Camino a Guadalajara

Los viajes siempre son un buen momento. Te pones nerviosa pensando cómo será el lugar donde vas, cómo será el camino, dónde pararemos y sobre todo, cómo será su gastronomía. El día de antes también es importante, porque consultas en Internet posibles lugares que visitar, tomas nota, haces la maleta… Y si además es improvisado, mejor que mejor.

Aunque en este blog suelo hablar de restaurantes y demás, en este caso he decidió hacer una expcepción y contar todo el viaje, en agradecimiento a la tierra que tan amablemente nos ha acogido estos días. El caso es que el viaje, aunque no ha sido muy largo, sí lo hemos estirado mucho y hemos conseguido ver un montón de cosas. A ver cómo lo organizo. Por lo pronto ahí va el primer tramo del viaje, aunque apenas hay comida en él.

1er bocado –> La Roda

La ruta empezó por una parada en La Roda, en La Moderna, la confitería donde hacen los mejores miguelitos para mi gusto. Este pastelillo tiene su origen en la receta del rodense Manuel, que tras darle a probar a su amigo Miguel, decidió ponerle su nombre. El caso es que la crema del miguelito me chifla, porque no llega a ser como la crema pastelera, que lleva más huevo, la del miguelito parece que lleva más leche y es más líquida. Con ese hojaldre suave y mantecoso, nada recio, es un dulce que siempre hay que catarlo de nuevo, y pasar por esa confitería se ha convertido en una tradición.(Buen precio para buen desayuno)

LA MODERNA : Calle Alfredo Atienda, 6, 02630 La Roda, Albacete

2º bocado–> Torija (La Alcarria)

Tras hacer una visita rápida a la capital de la provincia, nos fuimos sin rumbo fijo  por la A2. Torija es un pueblecito en dirección Zaragoza una vez pasas Guadalajara. En la web de la Diputación leí que era bonito y que tenía un castillo medieval del siglo XI, así que nos desviamos un momento de nuestra ruta y paramos un rato allí. Echamos unas fotillos al castillo, de piedra grisácea y blanquecina, en una plaza rodeada de moreras, y lo rodeamos. Por allí pasó Camilo José Cela y existen recordatorios por todos los lugares de la zona, en los que se citan algunos fragmentos de su obra “Viaje a la Alcarria”. Una vez hechas las fotos pertinentes, nos fuimos a nuestra siguiente parada.

3er bocado –> Brihuega (La Alcarria)

Lo bueno que tiene la provincia de Guadalajara es que no tiene ese turismo exagerado que tienen otras provincias y su ritmo lento se agradece. Esto hace que encuentres pequeñas joyas como este pueblo de la Alcarria, un diamante en bruto y encanto a raudales. Su principal atractivo, reza un cartel que nos encontramos, es el agua, porque por allí pasa el Tajuña, afluente del Tajo, y la abundancia de agua se traduce en numerosas fuentes que salpican el pueblo: doce en el lavadero, y otras tantas en la plaza del Coso. Tiene también un jardincillo precioso donde nos encontramos a un señor de lo más amable, que se brindó a darnos algunos consejos de lo que visitar por la zona. Resultó ser también un visitante, y que todo lo que sabía se lo había contado un tal Luis, vecino del pueblo y guía turístico en ciernes. El caso es que nos dijo varios sitios para ver y mientras, nos contó, que él, alicantino y turista solitario, había ido de visita a casa de su hijo (que debía vivir por allí) y que, cámara en mano, se había echado a la carretera para ver todo lo que le permitían las ruedas de su descapotable. Tras una charla de lo más amena, nos despedimos, sin antes desear un buen viaje y dado mi gusto por visitar enterramientos nos fuimos a ver un cementerio de lo más pintoresco en el mismo pueblo. Cementerio, tanatorio e iglesia iban unidos y formaban un conjunto muy particular. Al cementerio se accedía por un arco que había a la derecha del tanatorio, y después de un breve pasillo, se llegaba a una explanada donde estaba las tumbas y se veía un paisaje espectacular. Así cualquiera descansa toda la eternidad. Mientras nos echábamos unas fotos con el paisaje de fondo, el señor apareció de nuevo para decirnos que si subíamos nos íbamos a sorprender. Y vaya si nos sorprendimos: sobre el tejado de la iglesia había otro cementerio, cuyo suelo y paredes estaban cubiertos de tumbas, tumbas que llegaban al 1750. Muy curioso.
El pueblo tiene un montón de tiendas de comestibles, donde venden la miel tan famosa de la zona y carnicerías donde puedes comprar cordero de primera. Lástima que ya hubiésemos comido.

