Kome (Murcia)

Fotografía de Negativo En Sepia

KOME: Av. de la Libertad, 6, 30009 Murcia

Menú ” Déjate llevar por lo que te van poniendo” sale por unos 70 euros con maridaje.

Dietas especiales: esta taberna se adapta fácilmente a la dieta gluten free.

Improvisar. La improvisación nunca ha sido mi fuerte, pero cuando esa improvisación incluye un restaurante cuyo nombre tiene cuatro letras estupendas no me importa en absoluto.

Kome no es un restaurante al uso, como se estilan por la zona. Es un concepto diferente, expone las elaboraciones al cliente, cuando normalmente éstas se realizan en la intimidad de la cocina.

Es un local muy pequeño, con una barra en la que caben catorce personas, como mucho, por lo que es importante reservar con tiempo si queréis disfrutar de los platillos el día que tenéis previsto.

El cocinado, se debe realizar en dos partes: la primera en la que se realizan las preparaciones que requieren más tiempo, como macerados o cocciones complejas, y la segunda, que se realiza delante del comensal, y donde le ponen el punto final al cocinado. Esta concepción de restaurante me resulta muy atractiva, me gusta el ir y venir de los cocineros, poniendo un toque aquí, salpimentando allá, cortando, rallando, …Todo en perfecta armonía, como si fuera un baile previamente ensayado. Una performance perfectamente estudiada. Quizá el asunto de la barra y demás le hace a una pensar que es incómodo, pero tiene un almohadillado la pared de la barra que da gusto apoyar las rodillas ahí y  los movimientos lo compensan todo. En cuanto a los platos, no puedo decir más que maravillas. Sin duda merecedores de Estrella, cada uno de ellos, es para saborearlos en silencio, sin más distracción del ir y venir de los cocineros, y con un buen vino, que en este caso fue con D.O. Godello. He de decir que no soy muy amante del vino, pero bien es cierto que este que nos recomendaron le iba como anillo al dedo a las elaboraciones que llegaban hasta nuestra boca.

El secreto es dejarse llevar por las recomendaciones de los camareros, con la mente y la boca abiertas, y dejar sitio para el postre, porque también merece la pena.

¡Qué aproveche!   良い利益

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No se necesita más 🙂

Ostra.

Carpaccio de paladar de atún con helado de yuzu.

Tataki de atún con ensalada líquida.

Hígado de rape con golosina de seta.

Caldo-flan de pescado (pero no uno cualquiera)

Gamba roja sobre sorbete de agua de mar.

Galleta oreo con mousse de caza.Flan de mar (no recuerdo el nombre)

Boquerones tempurizados rellenos de ciruela japonesa.

Crujiente

Dumpling

Navaja con helado de pesto

Sopa de miso con tofu

Pescado adobado en tempura (no recuerdo el tipo de pescado).

Anguila sobre arroz.

Papada a la brasa

Trufa

Queso y panal de abejas autóctonas.

Dietas especiales: esta taberna se adapta fácilmente a la dieta gluten free.

Menú ” Déjate llevar por lo que te van poniendo” sale por unos 70 euros con maridaje.

KOME: Av. de la Libertad, 6, 30009 Murcia

Casa-taller Birdie en Villa Esperanza (Cartagena)

En capítulos anteriores…

Mañana será otra fecha que recordar. Toca cena clandestina de Birdie y las imágenes de los platillos que nos va a preparar empiezan a bailar en mi cabeza como una loca sinfonía de sabores y texturas. Todavía me acuerdo de aquella tarta tatin de mis amores, la de la cena del Ficciones, por la que aún suspiro.

Y nos trae Birdie un menú de escándalo: un entrante de queso de cabra curado al pimentón o al romero, acompañado de alcachofa en aceite y especias; baggels caseros rellenos de níscalos, salsa romesco, cebolla caramelizada y rúcula, acompañado de ensalada de naranja, menta y aliño de mostaza; y de postre, tarta de queso con salsa de caramelo.

Todo rodeado de un entorno preciosérrimo: la cafetería Villa Esperanza, la antigua casa restaurada de Sandalio Alcantud Oliver, empresario y benefactor de origen manchego. Situada en Barrio Peral, tiene un encanto infinito y unos jardines que merece la pena visitar. ¿Qué más puedo pedir? Ir en buena compañía.

 

Llegó el día…

 

Villa-ESPERANZA

Si el señor Sandalio, antiguo dueño de la casa Villa Esperanza, viese cómo habían reconvertido la casa que fuera su hogar  en una cafetería encantadora, no podría menos que sentirse contento, aunque fuese desde el punto de vista de empresario.

