La patisserie de Lucie (Altorreal, Murcia)

A veces una coge el coche, se va por ahí, y a tirar millas como Thelma y Louise. Como el final la peli no me convencía preferí construir mi propio desenlace en una pastelería de una urbanización estilo Agrestic (Weeds) que tanto se llevan en el sureste de la península. En Altorreal, a las muy afueras de Murcia, se encuentra una pastelería francesa que descubrí gracias al dueño (muy majo), de una cafetería donde le servían los cruasanes, que estaban para chuparse los dedos. Y como no podía dejar de pensar en ellos dos semanas después, me aventuré un viernes para merendar por todo lo alto y en soledad.

Al llegar a la patisserie me la había imaginado pequeña, con aires parisinos de finales del XIX, pero para mi sorpresa me encontré un local con decoración  tipo industrial, autoservicio y bastante más grande de lo imaginado. Claro, que si tienen obrador, es necesario espacio, y me imagino que clientela tendrán bastante, si tienen que surtir a la urbanización.

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Entré con decisión hacia los mostradores, mirando lo que me ofrecían: pasteles de frutas, de merengue, con nata, con chocolate, todos muy finos y muy elaborados, y también salados, en forma de quiche . Al otro lado del mostrador de los pasteles, tenían el de los cruasanes, muy grande, por lo que deduje que debían vender bastantes, y los había sencillos y con una barrita de chocolate dentro. El último mostrador contenía varios tipos de panes en hogaza: de cereales, masa madre, de olivas, integral,… Un vicio absoluto, sin duda. Los panes, por cierto, los venden al peso, y puedes elegir un trozo de uno y te lo rebanan si así quieres. Si te llevas cruasanes, recuerda meterlos en una bolsa si los vas a dejar en el asiento del coche para transportarlos, porque la mantequilla traspasa el papel…

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Fijaos en el cruasán, no en el café, que es del sitio del desayuno, que por cierto se llama Buen Café 😉

Después de mucho remirar, porque elegir a lo loco no es lo mío, mi tiré a por un clafoutis de ciruelas y un cortado, que por cierto, es Nespresso, y me fui a una mesa a disfrutar de la merienda como si fuese una colegiala que acaba de salir a las cinco. Me cogí una revistilla y el periódico, pero al final dediqué mi tiempo a divagar y a pensar qué les había llevado a poner una patisserie allí, cuál era su pasado, y si les iba bien, eso sí estaba claro. Y a echar fotos, claro, cosa que siempre me cuesta un montón, porque me pienso que estoy haciendo algo ilegal o yo qué sé y me pongo nerviosa y al final no me salen todo lo bien que quisiera.

El clafoutis es una tarta hecha con masa quebrada y un relleno de crema pastelera cuajada y con trozos de fruta navegando por ella. el sabor ácido de la ciruela y los frutos rojos que llevaba de decoración contrastaban con el dulzor de la crema y la masa, y hacía una mezcla riquísima en boca. El café estaba bien bueno, por lo que acabé muy satisfecha con el conjunto elegido y muy contenta con mi “descubrimiento”.

Os dejo las fotos por aquí, no son muchas, pero os podéis hacer una idea de mi felicidad.

La Patisserie de Lucie –> Avda. del Golf, 104 30506 Molina de Segura, Murcia.

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Y Magoga vuelve a conquistar (Cartagena)

La verdad es que cada vez que apostamos por el menú diario de Magoga es un acierto total. Hoy hemos estado comiendo / disfrutando de dos horas de buen comer, buena compañía, trato exquisito y una piedra que da muy buenas vibras, y que, curiosamente, es la misma que me ha tocado en las otras dos ocasiones que he comido allí. Comer en Magoga es terapéutico, medicinal diría yo, porque te alimenta el alma y comes dejando de lado todas las tensiones y malos rollos que hayas tenido a lo largo de la mañana. La luz tenue, los camareros que hablan a susurros, la gente, que por imitación, habla bajito,…una maravilla en contraposición a los ruidosos restaurantes donde los camareros y la gente estresada solo quiere engullir para irse corriendo y continuar sus vidas de correntillas pa´yá y pa´cá. El estrés no sirve para nada, así que vamos a hacernos un favor y cuando vayamos a comer dejemos las prisas si no queremos tener una úlcera de estómago antes del los 30.

