rústico, que le da un aire confortable, como de estar en casa.

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Hoy, al comentar que estaba allí, me han recomendado probar la tarta Guiness, pero no tenían, así que nos hemos pedido el último trozo de Red Velvet y uno de tarta de zanahoria, y, para acompañar, un café latte de avellana, cortado y bombón.

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Cuando yo ya estaba salivando pensando en la Red Velvet, a pesar de no ser para mí, ha llegado la chica a decirnos que el trozo le correspondía a una mesa que iba por delante de nosotras, así que hemos elegido tarta de queso al estilo neoyorquino. La verdad es que el cambio no ha estado nada mal, porque la tarta estaba de rechupete, con la mermelada bien batida, sin grumos, y la de zanahoria también, jugosa, con sus correspondientes canela y nueces, y con pasas.

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Los cafés estaban también ricos, sobre todo el de avellana, y además eran de Salzillo ecológico, así que el doble de buenos.


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Pues hemos merendado la mar de bien, en buena compañía, y después de arreglar el mundo un poco y dejarnos el resto de nuestros ahorros, hemos recogido los bártulos y nos hemos ido a seguir recorriendo las calles de Murcia, que por cierto, estaban a rebosar.

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Una vez catadas estas dos tartas,ya tengo la excusa perfecta para volver otro día a zamparme la Red o la Guiness y esta vez pedirme ese café con avellanas, uno de los que hay dentro de la inmensa carta de tés y cafés que tienen. Mientras tanto, contaré los días para mi vuelta.

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SOCOLÁ:    C/ Mariano Vergara, 5    30003 Murcia

FOTOS: Negativo en Sepia

Y de nuevo llegó Amor (Cartagena)

FOTOS: NEGATIVO EN SEPIA

Casa Taller Birdie –> dirección : Cualquier Lugar Con Encanto (Región de Murcia)

Precio: sobre los 20 euros.

Ayer llegaron de nuevo las cenas clandestinas de Birdie, y allí estábamos las tres con el paladar preparado y el cuchillo y el tenedor acechando en la sombra. Muchos meses de espera, mirando Facebook una y otra vez, actualizaciones, noticias, pero nada de las cenas. Hasta que llegó el día en el que el ojo avispado de Rigoberta vio el mensaje mesiánico en la red: “Comenzamos temporada de cenas Birdie el próximo viernes 23/10.[…]” . No había anunciado el menú y allí estaba la Rigo haciendo la transferencia pertinente que nos aseguraba el puesto en la apertura de temporada. Y así volvemos al principio de la historia, o del cuento, porque la cena fue en un lugar que me da mucha ternura, por la ilusión y el arte que le han puesto sus dueños para que se les quede un local digno de acoger a un soldadito o a una bailarina.

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¿Soldadita o bailarín?
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Ya queda menos…

El Soldadito de Plomo es estupendo para un café, una merienda o un suspiro, y puedes pedirte algún pastel de los que hay preparados en la vitrina, caseros, cosa que yo echaba de menos en muchas cafeterías, porque no es lo mismo ir a tomarte un café solitario que ir a merendar. Si alguna vez tenéis ocasión, probad el pastel de pasta choux relleno de nata. No comments, como rezaba aquel cartel que ponían antiguamente en una sección de noticias de la 2.

Y volviendo a la Birdiedinner, pues estábamos las tres en la mesita que nos tenían preparada, con su tapete de ganchillo, y un conejo de peluche que no paraba de observar  con interés a Negativo en Sepia desde el rincón. Enseguida llegaron unas patatas chips, cortesía de la casa, con especias y metidas en un cucurucho de los de antes, y que estaban buenísimas, con una Estrella de Galicia bien fresca,  que elegimos entre muchas opciones, como la sidra de barril o un vinico. Como buenas foodies intentamos adivinar, con nuestro entrenado paladar gracias a muchas cenas anteriores, las especias que llevaban las pataticas.

Cartucho de patatas rebuenas
Cartucho de patatas rebuenas

Después de este abreboca llegaron los siguientes pasos de baile, acompañados de una cuidada vajilla, marca de la casa: troncos de árbol, platos de nuestras bisabuelas con bonitos motivos florales, tenedores y cuchillos antiguos…IMG-20151024-WA0001

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PLIÉ. Como ha llegado la temporada de la calabaza que mejor que dar el siguiente paso del baile con una tostada con este fruto naranja (creo que asado), queso feta, rúcula y piñones. Estaba muy buena, porque la calabaza hacía las veces de crema untuosa y el pan de semillas le daba un toque rico, porque le daba más cuerpo a la tostada.