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La que fue construida como sorpresa para su esposa Matilde, allá por el 1900, ahora alberga este curioso lugar, oasis  en mitad de la ciudad, con un jardín cuidado, y un interior fabuloso. VILLA-ESPERANZATiene una decoración variopinta donde las haya, en la que se utilizan los libros tanto como elemento decorativo como para su lectura, objetos y muebles antiguos, muestras de arte floral y frutal, que se va distribuyendo a lo largo de las cuatro estancias que tiene la planta baja. Y desde un lugar privilegiado observan el ir y venir de los camareros los retratos de don Sandalio y doña Matilde.

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A punto estuvo de ser demolida la casa debido al estado ruinoso en  que se encontraba, pero, por suerte, la compraron e iniciaron una larga restauración (e imagino que costosa) que dio sus frutos años más tarde. VILLA-ESPERANZAHoy día podemos acercarnos a tomar cócteles variados, sorbetes y batidos caseros con fruta de temporada, diferentes tipos de café acompañados de bizcocho, y disfrutar de su nata montada casera (¡tienen máquina montadora!).

Pues en esta magnífica casona transcurrió la cena de Casa-taller Birdie, a la luz de los quinqués y con la vajilla de motivos florales que bien acorde iba con la casa.

Como dije en un post anterior, el menú constaba de tres platos: entrante, principal y postre; y con una bebida, a elegir entre vino, tercio o refresco.

*El entrante a compartir, dos tipos de queso, uno al pimentón y otro al romero, acompañados de unas alcachofas en aceite, estaba dispuesto sobre un tronco de árbol.

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*De principal había un baggel relleno de níscalos, con cebolla caramelizada, rúcula y salsa de miel y mostaza, y para refrescar, una ensalada de naranja y granada.

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*De postre, una maravillosa tarta de queso con salsa de caramelo por encima, cuyo sabor a toffee parecía salido de la fábrica de Willy Wonka, y que nos encantó a más no poder, ya fuera por su textura, por ese saborcillo a queso o por la masa que hacía de base. Lo dicho, una maravilla.

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Y entre unas cosas y otras pasó la cena, entre suspiros de lo bueno que estaba todo y conversaciones sobre el gimnasio (algo que nunca se debería hacer mientras una se va a cenar por ahí), y como todo lo bueno se acaba, pues hasta la próxima. Es un placer acudir a la cenas que da Casa-taller Birdie, porque siempre sorprende con algo nuevo, y tiene unas manos que bien valen un potosí.

FOTOS: Negativo en Sepia

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Y de nuevo llegó Amor (Cartagena)

FOTOS: NEGATIVO EN SEPIA

Casa Taller Birdie –> dirección : Cualquier Lugar Con Encanto (Región de Murcia)

Precio: sobre los 20 euros.

Ayer llegaron de nuevo las cenas clandestinas de Birdie, y allí estábamos las tres con el paladar preparado y el cuchillo y el tenedor acechando en la sombra. Muchos meses de espera, mirando Facebook una y otra vez, actualizaciones, noticias, pero nada de las cenas. Hasta que llegó el día en el que el ojo avispado de Rigoberta vio el mensaje mesiánico en la red: “Comenzamos temporada de cenas Birdie el próximo viernes 23/10.[…]” . No había anunciado el menú y allí estaba la Rigo haciendo la transferencia pertinente que nos aseguraba el puesto en la apertura de temporada. Y así volvemos al principio de la historia, o del cuento, porque la cena fue en un lugar que me da mucha ternura, por la ilusión y el arte que le han puesto sus dueños para que se les quede un local digno de acoger a un soldadito o a una bailarina.

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¿Soldadita o bailarín?
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Ya queda menos…

El Soldadito de Plomo es estupendo para un café, una merienda o un suspiro, y puedes pedirte algún pastel de los que hay preparados en la vitrina, caseros, cosa que yo echaba de menos en muchas cafeterías, porque no es lo mismo ir a tomarte un café solitario que ir a merendar. Si alguna vez tenéis ocasión, probad el pastel de pasta choux relleno de nata. No comments, como rezaba aquel cartel que ponían antiguamente en una sección de noticias de la 2.

Y volviendo a la Birdiedinner, pues estábamos las tres en la mesita que nos tenían preparada, con su tapete de ganchillo, y un conejo de peluche que no paraba de observar  con interés a Negativo en Sepia desde el rincón. Enseguida llegaron unas patatas chips, cortesía de la casa, con especias y metidas en un cucurucho de los de antes, y que estaban buenísimas, con una Estrella de Galicia bien fresca,  que elegimos entre muchas opciones, como la sidra de barril o un vinico. Como buenas foodies intentamos adivinar, con nuestro entrenado paladar gracias a muchas cenas anteriores, las especias que llevaban las pataticas.

