Kome (Murcia)

Fotografía de Negativo En Sepia

Improvisar. La improvisación nunca ha sido mi fuerte, pero cuando esa improvisación incluye un restaurante cuyo nombre tiene cuatro letras estupendas no me importa en absoluto.

Kome no es un restaurante al uso, como se estilan por la zona. Es un concepto diferente, expone las elaboraciones al cliente, cuando normalmente éstas se realizan en la intimidad de la cocina.

Es un local muy pequeño, con una barra en la que caben catorce personas, como mucho, por lo que es importante reservar con tiempo si queréis disfrutar de los platillos el día que tenéis previsto.

El cocinado, se debe realizar en dos partes: la primera en la que se realizan las preparaciones que requieren más tiempo, como macerados o cocciones complejas, y la segunda, que se realiza delante del comensal, y donde le ponen el punto final al cocinado. Esta concepción de restaurante me resulta muy atractiva, me gusta el ir y venir de los cocineros, poniendo un toque aquí, salpimentando allá, cortando, rallando, …Todo en perfecta armonía, como si fuera un baile previamente ensayado. Una performance perfectamente estudiada. Quizá el asunto de la barra y demás le hace a una pensar que es incómodo, pero tiene un almohadillado la pared de la barra que da gusto apoyar las rodillas ahí y  los movimientos lo compensan todo. En cuanto a los platos, no puedo decir más que maravillas. Sin duda merecedores de Estrella, cada uno de ellos, es para saborearlos en silencio, sin más distracción del ir y venir de los cocineros, y con un buen vino, que en este caso fue con D.O. Godello. He de decir que no soy muy amante del vino, pero bien es cierto que este que nos recomendaron le iba como anillo al dedo a las elaboraciones que llegaban hasta nuestra boca.

El secreto es dejarse llevar por las recomendaciones de los camareros, con la mente y la boca abiertas, y dejar sitio para el postre, porque también merece la pena.

¡Qué aproveche!   良い利益

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No se necesita más 🙂

Ostra.

Carpaccio de paladar de atún con helado de yuzu.

Tataki de atún con ensalada líquida.

Hígado de rape con golosina de seta.

Caldo-flan de pescado (pero no uno cualquiera)

Gamba roja sobre sorbete de agua de mar.

Galleta oreo con mousse de caza.Flan de mar (no recuerdo el nombre)

Boquerones tempurizados rellenos de ciruela japonesa.

Crujiente

Dumpling

Navaja con helado de pesto

Sopa de miso con tofu

Pescado adobado en tempura (no recuerdo el tipo de pescado).

Anguila sobre arroz.

Papada a la brasa

Trufa

Queso y panal de abejas autóctonas.

Dietas especiales: esta taberna se adapta fácilmente a la dieta gluten free.

Menú ” Déjate llevar por lo que te van poniendo” sale por unos 70 euros con maridaje.

KOME: Av. de la Libertad, 6, 30009 Murcia

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Taúlla (Murcia)

 

Comer verde está de moda. Eso está claro. Ser vegano, vegetariano, no como carne, solo como pescado, los huevos de gallinas felices, y todo eso está muy de foto de Instagram, y a mí me parece estupendo. Me parece estupendo porque hay cosas ricas más allá del filete, y estudios demuestran que abusar de carnes y embutidos no siempre nos lleva por el buen camino alimentario.

Con todo esto muchos chefs hacen ondear la bandera de lo saludable sin ninguna vergüenza, porque creo que los platos diarios de carnaza han acabado, dando paso a otras muestras de culinarias y sensitivas en las que verduras y legumbres son las protagonistas, abaratando costes y acercando cocina de autor a bolsillos más ajustados.

 

Entre ellos Julio Velandrino sabe aprovechar de la huerta de la Región de Murcia lo que en ella crece para darnos platos en su Taúlla, que por el precio que tiene el menú degustación, bien vale la pena.