Volviendo a la comida rica rica que hemos tomado hoy tenemos:

De entrante…

Una ensalada de judías verdes al dente, aguacate y una vinagreta con semillas de amapola.

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De primero…

Una moussaka con soja texturizada o una sopa de calabaza con crujiente de calabaza.

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De segundo…

Albóndigas en salsa de curry rojo y coco.

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De postre…

Tarta de naranja y chocolate negro.

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El menú incluye café y bebida, y una gran variedad de panes caseros artesanales.

Realmente merece la pena ir a darse un caprichito por lo menos un día a la semana. ¡Y tienen muy en cuenta dietas especiales!

Alta cocina a precio de escándalo.

Tarde de compras y Socolá (Murcia)

Esta tarde, después de dejarnos todos nuestros ahorros del mes en el Mercadito de cositas que han puesto en Ficciones, ha tocado ir de merendola y ni más ni menos que a un sitio que tenía muchas ganas: Socolá. Es una pastelería-cafetería donde antaño estuvo Pequeña Miss Cupcake (suspiro), y que cada vez que he pasado siempre me he quedado mirando a través del cristal y con ganas de entrar a tomarme unas de las tartas que tienen expuestas con tan buenísima pinta.

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El local se les ha quedado muy chulo, con las paredes pintadas por Casa Chiribiri, súper bonicas, y en tonos chocolate, le han cambiado el mobiliario y lo han puesto más rústico, que le da un aire confortable, como de estar en casa.

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Hoy, al comentar que estaba allí, me han recomendado probar la tarta Guiness, pero no tenían, así que nos hemos pedido el último trozo de Red Velvet y uno de tarta de zanahoria, y, para acompañar, un café latte de avellana, cortado y bombón.

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Cuando yo ya estaba salivando pensando en la Red Velvet, a pesar de no ser para mí, ha llegado la chica a decirnos que el trozo le correspondía a una mesa que iba por delante de nosotras, así que hemos elegido tarta de queso al estilo neoyorquino. La verdad es que el cambio no ha estado nada mal, porque la tarta estaba de rechupete, con la mermelada bien batida, sin grumos, y la de zanahoria también, jugosa, con sus correspondientes canela y nueces, y con pasas.

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Los cafés estaban también ricos, sobre todo el de avellana, y además eran de Salzillo ecológico, así que el doble de buenos.


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Pues hemos merendado la mar de bien, en buena compañía, y después de arreglar el mundo un poco y dejarnos el resto de nuestros ahorros, hemos recogido los bártulos y nos hemos ido a seguir recorriendo las calles de Murcia, que por cierto, estaban a rebosar.

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Una vez catadas estas dos tartas,ya tengo la excusa perfecta para volver otro día a zamparme la Red o la Guiness y esta vez pedirme ese café con avellanas, uno de los que hay dentro de la inmensa carta de tés y cafés que tienen. Mientras tanto, contaré los días para mi vuelta.

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SOCOLÁ:    C/ Mariano Vergara, 5    30003 Murcia

FOTOS: Negativo en Sepia

Café Lab ha llegado a la ciudad (de Cartagena)

FOTOGRAFÍAS: Negativo En Sepia

CAFÉ LAB: C/ Carmen Conde, 23  (Cartagena)

Teléfono: 968 94 24 36

Precio: sobre los 4 euros.

 

El hecho de escribir dos post seguidos en cuestión de dos días es algo inusual en mí, sobre todo por el hecho de estar en otros menesteres. Pero a veces, dejar a un lado las obligaciones y darle tiempo a las devociones, hace que se te airee el cerebro y veas la vida de color de rosa. La premura tiene que ver un poco con la apertura de un local nuevo que merece la pena visitar lo antes posible.

  
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Ya conocía la tienda de cafés que hay justo al lado, y que, presumo, son de los mismos dueños. En Cafés Bernal he comprado en infinidad de ocasiones, porque me gusta mucho esta pequeña boutique del café, elegante, donde están todos guardados en cajitas y te lo sirven con los palitas doradas que tanto me gustan. Pues justo al lado, como decía antes, han abierto este local nuevo, con aire a cafetería chula de Barcelona, de esas que están en la zona de moda, en Sant Antoni, donde te sirven un brunch, como en el Federal.