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Las tostadas de calabaza
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Detalle de las tostadas de calabaza

DEMI-PLIÉ. Llegó el pastel de patata, calabaza y mostaza con nueces y parmesano, todo muy bien acompañado de una ensalada de manzana, zanahoria y rabanitos con aliño de miso. Este título tan largo dio paso un plato redondo, con una base de patata riquísima, en la que se entremezclaban los granitos de mostaza y el dulzor de la calabaza. La ensalada con rabanitos le daba un toque fresco, que se oponía al del pastel, y combinaban armónicamente junto con el miso. A mí, que me gusta hacer combinaciones, mezclé el aliño de miso con el pastel, y quedó muy bueno, y eso me ayudó a que no quedase ni pizca de salsa en el plato.

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Detalle de la ensalada de rabanitos, zanahoria y manzana con aliño de miso
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Pastel de patata y la ensalada
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El pastel visto desde arriba

GRAND-PLIÉ. Y terminó la función con el postre, una tarta rústica con chocolate y canela. A mí me gusta todos los platos de Birdie, pero el postre es mi debilidad, porque soy muy golosa. Ella suele hacer postres que tienen como protagonista el chocolate, y lo suele acompañar o no con frutas. La verdad es que no había probado nunca un pastel con peras, porque no soy muy amante de esta fruta en los postres, pero he de decir que estaba divina en esta tarta, cuyo hojaldre se deshacía en la boca en miles de hojas suaves. El chocolate me recordaba al chocolate a la taza que hacía mi padre cuando era pequeña. ¡Qué buena!

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Tarta rústica de pera y chocolate

Y ahora a esperar con impaciencia la próxima cita clandestina.

Casa-Taller Birdie en Vogue y Plateselector.

Galette, je t’aime! (Au pe’tit dolmen, Biarritz)

imageFOTOGRAFÍA: Negativo En Sepia

Au p’tit dolmen –>3 Avenue du Maréchal Foch, 64200 Biarritz, Francia

Formule menu midi –> 9,90 €

 

Biarritz se pavonea a lo lejos bañada en un mar de sol que le da a todo un color blanquecino. Esta ciudad que fue  antaño pueblo de pescadores balleneros, más tarde se convirtió lugar trendy entre la burguesía francesa y española, con sus balnearios y playas. Impresiona su arquitectura blanca mirando al mar y su costa rocosa salpicada de verde.
Hace calor, y la gente se agolpa en la playa, llena, para poder disfrutar de un trocito de arena donde poner el pareo y dorarse vuelta y vuelta.

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Nosotros paseamos buscando un restaurante para comer, angustiados porque se acerca la una y media, y en Francia ya se sabe el problema que tenemos los españoles y la hora, que no casamos. Pero una crepería bretona nos salva de tener que comprar unos sandwiches prefabricados, que saben a bocadillo de plástico de los que tenías de pequeña en el supermercado de juguete.

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La crepería Au p’tit dolmen es un establecimiento funcional y bonito, que tiene comida para llevar o un rinconcito muy mono para tomar allí. Prepara unos estuches muy cucos , unas cajas “formule plage” creo que se llamaban, en las que te pone todo lo necesario para un picnic en la playa, que está a diez minutos escasos. Para tomar allí tiene unas mesas puestas al estilo francés (muy juntas, muy juntas) y ofrecen un menú que incluye bebida, cidre bretonne (sidra bretona); una galette (cuya diferencia con el crepe que conocemos radica en el tipo de harina utilizada para hacerla, harina de trigo sarraceno); y un crepe dulce. Además de crepes y galettes, tiene helados caseros muy ricos.image
Para beber pedimos, junto con la jarrita de agua que ponen siempre, la sidra bretona, que se diferencia de la vasca que habíamos probado en que su sabor es más frutal, sabe más a manzana y tiene más burbujas.
imageLa galette que pedí tenía lo mejor de la Bretaña y la región de Saboya: una galette tartiflette. La tartiflette es una receta que apareció en los 80 como forma de promocionar el queso reblochon, y que se hace con patata cocida, lardons (trozos de panceta), cebolla frita, y todo en una bandeja de horno y sobre ella el reblochon cubriéndolo todo. Es una preparación que me trae muchos recuerdos y ligera como una pluma. La galette iba acompañada de unas hojas de lechuga hoja de roble, que en Francia suelen poner en casi todos los acompañamientos, con la vinagreta de mostaza de Dijon. Estaba realmente rico y me recordó, como la magdalena de Proust, a aquellos días en Grenoble, hace muchos, muchos años.