Sales rodando de allí, sin duda. Y nada tiene que envidiar a Estrellas Michelin y otro restaurantes-laboratorio, que mucho tienen de puturrú de fuá y poco de sapoooor.

Por allí aterrizamos una tarde de septiembre para celebrar nuestro aniversario. Como lo que más nos gusta en el mundo es comer, pues nos echamos a la carretera en busca de un restaurante que tuviese una mesita sin reserva, porque así somos, nos gusta vivir al límite.  Llamamos a varios, y de repente nos acordamos que estaba este restaurante esperándonos en Espinardo. Probamos suerte, la tuvimos y allí aparecimos.

Elegimos el menú degustación largo, porque si jugamos, jugamos bien. Mientras esperábamos nos fijamos en el local, un antiguo molino de pimentón, producto representativo de la Región, sin duda, y en la decoración con latas antiguas. Sencillo y sin grandes florituras, con una luz agradable y acogedora, en tonos anaranjados, rojizos, como el pimentón.

El camarero también nos atendió sin grandes aspavientos. Me gustan que me expliquen los platos, que me los desgranen y poder preguntar, pero sin que parezca que estoy en una tienda de Apple.

Para mí es uno de mis favoritos en mi humilde y pequeña andadura por el mundo de la buena mesa y sin duda repetiría todas las veces que hiciese falta.

Por aquí dejo una muestra de septiembre de 2017, con fotos de Negativo en Sepia.

 

Y por aquí la otra de abril, con fotografías de Chispa R.

 

Menú degustación: corto 35 euros + bebidas // largo 40 + bebidas.  Son dos platos de diferencia y con las bebidas, si no bebéis en cantidades industriales os puede encarecer en 5 euros el menú.

TAÚLLA: Calle Antonio Flores Guillamón, 2, 30100 Espinardo, Murcia

Teléfono: 868 07 99 80

 

Pecado Gastrobar (Murcia)

Fotografía : @negativoensepia

Se cumplen ya dos años desde la apertura del blog. Sinceramente, conociéndome, no pensaba que iba a durar más de seis meses actualizando. Y aunque a veces he tardado en crear nuevas entradas, finalmente he proseguido con la idea y he acabado renovando el blog de una manera u otra. Nunca pensé que unir comida y letras se convirtiese en mi hobby favorito y una manera de buscar los mejores platillos a precios razonables.

Y para celebrar este segundo aniversario hoy traigo una entrada de un restaurante en el que disfruté muchísimo, primero porque cuando no creas expectativas la sorpresa es mayor y segundo, porque comer con @negativoensepia siempre es un placer.

 El lugar del que hablo está en un lateral del  mercado de Verónicas. Es innovador, con una decoración original y con una carta que hace enloquecer a cualquier amante de la buena comida y además @negativoensepia tenía muchas ganas de comer allí porque se lo había recomendado una compañera del trabajo. Después de un intento fallido nos acercamos por allí un mediodía de mayo.

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Comensales
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Entrada al Edén
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Exterior
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Exterior

La carta no es extensa, cosa que siempre agradezco, porque lo bueno, si breve, dos veces bueno, y además es mucho más sencillo que el producto sea bueno. Tenemos la mala costumbre de no pedirle al camarero su opinión, o que nos ayude en la elección. Más bien nos basamos es nuestros humildes conocimientos sobre gastronomía y nuestra intuición,  acrecentada por nuestro estómago vacío de las dos y media de la tarde. A veces acertamos, a veces la fastidiamos, pero ahí está riesgo.

Al entrar me gusta que no haya mucho ruido ambiental, porque genera un gran estrés al comer, y en el caso de Pecado, no se oía ni la cocina. Al sentarnos nos trajeron aceite, pan y un surtido de aceitunas para ir abriendo boca mientras ojeábamos la carta de arriba a abajo. Nos decantamos por varios platos, variados, mar y tierra, y unas alcachofas. He de decir que la costumbre de pedir alcachofas en restaurantes es heredada de un buen amigo, Sergio, que nos enseñó que las alcachofas hay que pedirlas en sitios así, molones, porque las suelen cocinar muy bien.