4º bocado –> Cívica (La Alcarria)

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Este señor del que hablaba antes nos dijo que a unos diez minutos de Brihuega y en dirección a Masegoso de Tajuña había una aldea abandonada que un monje decidió excavar en la roca. Y como no llevábamos un rumbo fijo, pues allí nos fuimos. Un rato después llegamos a la aldea, que casi se pasa de largo y no te das cuenta. Está situada a la izquierda y hay que dejar el coche en la derecha, porque no hay más espacio. El entorno es muy bonito, el río pasa por abajo y el conjunto de roca esculpida sorprende, ya que está en ruinas y un cartel triste y solitario prohíbe el paso. Además, está en venta. A la izquierda de las ruinas hay una pequeña cascada, y tras la cascada, la cueva de la Mora, donde cuenta la leyenda que un padre encerró a su hija para que olvidase a su amado cristiano.

FOTOS: NEGATIVO EN SEPIA

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Tarde de compras y Socolá (Murcia)

Esta tarde, después de dejarnos todos nuestros ahorros del mes en el Mercadito de cositas que han puesto en Ficciones, ha tocado ir de merendola y ni más ni menos que a un sitio que tenía muchas ganas: Socolá. Es una pastelería-cafetería donde antaño estuvo Pequeña Miss Cupcake (suspiro), y que cada vez que he pasado siempre me he quedado mirando a través del cristal y con ganas de entrar a tomarme unas de las tartas que tienen expuestas con tan buenísima pinta.

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El local se les ha quedado muy chulo, con las paredes pintadas por Casa Chiribiri, súper bonicas, y en tonos chocolate, le han cambiado el mobiliario y lo han puesto más rústico, que le da un aire confortable, como de estar en casa.

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Hoy, al comentar que estaba allí, me han recomendado probar la tarta Guiness, pero no tenían, así que nos hemos pedido el último trozo de Red Velvet y uno de tarta de zanahoria, y, para acompañar, un café latte de avellana, cortado y bombón.

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Cuando yo ya estaba salivando pensando en la Red Velvet, a pesar de no ser para mí, ha llegado la chica a decirnos que el trozo le correspondía a una mesa que iba por delante de nosotras, así que hemos elegido tarta de queso al estilo neoyorquino. La verdad es que el cambio no ha estado nada mal, porque la tarta estaba de rechupete, con la mermelada bien batida, sin grumos, y la de zanahoria también, jugosa, con sus correspondientes canela y nueces, y con pasas.

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Los cafés estaban también ricos, sobre todo el de avellana, y además eran de Salzillo ecológico, así que el doble de buenos.


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Pues hemos merendado la mar de bien, en buena compañía, y después de arreglar el mundo un poco y dejarnos el resto de nuestros ahorros, hemos recogido los bártulos y nos hemos ido a seguir recorriendo las calles de Murcia, que por cierto, estaban a rebosar.

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Una vez catadas estas dos tartas,ya tengo la excusa perfecta para volver otro día a zamparme la Red o la Guiness y esta vez pedirme ese café con avellanas, uno de los que hay dentro de la inmensa carta de tés y cafés que tienen. Mientras tanto, contaré los días para mi vuelta.

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SOCOLÁ:    C/ Mariano Vergara, 5    30003 Murcia

FOTOS: Negativo en Sepia

Café Lab ha llegado a la ciudad (de Cartagena)

El hecho de escribir dos post seguidos en cuestión de dos días es algo inusual en mí, sobre todo por el hecho de estar en otros menesteres. Pero a veces, dejar a un lado las obligaciones y darle tiempo a las devociones, hace que se te airee el cerebro y veas la vida de color de rosa. La premura tiene que ver un poco con la apertura de un local nuevo que merece la pena visitar lo antes posible.