Cartucho de patatas rebuenas
Cartucho de patatas rebuenas

Después de este abreboca llegaron los siguientes pasos de baile, acompañados de una cuidada vajilla, marca de la casa: troncos de árbol, platos de nuestras bisabuelas con bonitos motivos florales, tenedores y cuchillos antiguos…IMG-20151024-WA0001

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PLIÉ. Como ha llegado la temporada de la calabaza que mejor que dar el siguiente paso del baile con una tostada con este fruto naranja (creo que asado), queso feta, rúcula y piñones. Estaba muy buena, porque la calabaza hacía las veces de crema untuosa y el pan de semillas le daba un toque rico, porque le daba más cuerpo a la tostada.

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Las tostadas de calabaza
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Detalle de las tostadas de calabaza

DEMI-PLIÉ. Llegó el pastel de patata, calabaza y mostaza con nueces y parmesano, todo muy bien acompañado de una ensalada de manzana, zanahoria y rabanitos con aliño de miso. Este título tan largo dio paso un plato redondo, con una base de patata riquísima, en la que se entremezclaban los granitos de mostaza y el dulzor de la calabaza. La ensalada con rabanitos le daba un toque fresco, que se oponía al del pastel, y combinaban armónicamente junto con el miso. A mí, que me gusta hacer combinaciones, mezclé el aliño de miso con el pastel, y quedó muy bueno, y eso me ayudó a que no quedase ni pizca de salsa en el plato.

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Detalle de la ensalada de rabanitos, zanahoria y manzana con aliño de miso
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Pastel de patata y la ensalada
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El pastel visto desde arriba

GRAND-PLIÉ. Y terminó la función con el postre, una tarta rústica con chocolate y canela. A mí me gusta todos los platos de Birdie, pero el postre es mi debilidad, porque soy muy golosa. Ella suele hacer postres que tienen como protagonista el chocolate, y lo suele acompañar o no con frutas. La verdad es que no había probado nunca un pastel con peras, porque no soy muy amante de esta fruta en los postres, pero he de decir que estaba divina en esta tarta, cuyo hojaldre se deshacía en la boca en miles de hojas suaves. El chocolate me recordaba al chocolate a la taza que hacía mi padre cuando era pequeña. ¡Qué buena!

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Tarta rústica de pera y chocolate

Y ahora a esperar con impaciencia la próxima cita clandestina.

Casa-Taller Birdie en Vogue y Plateselector.

Casa-taller Birdie

Foto: Negativo en Sepia

Casa Taller Birdie –> dirección: Cualquier Lugar Con Encanto (Región de Murcia) 

Menú hecho con mucha arte por la maga de Casa-Taller Birdie, más una bebida: 16€

Talleres de pan de masa madre, catering con encanto, cenas clandestinas…Casa-taller Birdie es una caja de sorpresas. Quien está detrás de todo este conjunto de actividades es una persona que hace magia con los productos de la mejor calidad: aceites de oliva con un sabor intenso a aceituna, verduras frescas, masas hechas con mucho amor, quesos caseros y un arte infinito.

Lo de cena clandestina es un concepto que me pareció muy curioso y original la primera vez que oí hablar de ello. La persona responsable de este proyecto suele buscar lugares con mucho encanto, que a veces poco tienen que ver con la hostelería, y traslada un trocito de su arte culinario al resto. Una asociación, un taller de costura, casas de huerta y alguna que otra cafetería suelen ser el escenario de sus meriendas o cenas clandestinas. Las cenas suelen constar siempre de un entrante, un principal y un postre, sumándole una bebida. Los menús son de inspiración vegetariana, aunque ningún carnívoro echará de menos la carne o el pescado, asegurado queda. El menú es cerrado y la creadora explica de qué platos constará en su blog y en su página de Facebook, por lo que de esta manera puedes saber si te gustarán o no, aunque yo confío plenamente en su criterio. La reserva y el pago se realiza con antelación, son cenas a las que asisten pocas personas, por lo que hay que darse prisa si uno quiere probar esos manjares.
El servicio se completa con una vajilla cuidadosamente elegida, antigua, que le confiere a la comida parte de su encanto.