Comenzamos con unas croquetas de boletus y marmitako de atún.

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Croquetas
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Boletus y marmitako

Seguimos por unas patatas bravas con chile habanero.

Un pulpo con salsa romescu trajo el mar

Las alcachofas con salsa de trufa y jamón ibérico.

Y para cerrar la ronda de salados, una carrillera con un brócoli súper crujiente.

Terminamos con una tarta de queso a la inversa.

Por cierto, de martes a jueves tienen menú del día, con platos muy buenos y precio popular, 12 euros. Con entrante, plato principal, postre o café y una bebida.

Pecado Gastro Bar –> Calle Verónicas, 8, 30004 Murcia.  Tlf 868 91 71 52

 

El café nos lo tomamos en Alegría Café, en el barrio del Carmen, al fresco, donde hacen unos frappés que te mueres de buenos, y es un sitio la mar de agradable.

 

X Ruta de la Tapa (Cartagena)

Este año se cumplen diez años y nos ha dado por hacer la Ruta de la Tapa  por todo lo alto, aunque también os digo que no era el mejor año para hacerla: muchos establecimientos se han dado de baja y muchos otros parece que ya no tienen la misma ilusión que tenían en un principio. Aún así hemos encontrado pequeñas y sabrosas sorpresas como las dos tapas ganadoras y otros bocados de rechupete que dejo por aquí abajo. También es cierto que, dado que los bares y restaurantes ruedan solos se podría enfocar de otra manera, primando la creatividad y la innovación. Tanto ver Masterchef, Topchef y demás programas de fogones, nos hemos vuelto más exigentes, creemos que sabemos mucho de gastronomía y ya no nos sirve cualquier idea rica, también queremos que nos den un poco de caña al paladar y rock ´n roll (como dicen en esos programas). Eso es lo que he echado de menos en algunos lugares, que nos dejen con la boca abierta. Por supuesto, dentro del presupuesto, que los 2,50 tampoco dan para mucho.

Explorador Cibus – Cibus gastrobar – No me extraña que haya compartido premio con la tapa de la pastelería Kuss: estaba buenísimo, con el saborcillo del explorador de toda la vida más un toque creativo con la espuma (de violetas, creo) y le han puesto mucho cuidado en su creación. Mi primer voto fue para esta tapa.


Croquetón de jamón con corazón líquido de boletus – La tartana – Muy rico. La primera tapa que nos tomamos y empezamos con buen pie.



Lascas de chuletón de ternera gallega con sal Maldon y pimientos de Padrón sobre pan de centeno con mostaza – A taberna gallega – Muy bueno. Mi segundo voto fue para esta tapa, que tenía buena materia prima sobre el pan de centeno. Hecho con mimo y cuidado.


Sopa de fresas con aguacate y carrillera con migas de foie, polvo de pistacho y sal de avellanas – El loro – Original. Y la sopa de fresa hacia buenas migas con el resto de los ingredientes.


El Pichín de la manica y todo eso – La antigua maestranza – Muy bueno y muy completo.


Mini panettone relleno de solomillo de cerdo y salsa cremosa de cebolla y Oporto  – Kuss – Comparte premio con el explorador Cibus. El  panettone estaba muy esponjoso y la salsa riquísima. Sin duda también lo hubiese votado.

Tosta de secreto ibérico con salsa de champiñón  – Bar Carlos III – Muy bueno. Sin foto.


Brocheta de pollo con verduras de la huerta con salsa teriyaki  – El pincho de Castilla – Buena materia prima y bien elaborado.