  
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Ya conocía la tienda de cafés que hay justo al lado, y que, presumo, son de los mismos dueños. En Cafés Bernal he comprado en infinidad de ocasiones, porque me gusta mucho esta pequeña boutique del café, elegante, donde están todos guardados en cajitas y te lo sirven con los palitas doradas que tanto me gustan. Pues justo al lado, como decía antes, han abierto este local nuevo, con aire a cafetería chula de Barcelona, de esas que están en la zona de moda, en Sant Antoni, donde te sirven un brunch, como en el Federal.

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El Café Lab es un sitio de los que entras y ya notas el buen karma, de los que gustan para tomarte un café en soledad, mientras lees o echas un vistazo a lo más granado de twitter, como si estuvieras en el salón de tu casa. De eso se encarga “Flori“, que pone ramilletes con flores y plantas aquí y allá, y parece que acaban de recogerlos dando un paseo y le da ese aire a casa de campo. Sus dueños están concienciados con el reciclaje y eso se ve en la reutilización de elementos como la arpillera de los sacos del café como cojines de taburete, los cacillos  de las máquinas  de café como picaportes o tazas antiguas que hacen las veces de lámparas, y en el uso de servilletas de papel reciclado. La iluminación también ayuda a dar calidez al ambiente, así como la madera o los elementos de cobre a los que le han dado una segunda oportunidad en la vida. La “culpa” del ambiente confortable también la tienen los chicos y chicas que trabajan allí, que te brindan un trato agradable, interesándose en todo momento por cómo se encontraba el café o los pasteles que se habían servido, y esto se agradece, porque te sientes como una niña mimada. Es un sitio con un aire diferente y con la osadía de querer cambiar el concepto de cafetería que se puede conocer en una ciudad como esta, muy reacia a todo lo que huele a innovación.

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El local tiene cuatro zonas muy bien definidas: una “Genius zone”, donde harán cursos relacionados con el mundo del café, una terracota con muchas plantas que le dan alegría, la cafetería propiamente dicha, con unas mesas y una barra que invita a sentarse, y una parte iluminada por cafeteras que se precipitan del techo, a medio camino entre sala de exposición y tienda, donde puedes encontrar edulcorantes naturales, endulzantes, muchos tipos de té, speculoos (esas galletas doradas tan crujientes), tazas con pulpos que emergen, y un largo etcétera.

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Y llegamos al corazón del Café Lab: su carta. Tiene una carta estupenda, con una amplia variedad de cafés y de formas de prepararlo (tienen hasta cinco maneras distintas de hacerlo, entre la que se encuentra la prensa francesa o chemex). Además de los cafés también encontramos desayunos, con productos ecológicos y orgánicos, diversos tipos de pan para hacer tostadas (cosa que se agradece, yo ya le he echado el ojo a uno para alguna visita mañanera) y los licuados que harán las delicias de los veggies. Si eres golosón puedes acompañar el café con un dulce, tienen cookies gigantes, tarta y pasteles, cosa que echaba de menos en las cafeterías de Cartagena, como dije en el post anterior.

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En mi primera visita decidí tomarme un espresso, como me aconsejaron, para probar el café sin ningún tipo de distracciones. Me trajeron el café en una bandeja que me recordaba a las que se utilizan para el sushi o para la ceremonia del té, en un vaso que se asemejaba bastante a los de tequila, con doble cristal para evitar que se enfríe rápidamente y un chupito de agua, para tomarlo antes del café. Y lo del espresso surtió efecto, y tuve la posibilidad de notar cómo el aroma del café se alojaba en el sistema límbico para quedar impreso en mi memoria posteriormente. Era denso, pero no negro, de un bonito color chocolate, y casi se podía tomar con cuchara.