Han sido varias cenas a las que he asistido y siempre estoy pendiente de nuevas fechas, porque los platillos que prepara bien lo merecen.
La última a la que fui se hizo en una cafetería con nombre de cuento, El Soldadito de Plomo, cuya dueña es encantadora y tienen una cuidada carta de cafés y tés, que se pueden acompañar de pasteles caseros.
El menú constaba de un entrante, paté de berenjenas con yogur griego y tahini. Después frittata de calabacín, tomate y queso de cabra acompañada de una ensalada de rabanitos, zanahoria, manzana con aliño de miso. Y por último, una tarta de miel con la que las lágrimas rodaban por mis mejillas de lo rica que estaba. La verdad es que siempre me suele ocurrir con las cenas de Birdie,disfruto como una enana, y, para recordarlas, me gusta mirar las fotos de su página web como si fuera una psicópata.
Las otras cenas a las que fui, recuerdo que me gustaron mucho los platos que nos presentó, pero no recuerdo los nombres de todos ellos. Algunos sí, como por ejemplo, la tarta tatin de queso de cabra y verduras varias, que sabía a gloria; la tarta de chocolate fundente, mmm; una sopa de calabaza, riquísima; entre otros.

Si tenéis alguna vez ocasión de poder asistir a alguna de sus cenas, no dudéis ni un instante y haced la reserva.

Ombú (Mallorca)

Fotos: Negativo en Sepia

Ombú –Passeig del Born, 5-7, 07012 Palma, Illes Balears

Teléfono: 971 21 43 87

Precio medio: 20 € /persona

Ombú es el nombre del sitio que elegimos para comer en Palma de Mallorca. Utilizamos un buscador conocido para ahorrarnos decepciones y algún que otro enfado. He de decir que este buscador, con sus opiniones, a veces acaloradas, puede reducir el abanico de posibilidades que se abre ante el viajero perdido en la inmensidad de nombres y menús que encuentra a su paso. También he de decir que quizá se pierde un poco el encanto, ya que la sorpresa o expectación que se puede generar se reduce a una serie de opiniones de viajeros que te guían a uno y otro lugar.

Y volviendo al lugar en cuestión, Ombú, fue una sorpresa generada a partir de la búsqueda infructuosa de lugares donde tomar comida autóctona. Hartas de tanta salchichen currywurst y plato combinado con patatas ultracongeladas, íbamos buscando por las calles de Palma cierto establecimiento donde daban tapas típicas mallorquinas, como el frit mallorquí o el pa amb olí, con tan mala suerte que al llegar comprobamos que ese día cerraba por descanso.

Nos quedamos paseando por la Plaza de la Reina, y reparamos, con interés, en un bar diferente a lo que había a su alrededor. Su carta, expuesta en la puerta, nos llamó la atención, porque, si en algo ha contribuido Masterchef es a conocer multitud de productos culinarios, antes extraños para mí. Además de nombres imposibles de platos.

El caso es que los camareros, muy simpáticos, nos invitaron a sentarnos en la terracica que tenía el local, muy mona. Y aquí he de remarcar la simpatía de las gentes de Mallorca invita a volver a la isla.

El Ombú toma el nombre de un árbol centenario que se sitúa en la misma plaza donde está el bar, aunque los mallorquines le llaman bellahombra, por la sombra que ofrece al caminante. La carta tenía un buen número de platos, todos con muy buena pinta, y optamos por unas patatas con espuma de sobrasada (no me iba a quedar yo sin comerla, aunque fuese de nouvelle cuisine), cuya salsa estaba estupenda; unas croquetas de pollo, en las que parecía que habían entremezclado la esencia misma de un cocido de nuestras madres; y un steak tartar que nunca me había atrevido a comer, por lo de la carne macerada, pero que mereció la pena, ya que el foie, la trufa y la mayonesa de jerez le daban un sabor muy rico. Para terminar, el postre. Este momento es un momento crítico, ya que los postres, en muchos bares, no suelen ser caseros, y si lo son, suelen ser de estos prefabricados, como los llamo yo, como las tartas de queso de polvos o el brownie que te lo intentan colar como casero. Pero estos postres, ciertamente, eran caseros y sabían a gloria divina. Pedimos un tiramisú, arriesgado en sí mismo, ya que en pocos sitios lo he probado bueno, y el huevo de chocolate, llamado huevo de oro, una suerte de huevo kinder casero, que se rompía con la cuchara, y en su interior contenía una mousse de chocolate riquísima.

La verdad es que si volviese a Palma, volvería a este resto-bar.
Al Ombú, para que me ofreciese sombra y unas tapas sorprendentes.

Cerveza y mapa

  

Steak tartar con foie, trufa y mayonesa de Jerez y patatas con espuma de sobrasada
Croqueta de pollo y pistacho

  

Huevo de oro
Tiramisú con chocolate blanco