También hubo otras tapas de la ruta que pasaron por nuestros estómagos, pero no estaban tan buenas como las que he publicado aquí arriba. La verdad es que está entretenido esto de ir cervecita por aquí, cervecita por allá. Ahora, a esperar a la próxima. Y… ¡felicidades a los ganadores!

La Toscana en la Ruta de la Tapa (Cartagena)

  Son de esas cosas que vienen solas. De esas noches que dices “Qué bien se ha hilado todo hoy”. Todo empezó con una obra en el Teatro Circo Apolo de El Algar, una joya en un pequeño pueblo del Mar Menor. Es una copia en miniatura del Teatro Circo de Murcia y tan coqueto que te dan ganas de ir a ver todas las representaciones que allí tienen. Se mantiene gracias a la ilusión de muchos vecinos de lugar y por el Ayuntamiento de Cartagena (me imagino). Fuimos a ver “La más fuerte”, una obra del director sueco Strindberg y un monólogo en la que la actriz hace un ejercicio de interpretación brutal, enganchándote desde el primer minuto. Lo que me dio mucha pena fue ver solo dos o tres filas ocupadas y el resto del teatro vacío por la poca difusión que se le da a la cultura en la zona. 
Después de la obra, nos dio tiempo a pasarnos por la Ruta de la Tapa para terminar con algunas que teníamos apuntadas, ya que solo quedaba un día. Fuimos a uno que pasó por nuestro paladar sin pena ni gloria, pero, por suerte, cerramos la Ruta con la tapa de La Toscana, un trampatojo que consistía en un falso helado de ensaladilla de pulpo en cucurucho de crespillo, acompañado de unas bolitas de zumo de mango, que explotaban en la boca. La tapa estaba muy buena, pero el ambiente del restaurante, la amabilidad de la persona que nos atendió y un quinto bien frío completó el jolgorio culinario. Aquí os dejo unas fotos hechas por Negativo en Sepia para que conste en acta.

Gurugú de la Plazuela (Sigüenza)

FOTOGRAFÍA: Negativo en Sepia

Sigüenza era el siguiente alto en el camino de aquel viaje de Semana Santa. Una pequeña localidad a la que se llega desde Alcolea del Pinar por la CM-110, y ya sea por su situación en cuanto a carreteras se refiere o vaya usted a saber el porqué, la Ciudad del Doncel no es una ciudad “turistificada” y todavía tiene el encanto de los lugares que no han sido explotados.

Pensando que iba a estar ocupadísimo todo por ser fecha sacra, pudimos reservar en el mismo centro de la ciudad, a escasos metros del castillo y de la catedral, en una hospedería, Puerta Coeli se llama, muy recomendable por la amabilidad del personal y por los buenos precios.

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Vista desde la hospedería

La noche anterior habíamos cenado en un sitio de tapas que “ni fu ni fa” y la presente no queríamos que nos ocurriese lo mismo. Así pues, en nuestra búsqueda continua de locales diferentes y con productos finales que nos sorprendan, encontramos un sitio incomparable y creo que no existe sitio igual a lo largo de la geografía española y dudo que con mis palabras vaya hacerle justicia.

El Gurugú de la Plazuela es una taberna indefinible. Por lo pronto tiene mucha historia: situada en una casona típica del siglo XV, se decía que en ella vivía el verdugo de la ciudad, ya que estaba muy cerca de la cárcel. En 1649 se tiene constancia de la primera taberna, de Velasco, y desde entonces, hasta ahora, ha pasado por muchas manos, quedando finalmente bajo el mando de Alberto y de Belén, que sienten pasión por la cocina, la cultura, la historia y los perros a partes iguales. Y unas ganas enormes de hacer sentir feliz al personal que se deja caer por allí, como bien resume su lema: “calidad y calidez”. (Fuente: web)

Tiene una decoración muy particular, lleno de cosas que tienen su historia para dueños y gentes que lo frecuentan, y nada de lo que allí se encuentra está elegido al azar. Ciro es la mascota del Gurugú, y lo encontraréis en cualquier forma de expresión artística, un perrete muy bonico que se abrió un hueco en el corazón de los lugareños y representa los ideales de la taberna. Por eso tiene de particular que dejan entrar a perros buenos.