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En mi segunda visita (decidí ir una segunda vez para poder hablar con conocimiento de causa) me aventuré a probar un capuchino seco, que se diferencia del normal en que la crema es mucho más densa en el primero. Y , en efecto, la crema de leche era más “natosa” que la espuma de leche a la que estamos acostumbrados. El capuchino llevaba una galleta (estas cosas me encantan) hojaldrada con canela y granos de azúcar, detalles.  Acompañé mi café con una tarta de zanahoria, muy sabrosa, con su saborcillo a canela y sus nueces, aunque para mi gusto, le faltaba el frosting de queso que suelen llevar arriba, pero esto es una opinión personal. Otra tarta que probamos fue la de jengibre y chocolate, que también estaba rebuena.
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La verdad es que cuento los segundos para volver y ya me veo en la terraza, una mañana de invierno al solecito, disfrutando de una buena compañía y tomando un café con tostadas.

P.D. Si vuestros móviles mueren por una carga, sentaos en la barra y podréis cargarlos mientras vosotros os recargáis  con una buena taza de café.

Larga vida al café.

CAFÉ LAB: C/ Carmen Conde, 23  (Cartagena)

FOTOGRAFÍAS: Negativo En Sepia

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País Vasco I: Murguía

¿Cómo puede cambiar tanto el paisaje con solo pasar un túnel?, me comentaba un amigo que pasó por el País Vasco unos días más tarde que nosotros. Los dos estuvimos hablando acerca de cómo era posible que, de repente, una vez pone “Ongi etorri”, el cielo se vuelve plomizo, la niebla acecha y la llovizna empieza a mojar el parabrisas. Y tal y como lo cuento, sucedió yendo por la autovía de Logroño a Vitoria. Fue salir del túnel y unos metros más allá un cartel nos daba la bienvenida al País Vasco y, de repente, las montañas crecieron a los lados, con la niebla coronando las cumbres como si fuese un peinado afro, y la llovizna repiqueteaba en el cristal.  Y mientras, al otro lado, el sol brillaba en la Rioja Alavesa.

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Mitología vasca sobre pared en casa de Murguía

Murguía es un pequeño pueblo de la provincia de Álava que forma parte del Valle de Zuia, del que es capital. Este pueblecito a pocos kilómetros de Vitoria se convierte en un destino perfecto para aquellos que buscan tranquilidad y fácil acceso a la ciudad. Merece la pena pasear por las calles paralelas a la principal, Domingo de Sautu Kalea, y ver lo cuidado que está, con sus parques verdes (a los del sur nos fascina) y sus casas centenarias de piedra. Y si una se siente aventurera, se puede perder por los senderos señalizados del Parque Natural del Gorbea, que brinda unas vistas de postal suiza, y pasar por alguno de sus innumerables pueblecitos, en busca de productos típicos como el queso Idiazábal o la miel (en Murguía hay un museo). Merece la pena llegar hasta Markina, pero antes nos detendremos en Sarría, en casa de un señor muy simpático, donde se puede comprar queso artesano.

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De camino a Markina

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Donde compramos el Idiazábal artesano. Sarría.

En Murguía nos hospedamos para visitar Vitoria, en el hotel Nagusi. Cuando en un hotel se cuidan tanto los detalles, te da la sensación de que les gusta trabajar para el cliente, para que se sienta bien. El Nagusi es un hotelito monísimo  cuyo desayuno me encantó. Como ya dije en el post sobre las tostadas, es la comida más importante del día, y allí ponen mucho interés en que así sea. Bajar después de haber dormido estupendamente y ser recibido por el olor mañanero del café y las tostadas, hace que te sientas realmente bien y te dan ganas de recorrerte el parque nacional corriendo. El desayuno de los campeones constaba de:

  • Un zumo de naranja natural (rarísimo en un desayuno de hotel). Nos ofrecieron repetir zumo en varias ocasiones.
  • Un café con leche muy bien hecho, de esos que dan ganas de tomárselo como el tazón de leche de Heidi.
  • Unas tostadas crujientes que podías acompañar de embutidos variados o untar con mantequilla de la buena.
  • Y unos cruasanes buenísimos, crujientes por fuera y esponjosos por dentro, con esa molla ondulada que se crea en el centro del cruasán y que hace las delicias de los golosos como yo.