De postre, un crepe de nutella, para mí un clásico, que me hizo disfrutar un montón, ya que se diferenciaba perfectamente de la masa de la galette, siendo dulce y con un cierto toque de licor. Y la nutella, mítica e incomparable. Buenísimo.imageLos crepes y galettes, al igual que los cruasanes, no saben igual fuera del país galo. Los cruasanes con sabor a mantequilla son incomparables e inimitables, y no suelen utilizar aceites vegetales como utilizan aquí, que son veneno puro. La mantequilla, aunque sea muy calórica, le da ese sabor que no se puede encontrar en España. En cuanto a las galettes y crepes, ocurre lo mismo.

El café estaba bueno, aunque no nos acordamos que “un noissette” suele ser más fuerte que el cortado. Iba acompañado de una galleta bretona de mantequilla, y estos pequeños detalles siempre me hacen ilusión porque parece que complementa el café.image

Esta fue nuestra primera incursión culinaria en Francia. Aunque intentamos comer a la hora francesa, cada vez más, sobre todo en lugares turísticos, y para adaptarse a la demanda, sueles encontrar comida a cualquier hora.

Ombú (Mallorca)

Fotos: Negativo en Sepia

Ombú –Passeig del Born, 5-7, 07012 Palma, Illes Balears

Teléfono: 971 21 43 87

Precio medio: 20 € /persona

Ombú es el nombre del sitio que elegimos para comer en Palma de Mallorca. Utilizamos un buscador conocido para ahorrarnos decepciones y algún que otro enfado. He de decir que este buscador, con sus opiniones, a veces acaloradas, puede reducir el abanico de posibilidades que se abre ante el viajero perdido en la inmensidad de nombres y menús que encuentra a su paso. También he de decir que quizá se pierde un poco el encanto, ya que la sorpresa o expectación que se puede generar se reduce a una serie de opiniones de viajeros que te guían a uno y otro lugar.

Y volviendo al lugar en cuestión, Ombú, fue una sorpresa generada a partir de la búsqueda infructuosa de lugares donde tomar comida autóctona. Hartas de tanta salchichen currywurst y plato combinado con patatas ultracongeladas, íbamos buscando por las calles de Palma cierto establecimiento donde daban tapas típicas mallorquinas, como el frit mallorquí o el pa amb olí, con tan mala suerte que al llegar comprobamos que ese día cerraba por descanso.

Nos quedamos paseando por la Plaza de la Reina, y reparamos, con interés, en un bar diferente a lo que había a su alrededor. Su carta, expuesta en la puerta, nos llamó la atención, porque, si en algo ha contribuido Masterchef es a conocer multitud de productos culinarios, antes extraños para mí. Además de nombres imposibles de platos.

El caso es que los camareros, muy simpáticos, nos invitaron a sentarnos en la terracica que tenía el local, muy mona. Y aquí he de remarcar la simpatía de las gentes de Mallorca invita a volver a la isla.

El Ombú toma el nombre de un árbol centenario que se sitúa en la misma plaza donde está el bar, aunque los mallorquines le llaman bellahombra, por la sombra que ofrece al caminante. La carta tenía un buen número de platos, todos con muy buena pinta, y optamos por unas patatas con espuma de sobrasada (no me iba a quedar yo sin comerla, aunque fuese de nouvelle cuisine), cuya salsa estaba estupenda; unas croquetas de pollo, en las que parecía que habían entremezclado la esencia misma de un cocido de nuestras madres; y un steak tartar que nunca me había atrevido a comer, por lo de la carne macerada, pero que mereció la pena, ya que el foie, la trufa y la mayonesa de jerez le daban un sabor muy rico. Para terminar, el postre. Este momento es un momento crítico, ya que los postres, en muchos bares, no suelen ser caseros, y si lo son, suelen ser de estos prefabricados, como los llamo yo, como las tartas de queso de polvos o el brownie que te lo intentan colar como casero. Pero estos postres, ciertamente, eran caseros y sabían a gloria divina. Pedimos un tiramisú, arriesgado en sí mismo, ya que en pocos sitios lo he probado bueno, y el huevo de chocolate, llamado huevo de oro, una suerte de huevo kinder casero, que se rompía con la cuchara, y en su interior contenía una mousse de chocolate riquísima.

La verdad es que si volviese a Palma, volvería a este resto-bar.
Al Ombú, para que me ofreciese sombra y unas tapas sorprendentes.

Cerveza y mapa

  

Steak tartar con foie, trufa y mayonesa de Jerez y patatas con espuma de sobrasada
Croqueta de pollo y pistacho

  

Huevo de oro
Tiramisú con chocolate blanco