La noche que acabamos en esta taberna tan particular veníamos de pasar una jornada por la Castilla vecina y andábamos un poco cansadas, por lo que fuimos temprano a cenar. Quizá por esa razón pudimos coger un sitio en la barra. Las mesas estaban reservadas y los turnos de cenas ocupados (hay que reservar con antelación, ya que abre de jueves a domingo por la mañana). Pero como nos gusta estar en la barra más que a los periquitos, pues nos vino de mil amores, porque la interacción con los dueños fue más estrecha y pudimos preguntarle sin pudor todo lo que se nos pasaba por la cabeza. Y nos permitió participar en el fabuloso juego “Adivina qué ingredientes lleva”, en el que nos quedamos a uno de acertar, por cierto.

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Después de sentarnos en la barra y que el propietario nos explicase todos los productos que aparecían en la carta con mucho detalle, podríamos decir que se divide en varias partes: tiene una parte dedicada a la cocina medieval, muy cuidadosamente documentada gracias a  los dueños y a personas que desinteresadamente colaboran, y que para mí, es lo mejor de este sitio. Otra parte está dedicada a las setas y hongos, de muchas variedades, preparadas en forma de revuelto o cata. Y una última parte en el que tiene cocina moderna y clásica, interpretada al estilo del Gurugú.

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Mira la presentación de los pinchos medievales “Las delicias del juglar”

Elegimos, siguiendo los consejos del maestro tabernero, tres tapas medievales, el rabo de toro y el postre del peregrino, acompañado de unas cañas y una copa de vino de la zona.

  • El maravedí del obispo Barroso. Esta es la primera tapa medieval que probamos. El conjunto de la tapa y la explicación del dueño fue sensacional. Es una galleta en forma de maravedí, como su nombre indica, acuñada, y rellena de una pasta de boletus.
  • La delicia del juglar II: el regreso del juglar. Todo ingredientes medievales y especiado (no contemos con aquellos que se introdujeron después de 1492).IMG-20160527-WA0005
  • El manjar del Mío Cid, con el que jugamos a adivinar cuáles eran los ingredientes que lo componían.IMG-20160527-WA0006
  • El rabo de toro al vino en salsa de verduras, acompañado de arroz al vapor.IMG-20160527-WA0007
  • El postre del peregrino, donde también jugamos a adivinar los ingredientes que se habían utilizado para su elaboración
  • Para cerrar la cena, unos vasitos de limonada, receta seguntina.IMG-20160527-WA0010

La cena fue inolvidable, ya sea por la atención que nos brindaron los dueños, por el local, mágico, y por la actuación del juglar. Si pasáis por Sigüenza, haced un alto en el camino y pasad por el sitio, porque no existe otro igual, en el que se aúne historia, cultura, buena comida y ganas de hacer las cosas muy bien. Un sitio para ir y volver, una y otra vez.

El Gurugú de la Plazuela: Travesaña alta, 17 (junto a Plazuela de la Cárcel). Sigüenza

La Tapeoteca (Murcia)

Mientras íbamos por la autovía camino de Murcia, Negativo en Sepia comentaba la foto que  había visto en Instagram, una imagen de una marinera negra, y como no hay mejor publicidad para un sitio que las redes sociales y el postureo, nos acercamos a investigar de qué iba la cosa. Nos encontramos con La Tapeoteca, un sitio de tapeo diferente, cosa que se agradece, porque al final, vayas donde vayas, te encuentras los mismos productos una y otra vez. Manuel Álvarez es el motor de este pequeño local situado en una zona privilegiada de Murcia, acogedor, con unas líneas sencillas y una carta muy resumida, que le permite tener producto de primera calidad.