¿Qué más se puede pedir? Repetir desayuno, pero esta vez en la terraza, dándote el sol y disfrutando de las vistas. La relación calidad precio es buena: cogimos habitación doble con el desayuno incluido.

Después de desayunar, le preguntamos a la persona que estaba en recepción si conocía algún recorrido rápido por el Gorbea, y  muy atento y agradable, nos indicó los lugares clave de este parque natural, tanto a nivel senderista como gastronómico. Merece la pena llegar hasta el inicio del parque, porque, aunque seas más urbanita que amante del trekking y los bichos te causen un terror infinito, los árboles que vas dejando a ambos lados de la carretera, la espesura del bosque vasco y la quietud, te cautivan.

Rulos del Gorbea

Rulos del Gorbea

Quietud en el bosque

Quietud en el bosque

Del desayuno no tengo fotos (dejo el enlace de las fotos de la web del hotel), ya que somnolienta, bajé a tomarme el café  y hasta que no me tomo el café, soy cuán sombra errante. Tengo algunas fotos de los alrededores, cortesía, como siempre, de Negativo En Sepia.

Me quedaron ganas de hacer una ruta por los doce pueblos que conforman el Valle, y disfrutar de su gente amable y de los productos de la tierra, así que me lo apunto para próximos viajes.

Nota: Disculpen alguna falta de ortografía al escribir los nombres en euskera.

Las tostadas del Milano (Murcia)

Para mí el desayuno es la comida más importante del día. Da igual que luego coma cualquier cosa o cene poco, pero el desayuno es sagrado. Por eso me gusta elegir bien el sitio para desayunar, donde hagan las mejores tostadas, el café bueno y que tenga una terraza para tomar el solecito de invierno.

Para que un sitio de desayunos me conquiste debe tener una serie de ingredientes imprescindibles:

• El pan debe ser bueno, nada de panecillos pochos, congelados o del día anterior.

• El café, por descontado, no debe saber a maíz horneado, como saben algunos cafés que he tomado en los bufés de desayuno de ciertos hoteles.

• Lo que acompaña las tostadas, también tiene que tener una calidad mínima: la mantequilla, que sea mantequilla, no grasa vegetal como ponen en algunos sitios; y el tomate rallado, que esté rallado, y no triturado como te lo sirven algunas veces.

• Si se opta por bollería, debe ser casera y no industrial.

El Milano reúne sin problema todas estas condiciones. Es un pequeño café que abre unas cuantas horas al día, ya que se nutre de los desayunos y llega hasta el café de la tarde. Sus dueños, presumo, son italianos, al menos uno de ellos, lo que hace que tenga una carta especial de tostadas, muchas de ellas con embutido de la casa Ferrarini, para lo que prefieren desayuno salado. En la sección dulce de tostadas, las clásicas, y una de nutella, para los más golosos. Sin exagerar tendrán unas veinte clases de tostadas diferentes, y las hacen con un pan redondo, buenísimo.
Mi preferida es la tostada de la casa, con tomate rallado y parmesano por encima, a la que ponen también orégano.

En cuanto al café, increíble. Tiene uno de la marca Blackzi, que la conocí hace relativamente poco, una marca italiana con café está muy rico. La cafetería tiene una variedad inmensa, entre los que destacan cinco clases de capuchino diferentes, un paraíso para los amantes del café italiano. Yo suelo pedir el café con leche para desayunar, ya que lo hacen con espuma de leche y disfruto un montón mezclándola con el resto del café, lo que le da una buena textura a la bebida.

 

Tostada de la casa del Milano. Fotografía: Negativo en Sepia

 Los dueños son encantadores y ayer me sorprendieron al ver que tenían una botella de agua bien fría sobre la barra a disposición de los clientes, con los vasos preparados para echarte un buen vaso de agua, que apetece después de tomar el café, y más con el calor que hace últimamente por estos lares.

Sin duda, un lugar perfecto para desayunar.

Café con leche y media tostada de la casa: 2,50 €