Via Romana (Los Belones)

Fotografías cortesía de Cris, Ser y Negativo en Sepia.

Si vas a Vía Romana no tienes más remedio que actualizar, porque ir a comer allí es un placer en todos los sentidos. Hace un par de sábados volvimos por allí, después de un año y nos encontramos con unas sugerencias del chef para chuparse los dedos literalmente. Por aquí dejo las fotos de esta útima actualización y juzgad vosotr@s mism@s.  Ahí van:

Aperitivo

Aceitunas arreglás con queso en polvo y especias

Aceitunas arreglás con queso en polvo y especias

Entrantes

Alcachofas con foie 

Pizza con trufa, rúcula y jamón.

Pizza con trufa, rúcula y jamón

Platos principales

Panzerotti con bogavante, setas y almejas para chuparse los dedos

Los panzerotti

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Spaghetti con bogavante y gambas

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Lasaña

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Spaghetti con almejas y guindilla

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Y terminamos con los postres.

Los Belones es un pueblecito de los más pintoresco, situado a escasos kilómetros de cualquier playa del Mar Menor o del Mayor, y por esta situación privilegiada de la que goza, los turistas lo toman como punto de partida de muchas rutas hacia la costa. Alrededor de todo este turismo se han originado una montón de restaurantes de todas las nacionalidades, cafeterías,  bares de tapas y el Vía Romana.

Comer en Vía Romana fue una maravilla, no sólo por la comida, sino también por la compañía, porque hacía tiempo que no disfrutaba tanto, y porque ver contenta a la gente hace que me haga todo chiribitas.

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Mientras esperábamos al solecico a que llegasen el resto de los comensales, estuvimos viendo la carta, y la elección estaba hecha al cruzar el umbral de la trattoria. Pizza cuatro quesos con chorizo, espaguetis con tinta de calamar y almejas, raviolis de queso con salsa de queso, raviolis de queso con verduras y albahaca y unos tallarines con mejillones y salsa de sidra. Qué bueno estaban todos los platos. En el caso de la pizza, los quesos sabían a los diferentes tipos de queso que ponían en el menú.

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La pasta, al dente, con ingredientes de primera clase y las diferentes salsas, sabrosas.

Los postres también estaban buenos, pero como estábamos lleneticos compartimos, una opción siempre socorrida y que te da la oportunidad de poder probar al menos uno. Y los afortunados por pasar por mi paladar fueron la tarta de queso fría y el tiramisú, postre fetiche que debo probar allá donde lo encuentre.

El ambiente del local era muy agradable y cálido, que lo procuraban el personal muy atento y simpático y el buen humor que desprendían los comensales por una doble razón, por ser domingo y Navidad, y el bullicio hacía que se contagiara la alegría.

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Es de precio medio, entre los 20 ó 25 euros, tomando platos principales, cerveza, vino y dos postres.

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Después de comer nos entraron ganas de un café marinero y para esto lo mejor fue acercarnos a Busquets, en Cabo de Palos, con su expositor lleno de locuras dulces, de lazos con glaseado, de tartas de manzana súper finas, cruasanes de mantequilla y  de  roscones de Reyes. Pero hacía demasiado viento para estar a la orilla del mar, así que estar calentitos dentro nos pareció la mejor opción. Entre cafés y buena conversación fue pasando la tarde tranquilamente, sin querer.

VÍA ROMANA : Calle Mayor, 84, 30385 Los Belones, Murcia   Precio medio: 20€ aprox

FOTOGRAFÍA: Negativo en Sepia

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Ombú o el árbol de la bella sombra (Mallorca)

Ombú es el nombre del sitio que elegimos para comer en Palma de Mallorca. Utilizamos un buscador conocido para ahorrarnos decepciones y algún que otro enfado. He de decir que este buscador, con sus opiniones, a veces acaloradas, puede reducir el abanico de posibilidades que se abre ante el viajero perdido en la inmensidad de nombres y menús que encuentra a su paso. También he de decir que quizá se pierde un poco el encanto, ya que la sorpresa o expectación que se puede generar se reduce a una serie de opiniones de viajeros que te guían a uno y otro lugar.

Y volviendo al lugar en cuestión, Ombú, fue una sorpresa generada a partir de la búsqueda infructuosa de lugares donde tomar comida autóctona. Hartas de tanta salchichen currywurst y plato combinado con patatas ultracongeladas, íbamos buscando por las calles de Palma cierto establecimiento donde daban tapas típicas mallorquinas, como el frit mallorquí o el pa amb olí, con tan mala suerte que al llegar comprobamos que ese día cerraba por descanso.

Nos quedamos paseando por la Plaza de la Reina, y reparamos, con interés, en un bar diferente a lo que había a su alrededor. Su carta, expuesta en la puerta, nos llamó la atención, porque, si en algo ha contribuido Masterchef es a conocer multitud de productos culinarios, antes extraños para mí. Además de nombres imposibles de platos.

El caso es que los camareros, muy simpáticos, nos invitaron a sentarnos en la terracica que tenía el local, muy mona. Y aquí he de remarcar la simpatía de las gentes de Mallorca invita a volver a la isla.

El Ombú toma el nombre de un árbol centenario que se sitúa en la misma plaza donde está el bar, aunque los mallorquines le llaman bellahombra, por la sombra que ofrece al caminante. La carta tenía un buen número de platos, todos con muy buena pinta, y optamos por unas patatas con espuma de sobrasada (no me iba a quedar yo sin comerla, aunque fuese de nouvelle cuisine), cuya salsa estaba estupenda; unas croquetas de pollo, en las que parecía que habían entremezclado la esencia misma de un cocido de nuestras madres; y un steak tartar que nunca me había atrevido a comer, por lo de la carne macerada, pero que mereció la pena, ya que el foie, la trufa y la mayonesa de jerez le daban un sabor muy rico. Para terminar, el postre. Este momento es un momento crítico, ya que los postres, en muchos bares, no suelen ser caseros, y si lo son, suelen ser de estos prefabricados, como los llamo yo, como las tartas de queso de polvos o el brownie que te lo intentan colar como casero. Pero estos postres, ciertamente, eran caseros y sabían a gloria divina. Pedimos un tiramisú, arriesgado en sí mismo, ya que en pocos sitios lo he probado bueno, y el huevo de chocolate, llamado huevo de oro, una suerte de huevo kinder casero, que se rompía con la cuchara, y en su interior contenía una mousse de chocolate riquísima.

La verdad es que si volviese a Palma, volvería a este resto-bar.
Al Ombú, para que me ofreciese sombra y unas tapas sorprendentes.

Precio medio: 20 € /persona

Fotos: Negativo en Sepia

Cerveza y mapa

  

Steak tartar con foie, trufa y mayonesa de Jerez y patatas con espuma de sobrasada

Croqueta de pollo y pistacho

  

Huevo de oro

Tiramisú con chocolate blanco