Como nos gusta curiosear la barra es el mejor lugar para ver todo de primera mano, y si a esto le sumamos que la cocina está abierta y se puede ver cómo el chef y el jefe de cocina elaboran los platos, pues feliz como una perdiz. Me encanta ver el vaivén de los camareros, las prisas en la cocina, las tapas expuestas y las reacciones de los que creen que no están siendo espiados y el cruce de alguna mirada esporádica. Y la barra de La Tapeoteca es bastante cómoda, porque le han puesto sillas altas con respaldo, cosa que se agradece, y esos ganchitos que tanto echo de menos en otras, para poder colgar las miles de cosas que  llevamos encima.

La chica, que nos atendió súper bien, nos fue desgranando la carta para hacer una buena elección, y  tras enterarnos que los “sosers” habían acabado con todas las existencias de la ansiada ensaladilla negra, nos decidimos por:

  • Unas marineras, con una anchoa que estaba buenísima.
  • Unas croquetas melosas de jamón ibérico.

     

  • Un par de caballitos.
  • Una patita de pulpo a la parrilla, ¡cómo me gusta!
  • Una minihamburguesa de ternera y foie (las patatitas están hechas por ellos).
  • La marinera negra ( la cocina se apiadó y sacó una última tanda).
  • Una tarta de queso a la antigua, con helado de frambuesa casero y tierra de galletas y…(sorpresa).    IMG-20160507-WA0010
  • Para acompañar, unos buenos tercios bien frescos, de Mahou y Estrella.

Y con el estómago lleno y el espíritu jubiloso, parafraseando a un antiguo señor, tomamos rumbo a nuestra ciudad.

LA TAPEOTECA: Plaza San Pedro 3, 30004 Murcia (Tiene Twitter, Facebook e Instagram)

Precio medio: 20€ por persona, aproximadamente (según lo que pidas, claro).

Y las fotos, a cargo de NEGATIVO EN SEPIA

La Fragua (Casas-Ibáñez)

Fotos: Negativo en Sepia

Últimamente La Mancha acude a nuestros pensamientos cuando de un viaje se trata. Hasta hace unos meses era de paso, parabas para descansar de algún viaje que ibas o venías de Madrid, y con la excusa de parar veías alguna ciudad o pueblo. Pero después del viaje a Guadalajara le hemos tomado el gustillo a esta tierra de molinos y gigantes y allá que nos fuimos a pasar este fin de semana. El lugar elegido fue Alcalá del Júcar, aunque dormir, dormimos en Casas-Ibáñez, un pueblo al que se llega por la N-322 que pasa por Fuentealbilla en dirección a Requena, cuyos arcenes salpicados de amapolas alegran la vista mientras ves las líneas discontinuas correr.

La noche antes de salir nos informamos en alguna web de los restaurantes que había en Casas- Ibáñez, y encontramos La Fragua, una tienda-degustación, donde daban comidas y cenas y podías comprar aquello que comías. Lo buenos es que no tiene horario comercial, sino de hostelería.

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Allí cenamos de maravilla. Lo llevan unas chicas, la mar de simpáticas, que tienen un local decorado muy bonito, y han dejado a la vista las antiguas colañas que destacan sobre el techo blanco. Es muy amplio, con un salón,  una terraza en su interior en la que en verano se tiene que estar muy al fresco y unas mesitas en la calle.

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En la carta encontraremos productos autóctonos y foráneos. Podéis disfrutar del “latilleo”, como le llaman en la carta a picotear de latas de conserva, quesos, embutidos, montaditos (que son tipo tosta) y tomate partío con ventresca y demás salazones.

Después de echar un ojo a la carta y a la pizarra que tenían con cosillas extra, nos decidimos por:

– Una tabla de quesos de la tierra, con queso viejo, curado, al romero y en aceite, y como no, estaban rebuenos.