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El Café Lab es un sitio de los que entras y ya notas el buen karma, de los que gustan para tomarte un café en soledad, mientras lees o echas un vistazo a lo más granado de twitter, como si estuvieras en el salón de tu casa. De eso se encarga “Flori“, que pone ramilletes con flores y plantas aquí y allá, y parece que acaban de recogerlos dando un paseo y le da ese aire a casa de campo. Sus dueños están concienciados con el reciclaje y eso se ve en la reutilización de elementos como la arpillera de los sacos del café como cojines de taburete, los cacillos  de las máquinas  de café como picaportes o tazas antiguas que hacen las veces de lámparas, y en el uso de servilletas de papel reciclado. La iluminación también ayuda a dar calidez al ambiente, así como la madera o los elementos de cobre a los que le han dado una segunda oportunidad en la vida. La “culpa” del ambiente confortable también la tienen los chicos y chicas que trabajan allí, que te brindan un trato agradable, interesándose en todo momento por cómo se encontraba el café o los pasteles que se habían servido, y esto se agradece, porque te sientes como una niña mimada. Es un sitio con un aire diferente y con la osadía de querer cambiar el concepto de cafetería que se puede conocer en una ciudad como esta, muy reacia a todo lo que huele a innovación.

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El local tiene cuatro zonas muy bien definidas: una “Genius zone”, donde harán cursos relacionados con el mundo del café, una terracota con muchas plantas que le dan alegría, la cafetería propiamente dicha, con unas mesas y una barra que invita a sentarse, y una parte iluminada por cafeteras que se precipitan del techo, a medio camino entre sala de exposición y tienda, donde puedes encontrar edulcorantes naturales, endulzantes, muchos tipos de té, speculoos (esas galletas doradas tan crujientes), tazas con pulpos que emergen, y un largo etcétera.

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Y llegamos al corazón del Café Lab: su carta. Tiene una carta estupenda, con una amplia variedad de cafés y de formas de prepararlo (tienen hasta cinco maneras distintas de hacerlo, entre la que se encuentra la prensa francesa o chemex). Además de los cafés también encontramos desayunos, con productos ecológicos y orgánicos, diversos tipos de pan para hacer tostadas (cosa que se agradece, yo ya le he echado el ojo a uno para alguna visita mañanera) y los licuados que harán las delicias de los veggies. Si eres golosón puedes acompañar el café con un dulce, tienen cookies gigantes, tarta y pasteles, cosa que echaba de menos en las cafeterías de Cartagena, como dije en el post anterior.

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En mi primera visita decidí tomarme un espresso, como me aconsejaron, para probar el café sin ningún tipo de distracciones. Me trajeron el café en una bandeja que me recordaba a las que se utilizan para el sushi o para la ceremonia del té, en un vaso que se asemejaba bastante a los de tequila, con doble cristal para evitar que se enfríe rápidamente y un chupito de agua, para tomarlo antes del café. Y lo del espresso surtió efecto, y tuve la posibilidad de notar cómo el aroma del café se alojaba en el sistema límbico para quedar impreso en mi memoria posteriormente. Era denso, pero no negro, de un bonito color chocolate, y casi se podía tomar con cuchara.

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En mi segunda visita (decidí ir una segunda vez para poder hablar con conocimiento de causa) me aventuré a probar un capuchino seco, que se diferencia del normal en que la crema es mucho más densa en el primero. Y , en efecto, la crema de leche era más “natosa” que la espuma de leche a la que estamos acostumbrados. El capuchino llevaba una galleta (estas cosas me encantan) hojaldrada con canela y granos de azúcar, detalles.  Acompañé mi café con una tarta de zanahoria, muy sabrosa, con su saborcillo a canela y sus nueces, aunque para mi gusto, le faltaba el frosting de queso que suelen llevar arriba, pero esto es una opinión personal. Otra tarta que probamos fue la de jengibre y chocolate, que también estaba rebuena.
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La verdad es que cuento los segundos para volver y ya me veo en la terraza, una mañana de invierno al solecito, disfrutando de una buena compañía y tomando un café con tostadas.

P.D. Si vuestros móviles mueren por una carga, sentaos en la barra y podréis cargarlos mientras vosotros os recargáis  con una buena taza de café.

Larga vida al café.

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