– Unas marineras también, con una ensaladilla muy rica, con el punto justo de variantes.

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– Le siguieron una tabla de embutidos ibéricos (muy recomendable) y unos montaditos, uno clásico de bacon y queso, y otro “a la carta”, con jamón ibérico y queso en aceite. Una delicatessen oiga.

Y todo este festín lo regamos con unos cuanto tercios bien fríos, que hace que la comida sepa mejor. Lo suyo hubiese sido pedir una copita de vino, pero no soy muy vinatera yo, prefiero el alpiste de malta o cebada. Y nos salió muy bien de precio.

 

Nuestros estómagos quedaron muy satisfechos después de la pitanza de calidad y nos fuimos a dormir, que al día siguiente quedaba mucho por hacer.

LA FRAGUA  : C/Tercia, 63   Casas-Ibáñez

 

Pepita Pulgarcita (Murcia)

FOTOGRAFÍA: Negativo En Sepia

Pepita Pulgarcita : Plaza de las Balsas,3   30001 Murcia

Teléfono: 618 37 48 03

Precio medio: 15 ó 20 euros

imageMira que me intento imponer una disciplina de escritura, que empezó por ser diaria (muy optimista por mi parte), siguió por semanal, y finalmente casi la dejo en bimensual. El día es muy largo y me lo paso hablando, escribiendo y leyendo, y lo último que me apetece cuando llega la noche es escribir. Mi mente necesita desconectar y dejar de pensar con algún programa de los que te dejan el encefalograma plano.

imageHoy ya me he dicho que no tengo excusa para no escribir, ya que me han amenazado seriamente con el tema de las fotos. Después de revisar todo lo que había hecho, culinariamente hablando, este último mes, y de hacer Negativo en Sepia un repaso fotográfico, me he encontrado con una visita nada reciente, pero muy interesante a “Pepita Pulgarcita”.

Este sitio se inauguró hará unos cuantos años, cuando vivíamos todavía cerca de la Plaza de Toros, en la calle Joselito. Qué tiempos aquellos. Por entonces, con la novedad de nuestros nuevos trabajos, salíamos en busca de nuevas experiencias gustativas que antes nos habían sido vedadas por nuestra condición de estudiantes. Pero ya éramos “mayores” y podíamos salir a comer y a disfrutar de la vida y todas esas cosas que una espera hacer cuando le sale el primer trabajo serio. Pepita Pulgarcita abrió y como novedad tenían tapas más elaboradas que la mayoría de las tascas, además de tener una decoración muy moderna, con las lámparas de araña  y un concepto de mesa larga que en Murcia todavía no se conocía, donde uno se podía a sentar a comer con desconocidos.

Han pasado ocho años desde la última vez que habíamos ido, siempre hay sitios nuevos que probar y no habíamos vuelto, hasta aquel día.

Después de un vistazo “rápido” a la carta, nos decidimos por:

  • Una trilogía de croquetas.
  • Una torta de sardina ahumada con berenjena y foie acompañado de un germinado de rábano (los ahumados y marinados son mi debilidad).
  • Solomillo en aceite de miel y romero, acompañado con patatas panadera, muy aromático.
  • Hamburguesa gourmet “Pepita”, con  una salsa rica, rica.
  • Margen de pato con uvas y bous bous, muy bueno, pero hay que comérselo a contrarreloj, para que no se enfríe.
  • Y de postre, tarta de queso, muy cremosa y para chuparse los dedos.

Aquella visita me trajo muchos recuerdos, además de comprobar, que con el paso de los años habían mejorado, como los buenos vinos, y que aún estaba ahí la esencia de aquel “Pepita Pulgarcita” que abrió la veda de las visitas gastronómicas.

(Tiene muy buenas promociones a través de las redes sociales)

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La Tapadera (Murcia)

Fotografía: Negativo en Sepia

La Tapadera –>Calle Saavedra Fajardo, 2, 30001 Murcia

Precio: sobre los 15 – 20 euros

Si la tristeza asoma su hocico, ponerte a comer no es la mejor solución, porque siempre puedes caer en la ingestión compulsiva de alimentos. Si a la tristeza le sumas el haber dejado de fumar, la compulsión se multiplica por cien o mil, o qué sé yo, pero lo único en lo que piensas es en comer y fumar, no siempre en ese orden, como única manera de ahogar tu pena. Ahogarla literalmente, bien con humo o aplastada por kilos de comida. Pero eso no impide alguna que otra visita a los bares, para comprobar, más que nada, que cuando uno deja de fumar vuelve el sentido del gusto, y, sobre todo,  porque cuando una se pone con la rutina, deja a un lado aquello que le gusta hacer y lo cambia por las obligaciones, en mi caso correcciones, papeleos, exámenes, libretas, … Pero hoy he decidido volver a las andadas y hacer un poco de intrusismo, retomando mis historias de restaurantes. El máster en crítica culinaria, pues todo se andará.

Hay alimentos con los que podría alimentarme eternamente: los lomos de salmón ahumado del Mercadona, la costra de queso fundido que se forma en los macarrones gratinados, el chocolate al 70%, la morcilla asturiana, las naranjas de la huerta y otras tantas cosas más. Uno de esos alimentos que me dejo en el tintero es la coca de pimentón con sardina marinada y un picadillo de aceitunas, coronada con una espuma de Bloody Mary . Espléndido. El otro día me pedí dos, pero podía haber comido a base de sardinas marinadas si no fuese porque el resto de tapas de La Tapadera merecen tanto la pena que hice un esfuerzo y accedí a comer otra cosa que la coca. Por aquí os dejo un enlace que he encontrado esta tarde en El Comidista sobre sardinas marinadas.

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La bendita coca
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Plano detalle de la elegante sardina
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Lingote de pato empalomitado

¿Y qué pedimos? Pues de todo lo que nuestro estómago pudo albergar. En la carta que te dan puedes ver las tapas agrupadas por precios, todas ellas súper cuidadas, tanto en presentación como en sabor.  Para empezar, la coca al pimentón con sardina, que no voy a halagarla más, porque ha quedado bien claro que está buenísima. Después tomamos lingote de pato envuelto en palomitas (empalomitado podría decirse) con su carne estofada bien sabrosona. Ahora que pienso en él, se me hace la boca agua a pesar de haber cenado.

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La tosta con bacon

Continuamos con una tosta de pan ecológico con bacon, cebolla caramelizada y queso de cabra, un clásico en mi estómago, porque esa combinación me chifla hasta morir. Aquí está buenísimo, porque el pan está bien torradico, la cebolla pochada y el bacon tostado. Mmm.

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IMG-20150930-WA0007Y también nos liamos la manta a la cabeza y pedimos una tabla de quesos de La lechera de Burdeos, de esos pestosos que huelen a coliflor hervida, que estaban ricos, uno francés, otro italiano y otro catalán, acompañados de una cestita monísima hecha de trapillo azul llena de pan tostado casero crujiente. Esto acompañado de una buena caña fresca. ¿Qué más se le puede pedir a la vida? Pues cerrar el círculo con otra coca y otro lingote.

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El clásico de las tapas: la croqueta

También cayó una croqueta.

El local es muy chulo, sencillo, todo en tonos crema y un azul o verde, dependiendo del ojo que lo mire, con mucho encanto. Está muy bien de precio, en cuanto a la relación con la calidad del producto que ofrece.Podríamos decir de precio medio, entre 15 ó 20 euros por persona.

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La verdad es que las penas, irse, no se fueron, pero el tiempo que duró la comida se quedaron, tapadas, como en segundo plano. Y eso de que tienes más sabor por dejar de fumar, leyendas urbanas, oiga.

Gracias, Negativo en Sepia, por tus fotos.